
"Transcribo aquí (¿para qué?) unos versos de Eliot. En cualquier caso, no como posible lema para uno de mis libros, porque yo no voy a escribir nada nunca más. Y si, a pesar de todo, escribo estas líneas, en absoluto las considero literatura. Ya he escrito suficiente literatura, durante sesenta años no he hecho otra cosa, pero permítaseme ahora, al final del final, un momento de lucidez: todo lo que he escrito después de los treinta años no ha sido más que una penosa impostura. Estoy harto de escribir sin la esperanza de poder superarme algún día, de poder saltar más allá de mi propia sombra."
Hoy toca literatura de altura. Uno de esos autores, de apellido prácticamente imposible, que he descubierto gracias a vosotros y he salido fascinada. Este es el primer título suyo que cayó en mis manos, y luego he buscado más, atraída de forma irremediable por sus letras. Hoy traigo a mi estantería virtual, El Ruletista.
Un escritor ya anciano, nos presentará a este curioso personaje, El Ruletista. Un hombre sin fortuna que de forma sorprendente hace fama y fortuna jugando a la ruleta rusa, cargando el arma ante una multitud enardecida por el morbo de presenciar esa suerte que se decide en un instante sin preguntarse siquiera, qué es lo que persigue el Ruletista.
Hoy traigo una historia tan corta como capaz de remover al lector. En ella todo gira en torno a la suerte y a la muerte. Un narrador que ve cómo se acerca su momento, nos habla de un hombre que parece escapar de la muerte una y otra vez frente a un público que sólo acude movidos por el morbo. Eso provoca que la historia vaya ganando en intensidad a medida que avanzamos las páginas y asistimos a este juego macabro en el que la pistola y la suerte parecen ser los verdaderos contrincantes.
El autor escribe de una forma soberbia, atrapando al lector en sus redes y dejándolo caer entre los hechos y reflexiones para conseguir que nos planteemos qué buscar realmente su protagonista y qué buscan también quienes van a verlo. Maneja la pasión de sus palabras en la pausa de su ritmo hasta llegar a su final en el que nos da una lección de narrativa descubriendo el último fin de una historia de la que ya creíamos saber todo, y lo sabíamos. Pero nos habíamos dejado embelesar por sus palabras sin saberlo, o tal vez, como ese público, llevamos nuestra mirada a ese incómodo espectáculo que parecía hipnotizarnos conocedores de su último final. No lo se, pero lo que sí tengo claro es que estamos ante un autor muy a tener en cuenta. Apenas sesenta páginas pueden ser suficientes para contarnos una gran historia.
Si aún no habéis descubierto a este hombre de apellido imposible... estáis tardando. esta vez es así de fácil. Hay que leerlo.
Y vosotros, ¿qué estáis leyendo esta semana?
Gracias
