Revista Arquitectura

El único seguro

Por Arquitectamos

Quienes ya conocéis este blog sabéis que es muy poco de fiar, muy falto de rigor en general. Pero si a eso le añadís que estamos en el período vacacional y con un calor escandaloso y muy lamentable, y que además ayer hubo eclipse total y aún estoy conmocionado y emocionado, tenéis que alejar de vuestras mentes y de vuestras conciencias cualquier aspiración a la exactitud y al buen criterio y ser muy tolerantes conmigo y mis divagaciones(1).

Esto que digo es para pedir excusas, porque me parece muy fuerte lo que voy a escribir a continuación: EL ÚNICO AUTORRETRATO DE LEONARDO DA VINCI DEL QUE TENEMOS ABSOLUTA SEGURIDAD ES ESTE:

El único seguro

Vale, es un poco una boutade, pero tiene su parte de razón. Intentaré explicarme (en la medida de lo posible).

Hay bastantes supuestos autorretratos de Leonardo. Unos son más probables que otros porque están más fundamentados que otros. De todos ellos, seguro que varios son verdaderos autorretratos; pero seguros, lo que se dice seguros del todo, no lo estamos de ninguno.

Vamos a hacer un muy somero repaso por algunos de los más llamativos: 

En La adoración de los magos (1481), con veintinueve años de edad, parece ser que Leonardo se autorretrató en el borde derecho. Tiene la actitud y está en el lugar que corresponde a esa costumbre de aquella época, que cuenta con tantos antecedentes que a veces parece incluso obligatoria. Muchos críticos e historiadores tienen buenos motivos para sospechar que es él, pero solo para sospecharlo.

El único seguro

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Muchos estudiosos, de cada figura de hombre que tuviera más o menos la edad de Leonardo cuando la dibujó o pintó, y que respondiera más o menos vagamente a las descripciones que hicieron de él quienes lo conocieron, o se pareciera algo a supuestos (y a menudo improbables) retratos de él por otros artistas, ya dicen que es un autorretrato. Así tenemos este, sospechado por Charles Nicholl:

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Se trata de un folio de Leonardo en la Galería de los Uffizi: el folio de Fioravanti (1478), en el que hay unos textos muy confusos y casi ilegibles por la mala letra, los tachones, las manchas y los trozos de papel que faltan(2), y también en márgenes o rincones hay dos caras trazadas con gran rapidez. Al parecer una de ellas es imposible que sea la suya, pero la otra (la que pongo aquí) pues oye, tú; pues a lo mejor.

Así estamos. Es un no parar. Un artista que tiene pocos cuadros, pero cuadernos y más cuadernos de dibujos parece obvio que se dibujaría a sí mismo muchas veces. Pero es imposible saber más.

Os muestro a continuación otro autorretrato, ya loquísimo, de Leonardo:

El único seguroLeonardo da Vinci: El hombre de Vitrubio

El ya mencionado Charles Nicholl dice que el rostro del famoso Hombre de Vitrubio podría ser un autorretrato de Leonardo. Esto me resulta muy sorprendente, porque Nicholl ha escrito una biografía muy seria de Leonardo y es muy riguroso y comedido, y refuerza sus aseveraciones con todas las fuentes que puede. Aquí, sin embargo, se pregunta (él solo, sin consultar con nadie) si el rostro de ese hombre del famosísimo dibujo no podría ser un autorretrato. (Lo argumenta porque se le parece al retrato del filósofo Heráclito de un fresco de Bramante, cuyo modelo también sospecha que fue Leonardo(3), y confronta las dos caras, que a mí solo me dicen que tienen un peinado similar). 

El único seguro
Yo, en mi modestia y en mi ignorancia, me digo que, ya puestos, se imagine que el autorretrato no es solo la cara, sino el cuerpo entero. Así tendríamos un Leonardo to buenorro y canónico. Un cuerpo diez.

Como he dicho más arriba, cualquier hombre dibujado o pintado por Leonardo, que pudiera ser más o menos de su edad (veinte años arriba o abajo) en el momento de plasmarlo, podría ser un autorretrato suyo. Leonardo pintó muy pocos hombres, pero podríamos pensar que todos son él mismo.

Dejamos de elucubrar y llegamos por fin al Autorretrato con mayúscula de Leonardo da Vinci, el que todos hemos visto mil veces, el que todos decimos "este sí que sí":

El único seguro

Es un dibujo a sanguina (tiza roja) de hacia 1513 (Leonardo tendría unos sesenta y un años), mide 33 cm de altura y 21,6 cm de anchura (solo un poquitín mayor que un A4) y se encuentra en la Biblioteca Real de Turín (Italia).

Es prácticamente seguro que es un dibujo de Leonardo, aunque podría ser de algún colaborador de su taller, y también que representa a Leonardo, que tenía esa edad, y larga barba blanca en aquella época, pero podría ser un dibujo sobre la ancianidad, o incluso una variación y exageración un tanto caricaturesca a partir de la cara de Leonardo.

Pero reconozcamos que hay un consenso general sobre la "autorretratez" de ese dibujo, y que, dadas las circunstancias, es más fácil que lo sea que que no lo sea. [Pero insisto con la matraca: seguro seguro seguro, lo que se dice segurísimo, no es. De hecho os muestro ahora este otro:

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Este sí que es un retrato de Leonardo. Lo pone: LEONARDO VINCI. Su autor es casi con total seguridad Francesco Melzi, discípulo, secretario y albacea de Leonardo(4). Pues bien, yo veo aquí una nariz fina y recta, y en el supuesto autorretrato es más de cachiporra y ganchuda. También aquí las cejas son finas y en aquel bastante pobladas. Y este dibujo es solo de unos tres años antes que el otro. No veo yo que a la nariz, ni a las cejas, ni a la mirada les diera tiempo de evolucionar así en tres años. Pero lo cierto es que la melena y la barba son esas, y, repito, lo más creíble es que aquel fuera también Leonardo]. El único seguro

[Y otro ejemplo más, para terminar de liarla: Leonardo en el papel de Platón en el fresco La Escuela de Atenas, de Rafael].


Dicho todo esto, me vuelvo al principio y repito lo que dice Nicholl, quien ahora, curiosamente, sí que me convence:

El dibujo con el que he empezado, y que vuelvo a poner para que no tengáis que estar yendo arriba y abajo,

El único seguro

está en la primera página del códice de París catalogado como MS A, que es el germen del Trattato della pittura. En esa página y en las siguientes, Leonardo se explaya sobre las luces y sombras en la pintura. Habla de las sombras primeras y las segundas, de los reflejos, y, para lo que nos interesa ahora, de la sombra proyectada por un hombre en el ámbito de la penumbra. Habla de una habitación en penumbra en una de cuyas paredes hay una ventana a-b que deja pasar luz. (Véanse en el dibujo las letras a y b, dibujadas especularmente como era propio en Leonardo). Dice que la luz del sol, oblicua, hará que la proyección del hueco de la ventana sobre el suelo de la habitación tenga distinta longitud [excepto si el sol está a 45º] que la propia ventana. Luego introduce la sombra de un hombre que está dentro de la habitación y se enrolla con una casuística tan liosa que por fuerza hay que pensar que está comprobando cada afirmación consigo mismo.

Se pone aquí, se mueve hacia allá mientras el sol sigue cayendo o levantándose; luego espera para ver cómo cambia su sombra; luego se pone de esta guisa... Obligatoriamente tiene que ir mirando su propia sombra con cada cosa que dice, y por lo tanto ese dibujito esquemático que hace tiene que ser copiándola, aunque sea con muy poco detalle y esmero.

Por lo tanto, ¡tachán!, aunque su intención no es autorretratarse ni sacarse parecido, guapo, digno, o lo que sea, lo cierto es que está dibujándose a sí mismo y, por lo tanto, autorretratándose.

Y de esto sí podemos estar seguros.

[Creo].

(NOTA.- Para estar vago y de vacaciones me lo he currado bastante al fin y al cabo).

____________________(1).- No obstante, también me gustaría decir que no me dedico a decir paridas sin más (bueno, al menos no siempre), y que hay algún fundamento serio en lo que cuento. He acudido al libro de Charles Nicholl Leonardo da Vinci. El vuelo de la mente, del que no doy la ficha bibliográfica porque para eso sí que soy vago y estoy acalorado y de vacaciones.
(2).- Para colmo, en ese texto Leonardo escribe sobre el tal Fioravanti de Domenico (que da nombre al folio) diciendo que es su amigo más amado, como xxxxx (unos leen "mi hermano", para quitarle algo de hierro al asunto, pero otros se sumergen en una homosexualidad bastante explícita). Es imposible entender lo que quiere decir y a qué se refiere, y solo hay conjeturas, pero podría valer para que las caras dibujadas fueran apuntes de ese gran amigo, o una de ellas de sí mismo. Quién sabe.
(3).- Curiosamente, en el fresco La Escuela de Atenas, Rafael elige a Miguel Ángel como modelo para el rostro de Heráclito
(4).- Por cierto, Melzi poseyó el supuesto autorretrato, junto con los demás dibujos y manuscritos del maestro, hasta el día de su propia muerte, en que los heredaron sus hijos, quienes, como buenos herederos de heredero, dispersaron (vendieron, perdieron, etc) toda la colección. Ese dibujo apareció varios siglos después. Yo no digo nada, pero ahí queda eso. 

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