Revista Cultura y Ocio

El sobreviviente.

Publicado el 21 mayo 2011 por Zeuxis
EL SOBREVIVIENTE.
“Un marinero que naufrago en estas costas Te invita a levar anclas.
No pocos valerosos navíos vencieron la tormenta antes de que el nuestro zozobrara”.
Leyenda de una lápida de una tumba Griega
Del siglo III a. C.
Han pasado doce largos años desde la última vez que los vi. Los conocí en Donosita San Sebastián. Domenico Vasco era bajo, oscuro y regordete. Su hermano Niccolo, alto, de tez alegre y sobria, ocultaba su humor lúgubre detrás de sus quevedos. Estos extraños seres, portugueses aventureros, me sorprendieron aquella noche en la taberna. Eran una pareja sombría, su alocada forma de decir las cosas y de vivir lo afirmaba.
Invierno; Afuera la lluvia caía más recia que los años anteriores. Fue en Noviembre, en una de las tabernas de Donosita, aquella noche, Domenico me relató una historia difícil de creer, sobre uno de los más grandes navegantes de su amada tierra portuguesa.
“Todo hombre – Nos refiere el eterno Platón – naturalmente desea saber”. Acaso esa misma curiosidad me impulsó a creer con asombro en el misterio, y más aún, con perplejo, en la solución que aquella misma noche, me dieron a conocer los hermanos Vasco, entre la buena y grata complicidad de las cervezas y la compañía de las mujeres. Es tradición escuchar en toda España el rumor de que en la aldea de Olvera, vivió un hombre, al cual dan crédito los más curiosos; de que ostentaba una inteligencia y valor sin igual. Alguna vez en mis primeros viajes marítimos escuche por boca de ancianos navegantes la historia de Enrique Díaz de Solís.
Domenico, hijo legítimo de la lejana tierra de Barreiro, en uno de sus oportunos viajes le fue grato conocer a un anciano corpulento , de largas barbas rojizas llamado Juan Fontanarrosa. Aquel hombre le narró la historia de Enrique Díaz de Solís, el gran esclavo malayo amigo del portugués Fernando Magallanes. En un principio me torné un tanto descreído, pero mientras profundizaba en el desarrollo de la historia, el maravillamiento me cegó y me dejé arrastrar hacia el mundo onírico de mis antepasados. Según El anciano Fontanarrosa la historia de Enrique no comienza en el puerto español de Sanlucar de Barrameda, sino en los fieros vientos y tormentas del Atlántico. Cinco barcos tripulados por los más grandes navegantes de España y Portugal y repletos de un centenar de hombres sin ningún destino, desafiaron por vez primera el ancho mar en toda su totalidad. Ellos, también es preciso añadir, fueron los primeros en sentir el terror, el hambre y el abandono del todopoderoso. Después de vagar por tres meses incesantes, el océano les mostró tierra, el “Trinidad” due el primer barco en avistar la selva de los manglares rojos. 1519 el “Victoria”, el “Santiago”, el “Concepción”, el “San Antonio” y el “Trinidad” afrontaron su primera aventura. El laberinto cargado de sirenas antropófagas perdieron los barcos durante siete días y siete noches. – Sirenas, tal como las describió Homero con su Ulises interminable – afirmó Niccolo. Quizá sí – contestó su hermano y prosiguió el relato después de suavizar sus labios con los besos desabridos de la mujer que cargaba sobre sus piernas -. Una semana entera duraron perdidos dentro de aquel laberinto acuático. El “Concepción” fue el primero en dar con la salida y el primero en capturar una docena de mujeres escamadas que murieron días después en la travesía. Desesperanzados, algunos intentaron amotinarse y volver a su añorada España y Portugal, más los fuertes brazos de los que aún le eran fieles a Magallanes controlaron la pequeña turba. Siguiendo a ciegas los datos dados por el desconocido cosmógrafo alemán, el cual afirmaba la existencia de un estrecho marítimo, los barcos llegaron angustiados al estuario del río de La plata, donde la tripulación recobró fuerzas creyendo haber descubierto por fin el añorado estrecho. Todos, - Contó Enrique lloraron de felicidad; todos, menos Magallanes que se encerró junto con pigafetta y Elcano y que luego de tres días de arduas consultas con astrolabios, brújulas, backstaff, compases, y esferas armilares, concluyeron que aquel tan sólo era la desembocadura de un río.
Aunque dicha hipótesis fuera precisa, no lo fue para convencer al resto de la tripulación que convencida de su descubrimiento hizo vagarlos barcos durante 22 días en el gran estuario. Elcano, egoísta de la gloria de Magallanes, acicateó en la s noches la rebelión más poderosa que la anterior. En el puerto de San Julián, como un verdadero hombre de los mares, Magallanes hizo frente a los rebeldes y abandonándolos en una playa distante del puerto, acompañados por el cadáver tímido de un monje que le habían desfigurado el rostro partió hacia al sur dejándolos a su suerte. Elcano pidió perdón y juró servirle a Magallanes durante el resto de sus días; quizá no fue su juramento sino su humillación ante toda la tripulación lo que hizo que Magallanes le perdonase la vida. Más al sur de aquella tierra nueva, las naves fueron atacadas por inmensos pájaros de cabezas rojizas, y por un conjunto sobresaliente de titánicos hombres.
Pigafetta – exclamó de nuevo Niccolo – hace referencia de estos hombres en su diario, y los cita con el nombre de Patagones.
La verdad – prosiguió Domenico – patagones o no, atacaron sin piedad los barcos, el “Santiago” fue el más averiado y el primero, tiempo después, en zozobrar.
Al “Cabo de las once mil vírgenes” llegaron en 1520, allí fue sepultado el velero más pequeño, el cuál tropezó contra un banco de arrecife. El “San Antonio” comandado por cobardes, les abandonó y volvió, cuentan, a España. Tan sólo tres buques atravesaron aquel paisaje antártico, cargado de hielos infinitos, sirenas, niebla y buques fantasmas, después de 33 días de tortura en aquel estrecho que bautizaron años después con el nombre de su descubridor; los tres barcos entraron en un mar apacible pero traicionero. El nuevo océano los recibió con una quietud aterradora, ,en este insolente espacio más de la mitad de la tripulación murió a manos del escorbuto y el hambre. Luis Mendoza junto a otros cuerpos, buscaron refugio en aquellas calmadas aguas de maldición. Otros tantos, perecieron ahogados entre tentáculos y mandíbulas gigantes; pulpos formidables acallaron los gritos de muchos navegantes.
Todo lo que te he narrado mi estimado Legazpi sucedió quizá de alguna manera misteriosa. Después de vagar en un mar acechante, traicionero y repleto de seres fabulosos, losa tres barcos llegaron a la isla de Cebú el 7 de abril del año 1521. Allí, según relató el anciano Fontanarrosa, se dio una conquista pacífica, pero días después en la isla de Mactan la barbarie y la guerra cautivaron el alma de los hombres. Los navegantes, comandados por Magallanes, ya en tierra se lanzaron sobre briosos caballos dorados y perdieron la batalla entre la inmensa mayoría de los primitivos, motivados por un extraño brujo que dominaba, con el poder de sus brazos, el viento y la tormenta, y que se parecía mucho al gran Enrique Díaz.
Magallanes fue muerto de un golpe certero que le propiciaron en la cabeza; sus hombres, en cambio, fueron atravesados por lanzas y devueltos al mar como trofeos. Tan sólo Elcano, Enrique y 18 hombres lograron escapar de la muerte. Como verdaderos simismo llegaron estos valerosos navegantes a Sanlucar de Barrameda, donde fueron recibidos como héroes.
Uno a uno, los sobrevivientes fueron muriendo de maneras absurdas y trágicas, sólo Enrique escapó de aquella maldición. Carlos I, concedió en honor de Magallanes un escudo de armas con la inscripción “Primus circudedisti me”, sobre una esfera terrestre.
Según cuenta la tradición, se dice que en Olvera se vio durante algún tiempo al legendario Enrique, quien loco anduvo por las calles gritando: ¡Tierra, tierra!, otros afirman que murió con el resto de la tripulación pero lo único que nadie niega es la historia, quizá porque ya forma parte de ese misticismo que morbosamente ha acompañado a los hombres desde siempre.
Pero la narración que acaba de escuchar Miguel López de Legazpi, es tan sólo un acertijo, un juego de palabras que i hermano supo desenredar. Adelante Niccolo cuéntale la verdad.
- ¡Vamos!, espero ansioso la solución que diste a al historia.
- La verdad es simple en apariencia, creo; posteriormente daré la explicación.
Fontanarrosa quien nos narró la historia es según mis estudios el mismo Magallanes. Sé que en este momento no me creerá pero si me esperas podrás entenderlo.
Mi hermano conoció a Juan Fontanarroza en 1542, en Olvera, este viejo le relató la historia y asimismo él le confesó a Domenico que él la había escuchado de los labios de Enrique Díaz de Solís.
Lo que descubrí es que Magallanes zarpó con el miedo y ala vez con la esperanza de lograr su sueño; pero también intuyó que si lograba aquel sueño lo más seguro es que sus protegidos intentaran matarlo para atribuirse el crédito de toda la travesía. No obstante y habiéndolo planeado todo, Magallanes, junto con sus tres amigos más fieles: Luis Mendoza, Pigafetta y Enrique partió rumbo a la aventura. Como recordará mi estimado Miguel, en el puerto de San Julián, Elcano ambicionó el poder; Magallanes ya lo sabía o por lo menos lo intuía y previniendo la traición le dio muerte una noche antes de controlar el pequeño motín, en la isla cercana al puerto y vestido de monje lo abandonó con el rostro deshecho, allí Elcano encontró su olvido.
- Eso, puede ser cierto, ¿Pero cómo explicas la presencia de Elcano en el resto del relato?
- Luis Mendoza. Sí mi querido amigo, Luis Mendoza fue el encargado de remplazar a Elcano, recuerde los retratos de estos dos personajes y quizá ni usted mismo advierta diferencia física alguna. Este magnifico parecido fue el primer éxito dentro de los planes de Magallanes. Hasta aquí ya hemos logrado dilucidar gran parte del misterioso relato, pero veamos, Luis Mendoza ya nos es Luis Mendoza sino que ahora es Elcano. Magallanes creía que sus fieles amigos jamás los traicionarían pero ciertos silencios de Enrique hicieron que Magallanes desbordara sus planes a lo mejor de forma contraria.
Es así como dilucidé la otra parte del relato. En la isla de Mactan, Magallanes provoca la guerra, mata a su amigo Enrique; el cual inmortalizo con la leyenda del brujo, acuérdese amigo que Fontanarrosa en ningún momento desmiente la realidad de los hechos, por el contrario los afirma cuando describe el parecido entre el brujo y el malayo Enrique. Habiéndole dado muerte a su mejor amigo, y sabiendo que no podía ocultarlo, me es previsible que halla optado por acallar a sus tripulantes sobornándolos con el oro de aquellas islas. Con el soborno logró crear su falsa muerte y así lograr también remplazar a Enrique. Ya en España Magallanes bajo la identidad de su Esclavo Enrique relata junto con sus cómplices la famosa historia.
Magallanes aún no satisfecho decidió matar al resto de su tripulación quizá para otorgarle un misticismo y misterio terrorífico a su leyenda y a la vez para ocultar para siempre la verdad.
Es así como el único sobreviviente de la “Victoria” es el mismo Magallanes.
Ve con claridad ahora la historia, Magallanes ya libre de cualquier peligro decidió deambular por toda España. En Olvera quizá haya muerto loco, creyendo, en su delirio, que él es verdaderamente el esclavo Enrique, el que a lo mejor fue el primero en avistar el estrecho.
A todo esto cabe anotar el nombre de Fontanarrosa; acertijo mucho más fácil. Supongamos que Magallanes decide reanudar una nueva vida y por tal razón cambia de nombre, esto es sencillo, Usted Legazpi puede hacerlo en cualquier momento, yo lo he hecho y me ha funcionado.
Observe lo siguiente, mi hermano conoció a Fontanarrosa; según Domenico, Fontanarrosa es anciano, un tanto corpulento y su rostro esta oculto por una gran barba rojiza; acaso esta descripción no es la misma que tenemos de Magallanes.
- Bueno, digamos que su teoría es cierta pero ¿por qué vivir en el anonimato después de haber logrado tan poderosa fama?
- la ambición de los hombres es avara mi buen amigo. Antes de que Magallanes hubiese pisado tierras portuguesas sus mismos amigos le hubieran quitado la vida. Lo más acertado es creer que Carlos I le esperará ansioso, presto a clavarle la daga de la traición. Recuerde usted la leyenda de Ulises al regresar a Itaca, del anonimato por el cual tuvo que pasar para no ser asesinado; recuerde también, de ser usted creyente, la vida del más anónimo de todos los hombres, ¿acaso Jesucristo no utilizó la misma estrategia para lograr su misión? Legazpi, en el universo existen fenómenos increíbles y misteriosos; Magallanes sabía de estos fenómenos y dedicó toda su vida y sus sueños a descubrirlos. Quizá lo logró.

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