Me he vuelto un intolerante. No puedo hacer negocios con gente a la que no le gusta el dinero.
No los aguanto.
Por negocios me refiero a cualquier cosa. Comprar, vender, intercambiar o crear una empresa millonaria, cualquier cosa.
Te hablo del peluquero, carajo. De la empresa de transportes, la masajista o del puto tío que me quiere contratar para hacer el puto pino.
O te gusta la pasta o no puedo. Todo se vuelve demasiado mugroso. Es como andar sobre un lodazal con un kilo de barro pegado a cada suela.
El que cobra por horas, el que busca y compara, el que no trabaja online o el que menciona que nunca lo ha hecho así.
El que está contento como está o al que su mujer no le deja.
El que tiene que pensárselo o el que necesita una presentación, un business plan y un mapa con instrucciones para encontrarse el agujero del ano.
El de «conozcámonos», «no te preocupes que yo voy» y el de «primero un café».
El que cierra para almorzar y el que prefiere ir poco a poco.
El que ya me dará un toque cuando vuelva y el que posiblemente lo ofrezca en el futuro.
El que tiene que consultarlo y el que hasta dentro de un mes no puede. El que pospone la reunión porque le ha salido un fuego, el que tiene la agenda llena y el que está en cama con gripe.
El que necesita un mes para hacer el presupuesto o que rellenes cuatro formularios.
El que tiene todas los festivos marcados en el calendario y el abonado a «a ver si nos damos un toque.»
No puedo. Me entra una ira asesina difícil de explicar.
Y al que le gusta el dinero eso lo entiende. Ese va, mata y vuelve. No consulta, opina, ni considera. Mueve el culo y arranca cabezas con los dientes.
Lo que el tipo que no respeta el dinero no entiende es que en el rato que intento entender la mierda que lleva en la cabeza lo he hecho cuatro veces y en el tiempo que me he ahorrado he ganado la pasta necesaria para hacerlo siete más.
El mundo funciona así. Una parte del mundo al menos.
Mi parte.
La parte del mundo en la que quiero estar, la gente con la que quiero juntarme.
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Acepto la política de privacidadLa entrada El tipo de persona con la que jamás haré negocios se publicó primero en Luis Monge Malo.
