Revista Opinión

El sueño de una mujer luchadora – Segundo Capítulo

Publicado el 27 febrero 2020 por Carlosgu82

Aprendiendo y enseñando

Estudiar fue, sin duda alguna, una de las decisiones más sabias que pude haber tomado hasta ese entonces… tenía todas las ganas de estudiar para poder salir adelante…

Recuerdo que por aquellos días solía ser una de las mejores alumnas del colegio «Santa Fortunata» (Sí, así se llamaba mi escuela)… todo iba relativamente bien hasta allí…

En primaria todo era más sencillo… ya sabes… sumas, restas, multiplicación, división… operaciones no tan difíciles de ser comprendidas… sin embargo, lo que sí me chocó bastante fue cuando ingresé a la Secundaria

Sí… de pronto me vi rodeada de muchas incógnitas, ecuaciones, teoremas… ¡Ufff! Todavía no podía concebir que aquel cambio se hubiese dado… las tareas se habían complicado en demasía…

Fue ahí cuando tuve que recurrir a alguien… pero… ¿A quién? Esa era la GRAN pregunta… Mi padre trabajaba casi todo el día, y no podía ayudarme… mi madre lamentablemente no había estudiado la primaria… y no podía acudir a un hermano mayor puesto que… YO ERA LA MAYOR…

Tras tanto pensar y pensar, decidí buscar la ayuda de alguien en los parques cercanos a mi pequeña casa… lo que yo hacía previamente era visualizar a cada persona que estaba en aquel lugar, y optaba por recurrir a la persona que tenía un semblante inofensivo y tranquilo… Sinceramente prefería optar por una señora… ya que los señores no me inspiraban confianza dado que yo era mujer…

Así, pude terminar mis estudios secundarios. No sin antes hacerme la promesa de que mis hermanos menores no tendrían que pasar por la misma situación, puesto que yo les habría de ayudar en la medida de lo posible. Recuerdo que una vez, cuando estaba ayudando con sus deberes a mis hermanas gemelas (Sí, tuve 2 hermanas gemelas que eran de apariencia muy similar, por no decir idénticas. Una de sus grandes diferencias que, a simple vista, no era tan fácil de percibir era la forma de su nariz.), una de ellas me dijo algo que determinaría el rumbo de mi vida:

Silvia: Hermana Carlota. Eres muy buena enseñando. Deberías ser profesora (Muestra una sonrisa pícara).

Yo, sinceramente, me quedé perpleja… y es que… ¡ESO ERA…! Podía ser una gran maestra… y no me había dado cuenta… ¡HASTA AHORA…!


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