Revista Medio Ambiente
La mortalidad durante el primer año de vida es muy elevada en la mayoría de los grupos faunísticos. Los primeros meses suelen ser duros y los animales deben empezar a valerse por si sólos, a buscarse el alimento y el refugio y a evitar a los depredadores. En muchas especies de aves, la mortalidad en esa etapa puede superar el 80% del total de individuos nacidos. Esta mortalidad es un importante filtro selectivo que hace que sólo aquellos individuos más capacitados y con mejores facultades sobrevivan para pasar sus genes a la siguiente generación.
Las aves marinas son especies de larga vida, que empiezan a reproducirse cuando tienen dos o tres años de edad (aunque algunas aves como los albatros, pueden retrasarse hasta los 5 o 6 años), que suelen tener pocos hijos por temporada, pero que llegan a criar durante varios años. El el caso de los álcidos, por ejemplo, la puesta se compone de un sólo huevo de gran tamaño en relación con el tamaño de la hembra.
El sábado pasado, encontré el cadaver de un joven de Arao común (Uria aalge) junto a dos cadáveres de Alca común (Alca torda). Este hecho es bastante frecuente durante el invierno y en ocasiones, sobre todo después de fuertes temporales, no es raro encontrar álcidos orillados con síntomas de inanición después de haber pasado varios días sin alimentarse, como ha ocurrido varias veces en las costas atlanticas y cantábricas.
En otras ocasiones es más difícil determinar las causas de la muerte, como el año pasado, cuando cientos de frailecillos (Fratercula arctica) aparecieron muertos en las playas cantábricas. En un principio se pensó que esa mortalidad podría haberse debido a la sucesión de temporales que habían afectado a nuestras costas, pero el hecho de que prácticamente todas las aves muertas fueran frailecillos, y que siguieran apareciendo cadáveres frescos varias semanas después de que cesaran los temporales, hacía dudar de ese primer diagnóstico. En este caso no se podría descartar una enfermedad específica, aunque no se llegaron a hacer los análsis necesarios para confirmarlo.
Tal como comenté al principio, estos episodios de mortalidad no suelen suponer un problema muy grave para el mantenimiento de las poblaciones, ya que suele sobrevivir una fracción suficiente de individuos que llegan a reproducirse. Los problemas suelen surgir cuando a esas mortalidades naturales se suman las debidas a causas artificiales, como las mareas negras o los enmalles accidentales en aparejos de pesca. En este caso, además de provocar episodios de mortalidad masiva, esa mortalidad no es selectiva y afecta tanto a jóvenes como a adultos, pudiendo provocar extinciones locales de poblaciones e incluso la completa extinción de algunas especies.