El relojero Juan Agustín Domínguez fue quien calculó y fechó en 1837 el reloj solar vertical declinante de la Concatedral de Santa María de Vigo.
La declinación de la pared lateral sur de la colegiata neoclásica de sillería de granito es de apenas diez grados y por ello el gnomon ha de desviarse ligeramente a la izquierda para orientarse al mediodía y mantener la dirección del eje del mundo.
El mayor interés del reloj es la forma de marcar la ecuación del tiempo de forma tabulada: a la derecha los minutos después del meridiano, a la izquierda los de antes del meridiano y abajo los cuatro días cuando coinciden la hora del reloj (verdadera) con la hora media.
La Tierra tiene órbita elíptica en su traslación y su eje de rotación esta inclinado respecto al plano orbital, ambos hechos dan lugar a sendas sinusoides que cuantifican las diferencias entre el día medio y el local verdadero. Algunos relojes lo marcan con una lemniscata, algunos con la curva y otros con la tabla.
