Revista Sociedad

El viacrucis de REPSOL YPF en Argentina

Publicado el 19 abril 2012 por Jmbigas @jmbigas

A perro flaco todo son pulgas. Conocíamos este lunes (tras semanas de rumores) que el Gobierno de la República Argentina ha decidido tramitar la expropiación (o nacionalización) del 51% de las acciones de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) en poder de REPSOL.

El viacrucis de REPSOL YPF en Argentina

Antonio Brufau, Presidente de Repsol, en la
conferencia de prensa de este martes.
(AFP; Fuente: heraldo)

Vayan por delante dos constataciones que creo que son importantes a tener en cuenta. Primero, cualquier Estado tiene el derecho a la expropiación de bienes privados en función de su declaración de utilidad pública, previo pago de su justiprecio. Así, vemos con frecuencia expropiaciones ligadas a la construcción de infraestructuras necesarias para cualquier país (nuevas carreteras o autovías, líneas ferroviarias, etc. etc.). El justiprecio que se paga por estos bienes expropiados siempre es objeto de litigio, obviamente, como en cualquier operación de compraventa, aunque en este caso sea forzada. Lo segundo es que, en puridad,REPSOL no es una empresa española, sino una multinacional con su sede central en España. El fervor nacionalista español como respuesta al fervor nacionalista argentino está, pues, fuera de lugar. YPF, por su parte, es una empresa argentina que se fundó en 1922. En 1992 fue parcialmente privatizada, quedando el 20% en manos del Gobierno argentino. A finales de los noventa (1998-99), el Gobierno argentino negoció con REPSOL la privatización completa de YPF, que pasó a ser propiedad (casi) íntegramente de REPSOL. Primero compró un 15% y luego lanzó una OPA por la totalidad. El Estado argentino retuvo un 0,02% del capital y una acción de oro, que le ha permitido tener a un representante en el Consejo de Administración de YPF. En 2008, el Gobierno argentino negoció (presionó) con REPSOL para que admitiese a inversores argentinos en el capital de la empresa. Como accionista de referencia, el Gobierno argentino escogió en ese momento al Grupo Petersen (propiedad de la millonaria familia Eskenazi, y a la sazón muy próximo al kirchnerismo -peronismo del siglo XXI- gobernante). Otra parte de las acciones, REPSOL las vendió en la Bolsa, dando entrada a otros accionistas institucionales y particulares. Tras esa operación, de los 393 millones de acciones de YPF, 100 millones pasaron a propiedad del Grupo Petersen (25,4%), mientras que otros 70 millones cotizaban libremente en la Bolsa. REPSOL vio reducida su participación, pues, al 57,4% del capital (unos 225 millones de acciones).

El viacrucis de REPSOL YPF en Argentina

Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de Argentina.
(Fuente: otromundoesposible)

Como el Grupo Petersen no disponía de efectivo para pagar esas acciones, se establecieron algunos préstamos (de la propia REPSOL y de entidades bancarias). Para facilitar la devolución de esos préstamos, se acordó con el Gobierno argentino que YPF iba a distribuir dividendos por el 90% de sus beneficios en los años siguientes. A día de hoy, todavía queda pendiente el pago de unos 400 millones de dólares (USD) por parte del Grupo Petersen a REPSOL como reembolso de esos préstamos. Con el expediente que se está tramitando actualmente en el Senado y el Congreso argentinos, el 51% del capital de YPF pasaría a manos públicas (íntegramente en perjuicio de REPSOL). En otras palabras, el Estado argentino compraría (previa expropiación y a un precio todavía por determinar) 200 millones de acciones de YPF a REPSOL, que se quedaría con una exigua participación de 25 millones de acciones (un 6,4% del total del capital). De este capital público, el 51% estaría en manos de la Nación (el Gobierno Federal), mientras que el 49% pasaría a manos de los Gobiernos de las Provincias petroleras y gasistas, que se configuran en la Organización Federal de Hidrocarburos (OFEPHI). No se habla de tocar la participación del Grupo Petersen ni, lógicamente, la parte del capital en libre cotización en la Bolsa. Sin embargo, la prensa argentina especula con el hecho de que las relaciones de los Eskenazi con el kirchnerismo estarían actualmente bajo mínimos (textualmente, en el freezer), y no se descarta que sus acciones de YPF pasaran a otras manos, más próximas al Gobierno. Formalmente, las razones que el Gobierno argentino da para la expropiación tienen que ver con una producción de crudo por parte de YPF que ha ido decreciendo con el tiempo, y que (dicen) habría provocado la necesidad de importar crudo a precios internacionales, con grave perjuicio de las arcas públicas. Se le achaca a REPSOL que sus inversiones han sido insuficientes, o que se han derivado a otras operaciones cortoplacistas (como la construcción de gasolineras que casi parecen shopping centers, según afirma Axel Kiciloff, el joven viceministro de Economía, que pasa por ser el ideólogo de la operación y es ahora mismo la máxima autoridad ejecutiva en YPF), diferentes de la extracción y el refino. Hasta aquí lo que se dice y se manifiesta en la superficie de los hechos, por parte del Gobierno argentino. Estas razones podrían sostenerse quizá si se diera el caso de que YPF actuara en régimen de monopolio en el mercado argentino, lo que está muy alejado de la realidad. La producción de petróleo de YPF representa el 34% del total del país, mientras que la de gas representa el 23%. Sin embargo, YPF sí tiene una posición dominante en la distribución y venta. De acuerdo a las cifras facilitadas por la propia REPSOL en la rueda de prensa de este martes ofrecida por su presidente, Antonio Brufau, la participación de YPF en el suministro de naftas (gasolinas) al mercado argentino (market share) habría pasado del 43,7% en el 2002 al 54,4% en el 2011, mientras que el de gasoil habría pasado del 50,8% en el 2002 al 59,2% en 2011. REPSOL atribuye este aumento de market share a que practican unos precios al consumidor mucho más atractivos que sus competidores (hablan de que sus competidores practicarían unos precios superiores en un 18-21% a los de YPF, según datos de Enero 2012). 

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Axel Kicillof, viceministro de Economía de Argentina.
(Fuente: ennotas)

En este período (2002-11), que se correspondería a la etapa posterior al famoso corralito de Diciembre de 2001, la demanda de hidrocarburos ha crecido de manera muy importante en el mercado argentino. El PIB del país ha crecido de forma sostenida y una política gubernamental de subsidio al precio de los carburantes, ha provocado que la demanda global (de naftas y gasoil) haya pasado de unos 14 millones de metros cúbicos en 2002 a más de 21 millones de metros cúbicos en 2011. En ese mismo período, YPF habría pasado de suministrar casi 7 millones de metros cúbicos en 2002, a más de 12 millones en 2011. En la Argentina tienen actividad un cierto número de empresas petroleras y gasistas (aparte de YPF). Están, por ejemplo, Chevron, Petrobras (que, por cierto, ha visto cómo, hace unos pocos días, su concesión de explotación en el área Veta Escondida era rescindida unilateralmente por el Gobierno Provincial de Neuquén), Panamerican Energy, Total Austral, Pluspetrol, Tecpetrol, Sinopec (la segunda petrolera china) o EnapSipetrol. Lo mejor de cada casa en este sector, incluyendo a estadounidenses, chinos, franceses, españoles y sudamericanos. Globalmente (de nuevo de acuerdo a las cifras facilitadas por REPSOL, aunque cita fuentes oficiales del Gobierno) la actividad extractiva total en el país habría declinado el 9% en el período 2008-11. YPF habría descendido en el 12%, con picos de casi el -30% para Chevron y Enap Sipetrol, y valores del -16% para Petrobras, o del -19% para Tecpetrol. Prácticamente sólo existe un aumento significativo en la extracción de Pluspetrol (del +58% en este período), por la incorporación de los activos de Petroandina. En resumen, para 2011 el petróleo extraído por YPF representaría el 34% del total extraído en Argentina (el 23% del gas). El fuerte aumento de la demanda (y el estancamiento o suave declive del petróleo nacional) ha provocado un vuelco muy significativo en la balanza exterior de Argentina en lo que se refiere a energía. De un superávit de 4.864 millones de dólares en 2003 (con una cifra casi irrelevante de 548 millones de dólares en importaciones) se ha pasado a un fuerte déficit de 3.438 millones de dólares en 2011, con una cifra impresionante de importaciones por valor de 9.095 millones de dólares. Uy, uy, uy, una fuerte salida de reservas en dólares a causa de los hidrocarburos, para los que el Gobierno necesita buscar un chivo expiatorio, o tragarse el marrón entero. En la práctica, los precios minoristas de naftas y gasoil están prácticamente congelados en Argentina, en estos últimos años de fuerte crecimiento del PIB, importante inflación y relevantes aumentos en los niveles salariales. Lógicamente, esta combinación ha hecho que la demanda de combustibles aumente de forma sostenida, como ya hemos visto. De acuerdo a las reglas tributarias en Argentina, el 47% del precio del litro de nafta comprado en la estación de servicio corresponde a los diversos impuestos. Un estudio independiente de hace un par de meses comparaba los precios de las gasolinas en Argentina frente a los practicados en los Estados Unidos de América (uno de los países desarrollados donde los combustibles son significativamente más baratos para el consumidor).

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Gasolinera de YPF en Buenos Aires, una de la red de
1600 que tiene YPF en Argentina.
(Fuente: euroxpress)

Para tener una noción de comparación, la tasa de cambio de la moneda argentina podría estar en el entorno de 1 USD = 4,39 Pesos argentinos (PAR). Ese estudio concluye que los precios al consumidor en la Argentina estarían en el rango de 6,25-6,84 PARs (dependiendo de regiones y gasolineras). Si eliminamos el impacto de los impuestos en ambos países, el litro de nafta premium (antes de impuestos) se estaría vendiendo en los USA en el rango 0,81-0,85 USD, mientras que en Argentina su precio sería de 0,76-0,83 USD por litro (antes de impuestos). Estamos, pues, en una situación en la que la producción de petróleo nacional ha declinado globalmente un 9% en los últimos cuatro años, mientras que la demanda ha crecido a casi el doble en 9 años, con precios bajos para los estándares internacionales y prácticamente estabilizados. De esa demanda creciente, en 2011 YPF recogió casi el 60% del total. ¿No será que el Gobierno argentino (y/o sus empresarios afines) tiene celos del aparente éxito comercial de YPF en el país?. El Gobierno achaca a REPSOL que no está invirtiendo al nivel necesario para aumentar la producción nacional y detener la sangría de la reserva de dólares por las crecientes importaciones necesarias. REPSOL, por su parte, presenta unas cifras globales de inversiones en Argentina en el período 1999-2011 de 20.000 millones de dólares, con un récord en 2011 de 2.990 millones de dólares. Y también presenta unas cifras de resultado neto (globales en el mismo período) de 16.513 millones de dólares. Desde 2006, las cifras anuales de nuevas inversiones han sido superiores a las correspondientes cifras del resultado neto. De acuerdo a REPSOL, la rentabilidad financiera anual media desde la compra de YPF ha sido del orden de 7-8%, que se compara desfavorablemente con el coste de la financiación en dólares en Argentina, que es del 14-16%. De hecho, los resultados de los últimos años han sido relativamente decepcionantes para muchos analistas, sin duda debido al aumento de las inversiones realizadas. No analizo aquí (por ser muy paralela a la de los carburantes y no aportar mucho al análisis) la importante actividad gasista de YPF. De hecho, Argentina es fuertemente dependiente del gas (un 51%) en su Matriz Energética Primaria.

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Ubicación de Vaca Muerta, a caballo entre los estados de
Neuquén y Mendoza.
(Fuente: lacomarcadepuertollano)

REPSOL también destaca que ha pagado impuestos en Argentina (en 2011, totus revolutum) por cerca de 30.000 millones de PARs (Pesos Argentinos). Globalmente, casi el doble de lo que pagó en 2008. Claro que, de esa cifra, sólo algo menos de 5.000 millones de PARs corresponden al Impuesto de Ganancias, mientras que más de 10.000 millones corresponden al Impuesto de combustibles (por los carburantes que vende en sus gasolineras), unos 2.500 millones de PARs en IVA, y unos 3.000 millones de PARs por el impuesto de regalías (royalties por la explotación de recursos de propiedad estatal). En paralelo a esta situación en el downstream (hacia el mercado y la comercialización de los carburantes) está, por supuesto, el tema de Vaca Muerta. Vaca Muerta es una extensión de unos 30.000 kilómetros cuadrados, a caballo entre las provincias de Neuquén y Mendoza, en la Patagonia al suroeste del país. Se ha comprobado que existen allí reservas muy importantes de petróleo y gas no convencionales. El petróleo y el gas convencionales se presentan en forma de bolsas o yacimientos, a cierta profundidad bajo tierra o bajo el mar. Para su extracción, hay que perforar pozos que alcancen esas bolsas, para extraerlos al exterior. En paralelo, se inyecta agua para compensar el material extraído. Por el contrario, el petróleo y gas no convencionales son lo que en inglés se llama shale oil o shale gas. La traducción más correcta de shale sería la de esquistos bituminosos. Esto significa que petróleo y gas se encuentran habitualmente a una mayor profundidad (unos 3.000 metros, por ejemplo), y tanto el petróleo como el gas están embebidos en esquistos, lo que a veces se llama roca madre. Su extracción es mucho más costosa, ya que hay que romper o destruir la roca madre para recolectar el petróleo o gas que contiene. Ello se puede realizar con perforaciones o pozos horizontales por los que se inyectaría agua a presión para conseguir la rotura hidráulica de la roca madre. Los ecologistas tienen fuertes reticencias sobre el impacto medioambiental que este tipo de extracción pudiera suponer, ya que se podrían contaminar los acuíferos y el proceso produce grandes cantidades de CO2. Durante muchos años, se ha estimado que la explotación de este tipo de recursos no convencionales no era rentable. Sin embargo, la progresiva carestía ha hecho reconsiderar esta decisión. De hecho, los Estados Unidos han vencido una alarmante dependencia de las importaciones de gas gracias a la puesta en explotación de yacimientos de shale gas. YPF tiene concesión sobre algo más de un tercio de Vaca Muerta, unos 12.000 kilómetros cuadrados. En Noviembre de 2011, REPSOL hizo pública la existencia de altos volúmenes de hidrocarburos no convencionales en ese terreno. Sucesivos estudios y análisis han ido confirmando e incluso ampliando las expectativas iniciales. Según los últimos datos publicados por Ryder Scott (compañía especializada en la certificación de reservas de hidrocarburos), la parte de YPF en Vaca Muerta podría contener la impresionante cantidad de 22.807 millones de barriles equivalentes de petróleo. Para hacerse una idea de la enormidad de esa cifra, conviene saber que el total de las reservas comprobadas en Argentina en 2010 era de solamente 2.525 millones de barriles equivalentes de petróleo, y las de YPF únicamente, de 621 millones de barriles. En Vaca Muerta actúan otras grandes compañías petroleras, como Shell, Total, Exxon y Petrobras. Nada se sabe de si el Gobierno argentino tiene también alguna aviesa intención respecto de ellas. Todas (incluyendo a YPF) funcionan en Vaca Muerta bajo estricto control y supervisión gubernamental. REPSOL estima que la explotación de su concesión en Vaca Muerta podría representar la necesidad de unas inversiones del orden de los 31.500 millones de dólares, para la perforación de hasta 2.000 de esos pozos horizontales. Según parece, REPSOL habría establecido contactos con otras grandes petroleras para intentar interesarles en el proyecto y compartir inversiones. CFK (Cristina Fernández de Kirchner) les ha acusado airadamente de andar ofreciendo por ahí lo que no es suyo. En las últimas horas se ha sabido que podría haber un preacuerdo de Repsol con Sinopec (la segunda petrolera en importancia de China) por la que esta compraría la totalidad de las acciones de YPF en manos de Repsol, por un importe estimado en el entorno de los 11.000 millones de dólares. ¿Será cierto que Repsol tenía ya la intención de abandonar Argentina, y que la expropiación sólo acelera el proceso y, presumiblemente, disminuye mucho la recuperación de capital?. La realidad parece indicar que los yacimientos actualmente en explotación en Argentina tendrían un grado de madurez del 80%. Esto significa, simplificando un poco, que las reservas comprobadas sólo representan el 20% de lo que ya se ha extraído. En esas condiciones, lo único esperable es un declive progresivo de las cantidades extraídas. Aunque el joven viceministro de Economía, Axel Kicillof, afirma que REPSOL miente y que demostraremos al señor Brufau que la YPF pública va a realizar el milagro, y aumentará las extracciones.

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Pozos de extracción en un campo petrolífero.
(Fuente: lahistoriadelia)

La figura desenfadada (en mangas de camisa y sin corbata), aunque muy enfadado, de este economista de 41 años representa el desembarco de La Cámpora (de alguna forma, las juventudes peronistas o kirchneristas) en el oficialismo, reemplazando a otras figuras y corrientes más históricas. No hay duda de que esta corriente ejerce una fascinación evidente en CFK y no hay que olvidar que uno de sus objetivos estaría en el proceso electoral de 2015, donde podría jugar un papel decisivo Máximo Kirchner, hijo de la presidenta. Que todo cuenta, y a veces también las Repúblicas son hereditarias. Parece bastante evidente que un descubrimiento del volumen del realizado en Vaca Muerta deba alterar las condiciones de cualquier concesión. El Gobierno argentino tiene el derecho y la obligación de asegurarse para el país el disfrute de los rendimientos de esos singulares recursos naturales. Pero de ahí a la expropiación de YPF va un mundo, y el recorrido de las negociaciones debería discurrir por otros andurriales. Las necesidades de inversión que va a requerir Vaca Muerta para convertirse en una explotación productiva, desbordan las capacidades del Gobierno argentino y de una YPF 100% argentina. Requerirá, en cualquier caso, desarrollar acuerdos con algunas de las empresas, a nivel mundial, más especializadas en ese tipo de trabajos. REPSOL YPF era una opción tan válida como cualquier otra. Pero ahí entran los factores más populistas y teatreros. YPF, en el imaginario popular de los argentinos, representa un patrimonio nacional y la mejor evocación de un pasado de esplendor. En un momento de fuerte crisis social, da la sensación de que el Gobierno de CFK le ha dado un señuelo de peso al argentino medio, en un alarde de nacionalismo exacerbado, siempre mal entendido. Conviene no olvidar el nefasto episodio de la Guerra de las Malvinas, impulsado, en su momento, por la dictadura argentina, con objetivos muy parecidos. Cuando la población está desmoralizada, la clara identificación de un enemigo exterior refuerza el ánimo y distrae la atención. YPF sería la gacela indefensa que se lanza a los hambrientos leones del Circo. Claro, indefensa, porque coincide (las casualidades no existen) con que la situación económica de España, el país matriz de REPSOL, no está para tirar cohetes, y CFK y su Gobierno esperan que las posibles represalias estén muy mitigadas por este hecho. Por otra parte, la muy tibia reacción de Obama parece sugerir que podría haber recibido garantías del Gobierno argentino de que no se tocará a sus empresas. La torpeza formal con que se está llevando adelante, por parte del Gobierno argentino, esta expropiación, da grima. Parece que se han forzado las realidades y los hechos para que encajen en un expediente de expropiación que pueda prosperar en el Senado y el Congreso argentinos. La invasión de la sede de YPF por funcionarios del Gobierno, sustituyendo de modo inmediato a los anteriores gestores, es el típico gesto que sale en las portadas, y enerva los más bajos fervores nacionalistas y de orgullo patrio. Por otra parte, los movimientos previos (mil rumores, privación de licencias, etc) son los clásicos para intentar devaluar lo que se quiere comprar (o expropiar, en su caso). Y el ordenador de a bordo, ¿tiene comando por voz?. Pues no, pero le regalaremos las alfombrillas. REPSOL, utilizando las condiciones acordadas en la fase de privatización,  estaría reclamando como precio por la expropiación unos 10.500 millones de dólares como valoración de su parte en YPF (a 46,55 USD/acción), valorándose sus expectativas de explotación en Vaca Muerta en otros 13.700 millones de dólares. Cuando volvieron a cotizarse las acciones de YPF este martes, su precio en la Bolsa se situó en los 107 Pesos Argentinos (unos 24 dólares). A ese precio, los 200 millones de acciones expropiadas a REPSOL tendrían un precio de unos 4.800 millones de dólares. Calculo que, en ningún caso, el Gobierno argentino ofrecería una cantidad mayor que esa cifra como compensación por la expropiación. Por una parte, para la explotación de Vaca Muerta, la YPF 100% argentina (o el propio Gobierno, para el caso) deberá llegar a acuerdos con inversores extranjeros y compañías petroleras con experiencia en ese campo. Lo mismo que hubiera podido hacer con REPSOL YPF. Por otra parte, el coste de la extracción deberá repercutirse en el precio de los carburantes que paga el consumidor argentino. No es mal recurso para el Gobierno poder echarle la culpa de esa subida, por otra parte inevitable, a esos imperialistas neocoloniales españoles. Y por último, pero quizá lo más importante, la (futura) privatización de la impresionante red de 1600 gasolineras de YPF en Argentina, que atiende hoy casi al 60% de la demanda del país, será, sin duda, un pingüe negocio de saneados beneficios para algún (o algunos) avispados empresarios argentinos próximos al kirchnerismo.

El viacrucis de REPSOL YPF en Argentina

Muestra del fervor nacionalista desatado en Argentina.
(AP; Autora: Natacha Pisarenko; Fuente: elpais)

En resumen, una operación de marketing nacionalista de CFK y su gobierno, de cara a la galería, que le da un peluche a sus ciudadanos con el que puedan entretenerse un tiempo y su atención se desvíe de otros temas más espinosos. Y que abre, por cierto, fantásticas oportunidades a turbios intereses empresariales en el pingüe negocio de distribución y venta de carburantes que tenía YPF en Argentina. Y por aquí Rajoy, Brufau, la Unión Europea, los accionistas de REPSOL y todos los demás, ya podemos aplicarnos un poco de agua oxigenada en las heridas, que es lo que nos quedará. A perro flaco, todo son pulgas. CFK y su Gobierno no deberían ignorar la violación flagrante de la seguridad jurídica que un movimiento de este tipo supone, si no se llega a un acuerdo de las partes en el justiprecio. Y que ello implicará que las negociaciones con otros inversores extranjeros para la explotación de Vaca Muerta serán a sangre y fuego, dado este precedente, y que las garantías (las prebendas) que deberán ceder serán, sin duda, superiores a lo que podría haber sido la historia con REPSOL YPF. Dentro de 10 ó 20 años, alguien debería hacer el balance de esta decisión. Sin duda, algunos se habrán enriquecido con ella (según parece ser, el propio patrimonio privado de CFK ya habría aumentado el 500% desde su acceso a la Presidencia del país), pero el país y sus habitantes, sin remedio y una vez más, se habrán empobrecido. Cambian los expoliadores, pero el expolio continúa. Cambian los amantes, pero el desamor continúa. Como en el tango. JMBA 

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