Revista Sociedad

El valor de nuestras decisiones

Publicado el 23 abril 2010 por Eko
decisionesNo acaba un solo día en que no nos tengamos que enfrentar a la toma de una decisión. Si nos fijamos un poco, nos damos cuenta que todo en nuestra existencia esta rodeado de una indisoluble pregunta que espera de nosotros para su resolución. Desde lo más sencillo, ¿que camisa me pongo hoy?, hasta las más difíciles, ¿que voy a hacer con mi vida?, todas están unidas por un misterioso lazo que hace que muchas veces, las decisiones más sencillas sean las que más afectan a nuestras vidas, porque sin apenas darnos cuenta, las grandes decisiones van siendo alteradas por esas decenas de cuestiones minúsculas que van salpicando el día a día. Quizás, porque normalmente las pequeñas decisiones son de resolución inmediata, -¿que calle tomo para llegar a mi destino?, ¿en que restaurante como hoy?, ¿donde aparco el coche?...-, por contra, las grandes decisiones sen ven resueltas con el paso de los días, los meses e incluso los años, y en ese espacio de tiempo las pequeñas preguntas que nos asaltan esperando nuestra decisión, se suman para alterar el resultado de las que presuponíamos decisiones más importantes.
Yo me pasé gran parte de mi vida cuestionándome el porque tenia que levantarme todos los días a la misma hora y pasarme la mayor parte del día en un trabajo que no me aportaba nada más que dinero. Tal vez se le olvido a Jesús en su celebre Sermón del Monte de los Olivos decir: -Bienaventurados los que disfrutan y se sienten realizados con su trabajo, porque de ellos sus jefes no encontraran queja-. Pero el problema es que jamás yo supe muy bien que hacer con mi vida, y anduve deambulando por una existencia que aunque me dio estabilidad económica, jamás me lleno ni me satisfizo.
Pero he aquí, que la pequeña decisión de contestar a un mensaje de internet, cambio mi vida, pues fue la forma que conocí a la que ahora es mi mujer. Ella lo cambió todo. Me encontré de bruces con lo absurdo de mis quejas, pues comprobé que jamás tuve verdaderos problemas. Pero pese a todo, creía y sentía que debía hacer algo al respecto de lo que me frustraba y no me dejaba sentirme realizado. Fue cuando tuve pareja e hijos cuando de verdad me di cuenta hasta donde llegaba mi problema. No me imaginaba el resto de mi vida trabajando casi todo el día, robándome horas de estar con la mujer que amo y no ver crecer a mis hijos. Así que me encontré en la encrucijada de que hacer, trabajar en una buena empresa para mantener a mi familia y darles estabilidad económica, pero por contra, perderme grandes momentos junto a ellos, o enfrentarme a lo que se espera de un hombre, a mis padres, hermanas, conocidos, y lo que la sociedad entiende por un "hombre de provecho". Entonces fue cuando me di cuenta que una pequeña decisión solucionó otra mucho mayor. Resulta que mi mujer pensaba como yo, y tampoco estaba muy entusiasmada con que pasáramos la mayor parte del tiempo fuera de casa, sin apenas vernos. Así que la resolución al gran problema que envolvió gran parte de mi vida se vio resuelta. Dejamos nuestros trabajos, pese a los consejos en contra de familiares y conocidos, y desde entonces mi mujer y yo buscamos la forma de llevar nuestras vidas lejos de calendarios y horarios, a nuestra manera y de una forma independiente, pensando más en nosotros y nuestra familia que en el dinero y las posesiones materiales. Desde entonces hemos estado todos los días juntos, sin separarnos salvo para cuestiones menores, y hemos podido volcarnos en el cuidado y educación de nuestros hijos. Sin duda, nuestra decisión no esta carente de problemas, sobretodo económicos (aunque hoy en día quien no tiene ese problema, pese a que tenga trabajo). Tal vez jamás tengamos una vivienda en propiedad y tenga que tirar con un coche con muchos años y kilómetros a cuestas; tal vez no tengamos vacaciones en lugares paradisíacos, ni mis hijos dispongan de televisión y ordenador en su habitación, cosa  que siempre he pensado que era una tontería. Pero por otro lado disfruto de mi mujer, de mis hijos y de cada segundo que ellos me regalan. Cuando entran en el colegio puedo despedirme de ellos, cuando salen me encuentran, y aunque a veces me ponen de los nervios, la mayor parte del tiempo disfruto de su compañía y disparates infantiles, junto a mi mujer.
La herencia que deje a mis hijos, tal vez no serán materiales, pero creo que el mayor legado que les puedo dejar y por el que jamás acabaran riñendo en su reparto, es una educación en valores humanos, una infancia junto a sus padres, y espero, un montón de recuerdos de su infancia, que los formen como personas, que aunque no sea de "provecho" sean de Bien.
Lo paradójico de todo esto, es que de una manera u otra, la vida nos ha ido compensando en la decisión de vivir por y para nuestra familia. Nos ha dado las maneras de ir tirando y residir, aunque sea alquilados, en una hermosa casa con un gran patio y estudio, en un pueblo tranquilo. Nuestra vida es tan feliz, como las circunstancias lo permiten, y sin duda mucho mejor que si no hubiésemos decidido dejarlo todo y vivir segun creemos que debemos hacerlo.
Aunque no soy ni me siento católico, valoro muchas de la lecciones que la Biblia regala, y que si le quitamos el mercantilismo e hipocresía de la Iglesia, no dista mucho del resto de las demás religiones e incluso de las recetas de grandes pensadores para la felicidad. Por eso me viene a la cabeza, algo que leí hace muchos años, cuando apenas era un niño, y me entretenía leyendo aquel libro que acumulaba polvo en la estantería y que adquiere un significado especial hoy:
Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? Así que no se preocupen diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿Qué beberemos?" o "¿Con qué nos vestiremos?" Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas. Mateo 6: 24-34

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