Juan Bautista Yofre suele ufanarse de que él escribe sobre el pasado apoyado en documentos, "muchos de ellos desagradables pero necesarios", y no en pareceres. Hay algo de jactancia en la frase y algo de tiro por elevación a sus colegas. Pero es cierto que así ha escrito desde hace veinte años, cuando empezó a revisar la historia argentina contemporánea. Su obra abarca más de una decena de títulos y acaba de engrosarse con uno más sobre la guerra en el Atlántico sur, un conflicto del que se cumplen 40 años en los próximos días: La trampa. Por qué y cómo el Proceso tomó la decisión de ocupar las Malvinas (Sudamericana), es su nuevo libro donde vuelve a revelar documentos hasta ahora desconocidos.
Este nuevo volumen sigue la fórmula que le dio éxito y que convirtió en un sello personal: un relato coral con voces extraídas del pasado, exhumadas de archivos inéditos de los protagonistas, de intercambios epistolares, de diarios personales, de memorandos, de cables secretos de las embajadas y de apuntes de la época del propio autor.
Apuntes, estos últimos, redactados a veces de memoria y a las apuradas, tras alguna de las tantas reuniones con personajes clave del momento que sostuvo este hombre poliédrico: incansable periodista, escritor e historiador, que fue antes político, diplomático y que dirigió la secretaría de inteligencia del país.
La criba de todo este material dio como resultado otra de sus "crónicas" -así las llama él- salpicada de documentación novedosa y envuelta en un relato colorido, un cóctel que hizo deleitables a sus libros hasta convertir a varios de ellos en best-seller, y que a la vez ha significado su aporte original como historiador.
El Tata Yofre, de 75 años, juega, con picardía, a estimular la intriga que despiertan esos papeles que viene revelando y que parecen no agotarse. Como cuando contó que los documentos de la inteligencia checoslovaca, que usaría en su libro Fue Cuba (2014), estaban en un pequeño pendrive que hizo ingresar por Ezeiza dentro del atado de cigarrillos de una mujer, "para no despertar sospechas".
Ese es solo uno de los secretos que salieron de su enigmático archivo. Un archivo al que este experimentado periodista, que transitó las redacciones de La Opinión, Clarín, Ambito Financiero, Carta Política y Somos, atribuye tanta importancia que se lo llevó con él cuando se fue a vivir a Washington en 1979 y lo trajo a su regreso en un contenedor de un diplomático amigo.
Malvinas es un tema del que Yofre ya se había ocupado en Fuimos todos (2007) y en 1982 (2011), y al que ahora vuelve para exponer por qué se llegó a la guerra.
Lo novedoso es la decena de archivos privados que revela -o "retazos" de archivos privados, como aclara en una entrevista con La Prensa-, además de los documentos argentinos y extranjeros inéditos. La tesis -que no es nueva- es que la recuperación del archipiélago fue un ardid para concitar la adhesión popular y revertir la agonía del Proceso (tal, la trampa del título). Y que solo un grosero desconocimiento de las relaciones internacionales pudo llevar a creer que el plan tendría éxito.
Entre los documentos que salen ahora a la luz están los papeles del general Jorge Raúl Carcagno, comandante en jefe del Ejército entre mayo de 1973 y diciembre del mismo año; los del general Albano Harguindeguy, que fue ministro del Interior de Videla; y los del canciller Carlos W. Pastor, que conservaba entre otras cosas un borrador del principio de acuerdo sobre Malvinas redactado por el subsecretario británico para Asuntos Latinoamericanos, Nicholas Ridley.
Pero hay más. "Me metí hasta en los archivos de Margaret Thatcher y extraje varios documentos", cuenta, mientras se lleva a la boca un cigarrillo. "Ese archivo está en Internet", dice antes de hacer una pausa. "Hay que buscar.", añade con sonrisa satisfecha.
Sobre por qué no debe ser tomado este libro como otro intento de desmalvinización, Yofre se pone serio y responde: "Porque está hecho con papeles. Puede no gustar, pero es el almirante Jorge Isaac Anaya el que me dice por qué va a hacer Malvinas. Puede no gustar, pero es el vicealmirante Juan José Lombardo el que habla. Son los diplomáticos los que dicen: esto es una locura".
"Yo siempre digo: honor y gloria a los que fueron a Malvinas, pero no a la conducción política. Nos hizo mucho daño. Malvinas se hizo para salvar al gobierno militar", sentencia.
La trampa sigue la evolución de tres procesos: el ascenso del general Leopoldo Fortunato Galtieri, las falsas expectativas diplomáticas creadas por Londres que llevarían a tensar la posición argentina, y el deterioro de la gobernabilidad militar en medio de la peor crisis en los últimos 50 años.
Uno de los ejes del libro es indagar en el momento en que se tomó la decisión de recuperar las Malvinas por la vía armada, algo que Yofre sitúa -en base al testimonio que le aportó el brigadier general Basilio Lami Dozo- en abril de 1981 ("es decir, a un mes de haber asumido el general Roberto Viola").
El relato de los acontecimientos deja claro que a Galtieri se le impuso el plan. "Es lo que afirma el secretario de Estado norteamericano Alexander Haig en sus memorias, a partir de los dichos del general Vernon Walters, enviado especial de Ronald Reagan a América latina", añade Yofre.
"Vernon Walters sostenía que era un plan de la Armada y que Galtieri lo va a aceptar. El Ejército no tenía hipótesis de conflicto sobre Malvinas. Quien tenía eso era la Armada", dice Yofre. "Hay que tener en cuenta -añade- que Galtieri asume el 22 de diciembre la presidencia de la Nación. Ese mismo día, a la mañana, con su escritura a mano y su letra chiquita, Anaya da la primera instrucción al almirante Vigo, que era su jefe de Estado Mayor, para que comience una planificación de la ocupación de Puerto Stanley".
La crónica de los hechos busca demostrar también que Argentina no había recibido ningún guiño. "El problema -considera Yofre- es que Galtieri creía que era socio de Estados Unidos. Por eso una de las perlas negras de este libro es haber conseguido la Directiva 80".
"La Directiva 80 -explica el escritor- es una planificación del Ejército, ya con Galtieri como comandante en jefe, que marca la ruta que transitará la institución en el año 1980. Ahí se sostiene que la guerra contra la subversión no se debe limitar solamente al ámbito interno sino también externo. Utiliza esa frase que ahora es bastante conocida de que el Ejército argentino va a ocupar los espacios vacíos que deja la administración Carter con su política de derechos humanos. Y así fue cómo el Ejército argentino va a América central: lo va a llevar a pelear contra Nicaragua desde Honduras, a participar en la guerra interna de El Salvador".
Por esa cooperación "ellos creyeron que éramos socios", concluye Yofre. A eso se añade el error de juicio sobre las consecuencias que tendría la ocupación militar. Al respecto, Yofre señala: "Hacia fines de los 80, Gualter Allara, ex vicecanciller del Proceso y en ese momento agregado naval en Londres, le pregunta al entonces embajador argentino en el Reino Unido, Carlos Ortiz de Rosas, qué reacción podría haber. Y Ortiz de Rosas le dice que podría haber algún tipo de reacción diplomática, como máximo rompimiento de relaciones, alguna sanción económica, pero que Gran Bretaña no estaba en condiciones de mandar una fuerza militar para recuperar las islas".
"Eso se lo cuenta a la Armada en un cable que no tengo", admite Yofre. "No lo tengo, pero eso está contado por el propio Allara. Y es lo mismo que le va a decir Ortiz de Rosas a Galtieri", continúa.
CASUALIDADYofre cuenta que "la Directiva 80 estaba en el archivo de Carcagno. No podía creer lo que había encontrado. Porque todo el mundo peleaba por ese papel y nadie lo tenía. Hay más archivos que no han salido todavía a la luz" (ríe).
Durante la entrevista con La Prensa, el escritor atribuye más de una vez a "la casualidad" el haber estado en el momento y el lugar oportunos para registrar algún testimonio. Sin embargo, la impresión que queda es otra: la de un hombre inquieto, curioso, que recorrió las calles y mantuvo incontables reuniones, diálogos, contactos.
"En mi vida muchas veces se alinearon los astros", insiste. "Este libro es una suma de casualidades. Es gente que me dona sus papeles, como el diario de guerra de Galtieri. Y lo mismo sucedió con los otros libros. Me dan papeles en agradecimiento por reflejar una historia distinta a la contada siempre".
El trabajo como historiador de Yofre ha girado en todos estos años en torno a la revelación de secretos.
Primero fueron los archivos militares de inteligencia, sobre todo policiales; y luego los archivos del peronismo -los de Paladino y los de Perón-; los de la inteligencia checoslovaca; los de la Cámara Federal Penal... "Te estás olvidando los del general Carcagno", apunta.
"Creo que Lanusse también es un archivo importante", medita. "Ese archivo dice algo determinante. O debería decirlo. Y después están los de Toranzo Montero que son archivos importantes. Pero, bueno, en Puerta de Hierro (2015) está el archivo de Perón", expresa riendo como para terminar la enumeración. "Hasta acá me metí en ese archivo", dice señalándose el hombro.
De todos sus documentos parece estar Yofre satisfecho por igual. Pero aquel del que se muestra más orgulloso es "el de Jorge Daniel Paladino, el primer delegado de Perón en los tiempos nuevos que se avecinaban, con Lanusse como presidente. Fui hasta Rosario a buscarlos", cuenta.
"Son los informes que Paladino le daba a Perón de lo que ocurría en la Argentina y de lo que estaba haciendo. Ese archivo va a durar hasta noviembre del 71, que es cuando Perón cambia a Paladino y llega Cámpora", apunta.
La historia contemporánea narrada a través de documentos no es tan propia de estas latitudes. Aquí no está tan arraigada la tradición de escribir diarios o conservar la correspondencia, salvo en el mundo diplomático, y por otra parte esos papeles no suelen encontrarse en archivos públicos. La razón, según Yofre, es sencilla: "Acá, cada funcionario que sale de su puesto se lleva sus papeles".
En su caso, la vocación de coleccionista le viene desde antiguo. Desde que asistió -"de casualidad"- a la asunción de Onganía en el Salón Blanco con 23 años, gracias a que el padre de un amigo le consiguió una invitación, y fue tomando notas. "Porque lo que tengo desde entonces son notas. Yo he guardado todo".
En aquel momento aún no trabajaba en el periodismo. Solo comenzaría con esa actividad en 1972 en Radio Municipal. "En esa época yo estaba dando vueltas en Cancillería", rememora. "He guardado todo. Lo que nunca me imaginé es que era para escribir", dice sonriendo.
Lo de compilar pruebas documentales es todavía anterior. "Desde chico siempre escuché que había que documentarse. Y eso hice", relata. "También en la Cancillería estaba ese consejo: "Documentate, pibe", me decían. Porque nunca sabés cuándo tendrás que rendir cuentas y tendrás que defenderte con pruebas".
Hoy, a los 75 años, se anima a echar un vistazo sobre su obra. Al evaluar qué aporte cree haber hecho con sus escritos, responde que "siempre se consideró un escritor maldito. Maldito porque me copian y no ponen pie de página. No me sucede a mí solo. Hay otros escritores a los que les han hecho lo mismo". Pero añade que el suyo "es más que nada un aporte documental" para escribir una historia distinta.
"Considero que se ha mentido mucho en Argentina. Mucho", enfatiza. "Incluso cuando estoy haciendo mi libro me mienten las fuentes. Pero yo tengo los papeles y puedo corregirlos. A un diplomático le tuve que recordar que se había entrevistado con Galtieri. "Ah, no lo recordaba", me dijo". Es que Yofre suele repetir que la memoria sobre los hechos del pasado falla, pero los documentos no. "Los documentos no fallan. Pueden ofrecer una visión equivocada, pero esa visión está allí".
El escritor sigue recibiendo papeles que le acerca la gente en forma constante, que luego se toma el trabajo de revisar y seleccionar, una labor paciente y ordenada que siempre le rinde beneficios. Aclara que los archivos en papel son "muchísimos" y sonríe al decir que no lo echaron de su casa por ese motivo. "Yo trabajo con papel. Son los papeles de la época".
Al ser consultado sobre cuánto ocupa todo su archivo, admite que es mucho y tiene reservada para ello una habitación. "Son cincuenta cajas, más o menos, de cartón. Además, tengo gran parte de la colección del diario La Opinión, que se me ocurrió recopilarlo. Así que tengo mi propia hemeroteca. No salgo de casa. Me encierro a trabajar".
Sobre su rutina laboral cuenta que, cuando toma la determinación de hacer un libro, lo primero que hace es pasarse dos días escuchando música de la época. "Es una manera de entrar personalmente en el tema", manifiesta. "Ahí empiezo a soñar. Luego dispongo sobre la mesa los papeles que ya tengo y los ordeno. Con la lectura previa que hice sé qué papeles van a entrar primero y cuáles después. Y comienzo a tejer. Es cuestión de tejer. Unir. Armar el rompecabezas. Yo lo que estoy haciendo son libros para el futuro", asegura.
Aunque disfruta mucho de esa tarea, matiza que "también es un trabajo sacrificado".
"Son diez horas al día que estoy sentado ante el escritorio. Cuando me pongo a trabajar corto los teléfonos. A la única que tengo cerca es a Carolina (su mujer). La llamo cada hora y media o dos horas y le digo: Vamos a tomar un café. Entonces bajo un poquito de la nube en la que estoy. Pero un poco nada más. Porque camino por la calle y voy recordando los textos que escribí. Me digo que voy a corregir acá, se me ocurre ver a tal o cual persona", indica.
Pese a su afición por los papeles, aclara que trabaja en computadora. No reescribe mucho, pero sí corrige. Y una vez terminado el texto se lo pasa a "un buen editor, que va a poner en duda fechas, me va a aconsejar poner un pie de página". Con Fuimos todos, al menos, admite que el texto se pasó además a un estudio de abogados para que lo revisara.
Yofre cuenta que el hecho de iluminar con sus libros una nueva realidad, distinta de la historia contemporánea que hoy se relata, lo anima. "Me gusta la tarea que hago porque revelo cosas del pasado que se dijeron mal o sin precisión", afirma. Sin embargo, concluye: "Debo decirte también que cuando termino un libro tengo un pozo anímico. Porque escribo sobre fracasos".
