Revista Baloncesto

Embiib y Simmons en el país de Nunca Jamás

Publicado el 14 abril 2018 por Javier López Menacho @lopezmenacho

En la novela de J. M Barrie, Peter Pan, Neverland -el país de Nunca Jamás- es un mundo ficticio donde los niños no crecen y se dedican a jugar y pasarlo bien sin responsabilidad de ningún tipo. Algo así parece haber sucedido en Philadelphia, donde dos jóvenes de 24 y 21 años -Joel Embiid y Ben Simmons- han transportado al equipo de baloncesto de la ciudad a una dimensión desconocida donde todo es diversión. Del contraste de enfrentar ese mundo idílico al real, el que comienza ahora con los playoff de la conferencia este, se determinará qué posibilidades tienen realmente estos 76ers de disputar el título de conferencia, y por qué no, el anillo de la NBA. Quizás en eso consista el verdadero proceso al que se enfrentan los de Pensilvania.
Pero su historia esta temporada 2017-2018 ha sido, hasta ahora, de cuento.
Embiib y Simmons en el país de Nunca Jamás

Embiid, el niño que no quiere crecer 

Si alguien puede entenderse como el Peter Pan de esta historia es Joel Embiid. Un privilegiado pívot de siete pies adelantado a su tiempo, un artista de la finta con una fenomenal lectura del ataque en estático, un juego de pies que recuerda a su ídolo, Hakeem Olajuwon, un más que decente tiro de tres y una facilidad natural para rebotear. Si le respetan las lesiones -su Garfio particular-, como poco podría ser un 20-10 para la franquicia durante la próxima década, aunque su techo ni él ni nadie lo sabe.
Embiid es también, un motor anímico para el equipo, un niño grande imán para las cámaras, entregado a su personaje, a la liga y al show time. Ha entendido sus códigos para forjar una conexión vibrante con la grada, manejarse como pez en el agua en las redes sociales y cambiar el semblante hacia otro más serio cuando las cosas se tuercen. Habitual del Trash Talking, fundador y principal garante de The Process, con Embiid cualquier tiempo pasado parece peor.

Ben Simmons, lo llaman novato y no lo es
O al menos no actúa como tal. Ben Simmons ha llegado a la liga como si le hubieran desvelado información reservada. Un jugador que está creando un nuevo molde de playmaker contemporáneo, pues no hay ni ha habido nada en la liga algo que se le parezca. Un portento físico en fase de desarrollo, ni zurdo ni diestro pero las dos cosas al mismo tiempo, extraordinario a campo abierto, con olfato para el rebote ofensivo y capaz de generar rupturas en estático con su sola aproximación al aro.
Simmons sería imparable si lanzara desde media o larga distancia según la media de la liga, pero es un recurso que casi nunca utiliza -solo si el reloj de posesión le obliga-. Con una limitación tan indispensable en la NBA moderna, que casi obliga a los pívots a reciclarse, costaría comprender cómo este joven de veintiún años ha revolucionado Philadelphia con su juego. Pero basta con verlo en acción para comprenderlo todo.   

Embiib y Simmons en el país de Nunca Jamás

La muy particulares estadísticas del fenómeno Simmons / nbasavant


El elixir de la eterna juventud
La insolente autoconfianza de estas dos figuras capitales en el devenir de la liga ha conseguido atraer a veteranos de guerra capaces de ser útiles desde el primer minuto. Al J.J Redick más prolífico de su carrera se le han unido poco antes de los playoff Ersan Ilyasova, que ya hizo prácticas en la franquicia participando en 53 partidos la temporada pasada, y Marco Belinelli, un trotamundos al que no hace falta explicarle nada de este deporte para resultar efectivo. En apenas unas semanas, ya parecía que el italiano llevara todo el curso en ese vestuario.
Y es que, a pocas horas antes de su debut en los playoff, a Brett Brown le carbura la maquinaria mucho mejor de lo que nunca hubiera imaginado, como si la inercia de un año de dibujos animados le hubiera situado cada pieza en su lugar.
Primero sobrepasaron a Cleveland en la clasificación, luego Simmons le birló varios récords nada menos que a Charles Barkley, batieron la racha histórica de la franquicia con 15 victorias seguidas y llegaron a más de cincuenta victorias en la temporada (52), como los Sixers del legendario Allen Iverson. Además, a un suspiro del final de temporada, recuperaron al renacido Markelle Fultz -víctima de una disquinesia escapular y primera ronda del draft de 2017- para la causa, con récord de joven triple doble incluido.
Markelle Fultz (13 PTS, 10 AST, 10 REB) notches his 1st career triple-double in the @sixers 16th consecutive win, becoming the youngest player in NBA History to record a triple-double! #NBARooks pic.twitter.com/jUonTj939C— NBA (@NBA) 12 de abril de 2018

Estos Sixers, de savia nueva -Simmons, Embiid, Covington, Holmes o Fultz- y viejos pistoleros se disponen a asaltar el reino que lleva años dominado el Rey, Lebron James. Como poco, están en condiciones de asumir el reto, pues nada es descartable cuando todo te parece un divertido juego. El camino les resulta de sobra conocido: Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer. 

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