Revista Historia

El vaticano y los dictadores

Por Benito Sacaluga

EL VATICANO Y LOS DICTADORES

Pío XI y Benito Mussolini

En primer lugar me gustaría que no se confundiera catolicismo con cristianismo, al menos desde una perspectiva intelectual. 
Parece que el Vaticano tiene una de las llaves del cerrojo que impide la exhumación de los restos de Franco, algo que solo se puede entender desde la óptica de una sumisión voluntaria a los preceptos fundamentalistas de un estado no democrático, tal y como lo es el Vaticano.
Dicen que la Iglesia Católica quiere apartarse, lavar su imagen. Una imagen salpicada de mucha sangre republicana y de mucha represión, a causa de su apoyo incondicional y su colaboración con Franco, primero desde el inicio y desarrollo de la Guerra de España y después durante los largos años de dictadura. Conviene no olvidar lo que fue y significó el nacionalcatolicismo español. Dicen que la IC quiere mantenerse al margen, pero ello es imposible, más aún si, como está haciendo, sigue celebrando misas por la memoria de Franco a lo largo y ancho de la geografía española, al mismo tiempo que se niega a retirar de sus iglesias la simbología franquista, tanto en forma de cruces como de placas conmemorativas e inscripciones.
También es imposible que nos hagan olvidar que si el Estado Vaticano existe es gracias a un dictador fascista, a Benito Mussolini, quién en 1929, siendo Papa Pío XI, rubricó los Pactos de Letrán, unos acuerdos entre Italia y la Iglesia que otorgaron el carácter de Estado soberano a la porción territorial de Roma ocupada físicamente por la Santa Sede. El Pacto incluía un Concordato por el que, entre otras cuestiones relevantes, Mussolini prohibió al clero tomar parte en la política. Es evidente y cierto que si el Vaticano existe hoy como Estado independiente y soberano es gracias a un dictador.
El Vaticano nos escribe diciendo que no se opone a la exhumación de Franco, al mismo tiempo que recomienda al Prior del Valle que haga lo mismo. Una misiva que ya ha sido convertida en muy discutible y apta para la negativa a su cumplimiento por parte del Prior y de la Conferencia Episcopal Española.
Si lo que la Iglesia quiere es que olvidemos su pasado fascista y franquista, bueno sería que al igual que el cardenal Gomá, en representación de todos los obispos españoles, escribió a los obispos de todo el mundo pidiendo colaboración con los ejércitos de Franco. Una carta que vino precedida por otra enviada al cardenal Pacelli tras entrevistarse Gomá con Franco en 1937 en la que se puede leer:
...que, toda vez que el Episcopado español está en su totalidad y sin reservas al lado del general Franco y a favor del Movimiento, publique un escrito que, dirigido al episcopado de todo el mundo, con ruego de que procure su reproducción en la prensa católica, pueda llegar a poner la verdad en su punto, haciendo a un mismo tiempo obra patriótica y depuración histórica, que podría redundar en gran bien para la causa católica de todo el mundo.
bueno sería, digo, que el Vaticano, el Papa en persona, escribiera a los obispos españoles y al falangista Prior emplazándoles a todos de forma firme y contundente a colaborar en todo lo que sea necesario para que el dictador salga cuanto antes de la Basílica del Valle, más aún si tenemos en cuenta que dicha Basílica es propiedad exclusiva del Estado Español. Ante el problema de la exhumación no vale lavarse las manos como hizo Poncio Pilatos, máxime si tenemos en cuenta lo que la equidistancia del prefecto de Judea supuso.
Está claro, la Iglesia no puede olvidar los gloriosos tiempos del nacionalcatolicismo, quizás por que tampoco puede olvidar lo que la democracia republicana dispuso para ella en el Art. 26 de su Constitución de 1931, en el que a la Iglesia se le quitaban sus ancestrales privilegios, que no su existencia ni el ejercicio de sus cultos, labor doctrinal y apostólica.
En cuanto al Tribunal Supremo, tal y como anda su prestigio, solo le faltaría fallar a favor de la familia del genocida e impedir el traslado de sus restos. Si esto llega a suceder, tal y como diría mi madre, "apaga y vámonos".
Salud y República
Benito Sacaluga

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