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"EMAÚS" de Alessandro Baricco: Semiótica de nuestra cultura

Publicado el 29 septiembre 2014 por Juancarlos53

Hace cinco años que leí "Seda", la novela que catapultó a la fama a Alessandro Baricco en 1999. Desde entonces tenía el propósito de leer alguna obra suya más. La oportunidad me ha llegado con la última Feria del Libro de Madrid en la que compré una novelita corta suya titulada " Emaús". Siempre imaginé que el relato mantendría algunas de las cualidades que hacen que " Seda" sea una delicattessen narrativa. Y sí, en efecto, " Emaús" mantiene muchas, pero desde luego es una historia bastante diferente de la que había leído anteriormente.

" Seda" trata del hallazgo de una subyugante y misteriosa atracción erótica que lleva al personaje -un francés adulto del siglo XIX- a viajar repetidas veces al distante y desconocido Japón porque allí ha descubierto un amor muy diferente al que siente y practica con su burguesita esposa francesa. Estos desplazamientos le harán viajar por una geografía áspera en la que deberá superar mil dificultades (hambre, clima, piratas, la guerra, el cuidado de las larvas de gusanos de seda que es la justificación de sus desplazamientos...), pero todo lo arrostrará para lograr estar con ella. Y no digo más porque no se trata de destrozar el placer de la lectura que representa esta maravillosa novela que recomiendo muy vivamente a cualquiera.

Por su parte en " Emaús" también tenemos un viaje (el mismo título ya lo sugiere, pues el encuentro evangélico se produce 'en el camino de Emaús'), aunque en esta ocasión se trate de una geografía íntima, realizado en un momento contemporáneo y por unos chicos adolescentes. También, al igual que en " Seda" existe la magia de la atracción y del sexo escondidos en una bellísima muchacha muy distante -y por ende misteriosa- del mundo socio-cultural del que proceden los cuatro chicos (el narrador, Luca, Bobby y el Santo): la clase media baja de una provincia italiana en los años 60-70 durante los que la educación católica todo lo impregnaba. Estos cuatro chicos viven cómodos en su mundo religioso y familiar observando desde lejos el "otro mundo" representado por Andre, la bellísima y enigmática adolescente de la que se cuentan mil y una historias que ellos creen sin creerlas, más que nada por el gusto del misterio que esconde esa clase social de la que se consideran ajenos y bien resguardados gracias a sus seguridades religiosas (cantos en la Iglesia, sacrificios y penitencias, actos de caridad como cuidar enfermos o dar de comer a familias pobres en comedores solidarios...) que especialmente uno de ellos -el Santo- les exige practicar con gran disciplina.

Todo este mundo de seguridades se vendrá abajo cuando, sin ellos darse cuenta, tengan una revelación, una epifanía, que no comprenderán hasta que nada pueda repararse. Y esa revelación es la de que todo lo sucedido viajaba en ellos desde el principio, que no es posible culpar a nadie de lo que nos sucede:

"Nunca ha habido un antes de Andre, porque éramos así desde siempre." [...] No ha pasado nada. Nunca ha pasado nada" (pp. 145-146)

Para estos cuatro chicos adolescentes su Emaús particular tiene lugar a través del contacto con el

mundo de la clase alta, culta, liberal y sofisticada, a la que pertenece Andre y de la que ellos estaban resguardados cobijados en el inmovilismo de la Fe. Cuando el narrador ve cómo su amigo Bobby se desgaja del grupo de amigos para estar con el grupo -peligroso y pecador para ellos- de Andre, se cuestiona en qué se apoya esa fe que él tiene y que su amigo ha perdido.En un momento, conversando ambos sobre el vacío de la gente del círculo de Andre que todo lo cifran -dice él- en cosas sin significado, Bobby replicará al narrador diciendo:
"Sí, pero son auténticos; y, por eso, también significan" (pág. 91).

La libertad y vitalidad que Andre representa les provocará la caída del mayor tabú contenido en su educación católica: el del sexo. A la contemplación del cuerpo desnudo de ella en una representación artística seguirá el contacto con ese cuerpo que, al menos, dos de ellos -Luca y el narrador- tendrán. Pero este acto, paradójicamente y en contra de lo esperado, no les hará más libres, sino que en especial a Luca el ' complejo de culpa' tan trabajado por esa educación religiosa le provocará una reacción más que equivocada al no poder sobrellevarlo.
Reacciones desorbitadas semejantes a la de Luca serán las que sufran Bobby y el Santo, el primero cayendo en las drogas y el segundo llegando al asesinato gratuito. Y todo esto acaece en el grupo de unos adolescentes cuya guía fundamental es la religiosidad. Sólo quién está contando la novela parece librarse de este tsunami destructor, aunque el final del relato sea un tanto ambiguo al respecto:

"Al llegar a la altura de Andre, me detuve y le hice un gesto para saludarla. Ella se movió un poco, en el banco, haciéndome un sitio. Me senté a su lado." (pág. 149)

Lo que en definitiva plantea este relato es la ruptura, el salto por los aires, del mundo de seguridades que estos chicos se habían construido y en el que, como en una burbuja, vivían. Enfrente de ellos estaban los otros, pero eran dos mundos separados en todo, dos mundos en los que hasta las palabras significaban distinto para unos y otros. Así mientras para ellos la palabra "muerte" significa 'vejez', para los que pertenecen al grupo de Andre, que mueren jóvenes, "muerte" es 'tragedia', 'suicidio', 'asesinato'...:

"Nosotros no nos podemos permitir lo trágico, tal vez ni siquiera un destino -nuestros padres y nuestras madres dirían que no nos lo podemos permitir. Por eso tenemos tías en sillas de ruedas debido a sobrevenidos ataques de apoplejía -babean educadamente y miran la televisión. En cambio, en las familias de esa gente, abuelos en trajes cortados a medida cuelgan trágicos de vigas de las que se colgaron debido a sobrevenidos desastres financieros." (pág. 30)

Y cuando uno de ellos, como le sucede a Luca descubre el significado de "dolor" y de "muerte", cuando ' entiende' a Andre, entonces se verá arrastrado al abismo, al mundo mágico que caracteriza a la estirpe de ella de la que se cuenta que cuando su hermana pequeña, Lucía, se ahogó a los tres años por un descuido de la niñera, en ese mismo momento Andre nacía " como por una dinámica natural de vasos comunicantes -como por una ley de conservación de la energía, aplicada a escala familiar. Eran dos niñas y habían intercambiado su vida" (pág. 42).

A lo largo de la novela se reproduce esta ' dinámica natural' en varios momentos: el padre de Luca se salvará de su situación vital por la acción de su hijo que embargado de " complejo de culpa" le sustituirá en el balcón de su casa y realizará la acción que tantas veces le había visto hacer:

"aquella noche, mientras cenaban, se levantó de pronto para llevar los platos al fregadero, y en vez de volver a sentarse a aquella ménsula, con la pared delante, salió al balcón. Se apoyó en la barandilla, donde había visto mil veces a su padre -pero de espaldas, con los ojos hacia la cocina. Tal vez para mirar, una vez más, todas las cosas. Luego se dejó caer hacia atrás, al vacío." (pág. 112)

Del mismo modo se reproduce el sortilegio de que cuando alguien nace otro tiene que morir, -esa ley de conservación de la energía-, con la muerte del padre de Andre coincidente en el tiempo con el nacimiento del hijo que ella lleva en su seno.

Alessandro Baricco construye todo el relato en torno al paralelismo, al equilibrio entre opuestos. Así el agitado mundo de perdición en que Andre vive "salvará" a los cuatro amigos del inmovilismo y falso mundo de seguridad en el que su educación católica les había confinado. Una religión, la que da origen a esta cultura, basada en la unión imposible de opuestos.

En una de las secuencias finales, el Santo, que ha sido encarcelado por el crimen gratuito que ha cometido, al ser preguntado por el narrador sobre el porqué de su conducta y el horror que ésta ha generado, le dice: " No es un horror". Al ver que esta respuesta no la entiende el narrador, el Santo le pregunta si no abrió la carta que le había enviado al poco de haber sido detenido. La carta en cuestión sólo contenía una imagen de la Virgen con el Niño que el chico había tomado de un libro de arte que Andre tenía en su casa.
A partir de aquí el narrador entra en una reflexión que le lleva a considerar que la imagen " es la inmovilidad completa", una perfecta representación resumen de su educación católica: una unión imposible de opuestos (virgen - madre), una aporía que llega a su apogeo en el icono fetiche del Cristo muerto en la Cruz (Dios inmortal - hombre mortal; Padre - Hijo - Espíritu Santo). Y prosigue pensando: " Así, pues, el camino recto que nos enseñaban chocaba con las telarañas de senderos que ya éramos, y nuestra meta estaba en todas partes" (pág. 145). A lo que el Santo, que intuye sus pensamientos, exclama:

"Lo somos todo, y esa es nuestra belleza, no nuestra enfermedad. Es el reverso del horror" (pág. 145).

Con lo anterior el Santo le ha explicado a su amigo los nombres y las geometrías, le ha dado un plano con el que podrá conducirse con tino por la vida. Con este bagaje el narrador, que decide volver a los gestos que conocía, acude a la Iglesia a tocar música en la misa y cuando escucha al cura hablar de la Inmaculada Concepción, que fue anterior a su virginidad dado que fue concebida sin pecado original, desvía su atención hacia el ridículo modo que el cura tenía de disimular su calva:

"Y me preguntaba qué importancia podía tener el pelo que uno tiene, viviendo en la perspectiva de la vida eterna y de la edificación del Reino. Cómo era posible perder el tiempo con cuestiones de ese tipo - habrá utilizado alguna clase de laca, habrá salido un día a comprársela." (pág. 148)

Por eso, aunque a continuación se encuentra con ella, con Andre, decide detenerse pues ha adquirido seguridad, ha madurado, ya no desertará de sí mismo, ya sabe lo que es la vida, el mundo, esta cultura católica que le ha amamantado, y sabe que no morirá

"A pesar de todo, he sido educado en una obstinada resistencia, que considera que la vida es una obligación moral que debe ser llevada a cabo con dignidad y plenitud. Me han dado fuerza y carácter, para eso, y la herencia de todas sus tristezas, para que las tuviera en alta estima. Por tanto me resulta claro que nunca moriré -salvo en gestos pasajeros y momentos olvidables. Y tampoco dudo de que más afilado que cualquier clase de miedo se revelará mi caminar.
Y así será." (pág. 149)

Ø Novela-ensayo . Muchas veces lo que leemos más parece una reflexión teórica que un relato de sucedidos. Pero Baricco logra ensamblar perfectamente la reflexión teórica con la pura narratividad; sirva como ejemplo la diferenciación que en un momento dado plantea entre Belleza y Moralidad. Dada la educación católica de los chicos, les cuesta distinguir entre bello y bueno. Esa dificultad se percibe en el diálogo que Bobby y el narrador mantienen a propósito de la actividad artística que el primero ensaya con Andre:

"Ella baila, yo toco, eso es todo. Se quedó un rato pensando. Yo intentaba imaginármelo. Por eso no se trata de un acto bueno, dijo, es un acto y ya está. No tiene nada que ver con hacer algo bueno. Dijo que tenía que ver con hacer algo bello. Le costaba trabajo explicarse, y a mí entenderle, porque nosotros somos católicos y no estamos acostumbrados a diferenciar entre el valor estético y el valor moral." (pág. 77).


Ø Novela de Iniciación. Es evidente que este relato presenta como tantos otros (" Los cachorros" de Vargas Llosa, " El guardián entre el centeno" de J. D. Salinger, "El arpa de hierba" de Truman Capote, el mismísimo " Lazarillo de Tormes" y tantos y tantos otros títulos) el paso -siempre difícil- de la adolescencia a la edad madura que algunos realizan antes (Andre), otros más tarde (el propio narrador) e, incluso, algunos se quedan por el camino o lo alcanzan con serias deficiencias (Luca, Bobby, el Santo).

Ø Novela cargada de lirismo.Si algo característico, además de los asuntos que trata, tienen las novelas de Baricco, eso es el estilo. También en este relato, a mi modo de ver, el rasgo estilístico esencial es el modo tan poético que tiene de utilizar el lenguaje. Un ejemplo de lo señalado, escogido al azar de entre otros muchos posibles, puede verse en esta reflexión del narrador cuando evoca el encuentro erótico que tuvieron con Andre en la fiesta que siguió a la representación teatral:

"Estábamos juntos en el mismo amor, en ese momento -durante años no hicimos nada más que eso. Su belleza, sus llantos, mi fuerza, sus pasos, mis oraciones -estábamos juntos en el mismo amor. Su música, mis libros, mis retrasos, sus tardes a solas -estábamos juntos en el mismo amor. El aire en el rostro, el frío en las manos, sus olvidos, mis certezas, el cuerpo de Andre -estábamos juntos en el mismo amor. Así que juntos morimos -y, hasta el día en que me muera, juntos viviremos" (pág. 114)

Ø Erotismo y sensualidad. Con mucha menor presencia que en " Seda", la sensualidad y el erotismo sobrevuelan todo el relato; consecuencia lógica derivada del propio proceso madurativo de los adolescentes en el que el sexo -el pensamiento más que la práctica- ocupa lugar preferente. Quizás el momento de mayor erotismo se da en la secuencia en que Andre se acuesta con Luca y el propio narrador:

"Observé los ojos de Andre, que me miraban, balanceándose con los envites de Luca. Sabía qué era lo que faltaba, de manera que me incliné para besarla en la boca, nunca lo había hecho, siempre había querido hacerlo -ella giró la cara. ofreciéndome la mejilla, posó una mano sobre mis hombros, para alejarme sólo un poco. Debió de darse cuenta de que yo no iba a rendirme, entonces se escabulló de Luca, como si fuera un juego, se echó sobre mí, cogió mi miembro entre sus labios, su boca lejos de la mía, como ella quería" (pág. 102)

Ø Creaciones e innovaciones en la escritura. Pese a ser la novela una especie de ensayo reflexivo sobre lo acaecido al grupo de amigos durante esos años tan importantes, Baricco pretende introducir en ella la fuerza de la lengua hablada; por eso introduce creaciones léxicas como la palabra " porfavor" que pretende reproducir el tono de petición con más significado que el aparente con el que Andre le ruega al narrador que vaya a ver a el Santo a la cárcel.
También el autor hace un uso peculiar de los signos de puntuación: sólo utiliza el guión inicial en las acotaciones estilo paréntesis que van entre guiones, suprime los dos puntos cuando introduce el estilo directo, suprime los guiones para introducir asimismo el estilo directo, etc. Es evidente que con estos procedimientos fuerza al lector a una lectura más atenta.

Ø La manera de organizar la novela. La estructura que Baricco da al relato es muy significativa. Se inicia con un prólogo que viene a darnos el sentido auténtico de la narración. Como es lógico este sentido no lo descubriremos hasta ya avanzada la misma, pero es una clara ayuda para el lector. Se trata en síntesis de una ambigüedad comunicativa entre los hablantes, el narrador y el padre de Andre:

"¿Has visto a Andre?
Andre era una chica.
El chico lo entendió mal, entendió que el hombre quería saber si la había visto así, en general, en la vida -si había visto lo maravillosa que era. ¿Has visto a Andre? Como si se tratara de algo entre hombres.
De manera que el chico respondió Sí.
¿Y dónde?, preguntó el hombre.
[...]el chico siguió entendiendo las preguntas de una forma errónea. De manera que contestó Por todas partes. Luego se le pasó por la cabeza que tenía que ser más preciso, y añadió De lejos.
" (pág. 11)

En la página 106 leemos de nuevo este diálogo entre los mismos dos personajes y así, entonces, vamos viendo la redondez de la misma, caemos en el sentido del título. En el episodio del Evangelio de Lucas, Cristo resucitado se aparece a dos de sus discípulos que no supieron reconocerle hasta que al día siguiente éste había desaparecido. De la misma manera los chicos no sabrán reconocer a Andre.
Andre en la novela es una diosa, es una reina (" No sé Parecía una reina. ¿Lo es?, me preguntó [el padre de Luca]. Yo sonreí. Sí, es una reina" {pág. 126}), es un ser superior, pero estos chicos no lo sabrán ver, pese a saberlo sin saberlo (" algo que sabía desde siempre, pero de esta manera nuestra de no saber nunca") como se percibe en ese " Por todas partes" que el narrador responde al padre de Andre.


Quien haya llegado hasta aquí se habrá dado cuenta de que aunque la novela es corta en extensión (149 páginas distribuidas en 27 secuencias y un prólogo), como diría Baltasar Gracián, es larga en intensión. Sí, efectivamente, es una novela intensa en significación, en sentido. Hay que darse cuenta de que intenta explicar la vida nada más y nada menos que en el momento más difícil de la misma, la adolescencia.
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NOTA: Al poco de salir la novela al mercado RTVE dedicó una emisión de su programa " Página 2" al escritor italiano y a su novela " Emaús" ( Para ver la entrevista hay que hacer clic aquí ). Es una excelente entrevista que añade algún aspecto no tocado en esta reseña y que sirve para conocer mejor al autor.



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