Este blog ya estaba en marcha antes de que nacieran mis hijos, pero creo que realmente empezó de verdad con una de mis entradas favoritas, la primera que escribí tras su nacimiento. Allí hablaba de universos paralelos, lineas de tiempo, realidades, Big Bangs... Hoy hablo de capas de cebolla. En cuatro años uno aprende muchas cosas, pero todo se reduce a básicamente lo mismo. Y una de las cosas que voy aprendiendo es que los universos paralelos, como las capas, se solapan, se pisan, se separan, se fusionan, convergen, o divergen. Pero nunca desaparecen. Ni se destruyen o restan unas a otras. Son como una gran manta que por mucho que tires de ella para taparte la cabeza no te deja los pies al aire.
Mi momento favorito del día es precisamente una manta. Una grande. La que nos echamos por encima la Maestra-Jedi y yo en el sofá. Aunque sean 10 minutos, y sin recoger aún la mesa después de comer. Nuestra manta. Una que nunca nos deja con los pies al aire.¡Que la Fuerza os acompañe!
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