Revista Coaching

Empresa familiar: Un acuerdo libremente querido

Por Jcvalda @grandespymes

Carlos Arbesú RieraPor Carlos Arbesú Riera

Hemos entendido que para llegar a unos acuerdos en nuestra familia empresaria es necesario seguir un “proceso”. Y te he subrayado la importancia de darle tiempo a ese proceso, dejar que siga su curso, que los problemas se desgranen, que las personas se expliquen o se quejen, o se congratulen o se agradezcan … todo esto crea un clima afectivo o emocional sin el cual no es posible promover la unidad, finalidad última del Protocolo Familiar. No obstante, este proceso para llegar a buen fin ha de tener un “motor” o una “guia” específica, que es el conocimiento de lo que la empresa necesita alcanzar para continuar siendo un buen negocio para entonces, alinear ese conocimiento con el compromiso de los miembros de la familia.

Cómo es lógico, la viabilidad del negocio o continuidad de la empresa exigirá muchas acciones y decisiones de los miembros de la familia, que no pocas veces supondrán un sacrificio o una carga. Personalmente, no creo mucho en los Protocolos Familiares que no imponen algunas cargas aceptadas por los miembros de la familia. Los cajones de las mesas de trabajo de muchos directivos están llenas de Protocolos Familiares “políticamente correctos”, esto es, que se leen muy bien pero que nadie los pone en práctica y se olvidan con facilidad. En el mundo anglosajón, a estas reglas prácticas que nadie vive se las denomina “paper rules” o “reglas de papel”.

Un Protocolo Familiar para ser instrumento de cambio en una empresa y familia concreta ha de ser algo que impone una serie de decisiones y acciones distintas a las que anteriormente la familia ponía en práctica, y ha de afectar a todos los miembros de la familia en determinadas parcelas concretas. Un Protocolo Familiar bien concebido ha de “costar trabajo”, exigir esfuerzos y energias, demandar sacrificios personales y tiempo; un Protocolo Familiar es “time consuming”.

Te puedo concretar algunos tipos de obligaciones, acciones y cargas que un Protocolo Familiar supondrá para los miembros de la familia pues si no estáis dispuestos a ponerlos en práctica, no tendréis éxito y habréis perdido el tiempo y una oportunidad preciosa de cambiar a mejor.

En el ámbito de la gestión esos sacrificios personales pueden ir ligados a tener más dedicación de la actual, a aceptar traslados para asumir responsabilidades en nuevos negocios, a cambiar de responsabilidad, a aceptar un puesto de trabajo con un directivo no familiar sobre ti y reportarle, a reducir tu retribución o a alinearla con otros trabajadores o directivos. En general aceptar y comprometerse con el “puesto de trabajo” que la empresa y la familia vean conveniente para ti, no será en ocasiones un asunto fácil. Debes entenderlo y después libremente, aceptarlo o no. Un sacrificio a menudo incómodo para los miembros de la familia que trabajan en la empresa es someterse a una evaluación de desempeño, y consecuentemente a que te impongan un plan de formación y/o de carrera. Es preciso comprender las implicaciones y el sentido positivo que la evaluación y la formación tienen para los familiares. Esta evaluación pese a ser una “carga” es un “derecho”, esto es, una legítima exigencia de que ayudemos a mejorar a ese familiar concreto.

En el ámbito del gobierno o “toma de decisiones”, no será fácil comprender y asumir el cambio hacia fórmulas de gobierno “colegiadas”. A partir de ese momento, no podremos decidir solos … o sin luz y taquígrafos. No será fácil, someter nuestra agenda a las de los demás, ni será mucho menos cómodo priorizar las reuniones de consejo sobre nuestros cometidos y preocupaciones del día a día. Sé consciente de que no te darán siempre la razón en las discusiones y, en ocasiones, te la quitarán y te dejarán en evidencia. También algunas veces te apoyarán e incluso te felicitarán por tus aportaciones.

Los propietarios o accionistas, ya no podrán ser espectadores pasivos o meros perceptores de dividendos periódicos. Tendrán que asumir algunos roles más activos en los consejos de familia o en las juntas de accionistas. Mantener más reuniones y trabajar para difundir la información y fomentar la participación en las necesidades empresariales. También tendrán que trabajar con los miembros de la familia no accionistas, bien familiares políticos, bien con los jóvenes que en su día cogerán el testigo.

Sólo “conociendo” el porqué de estas exigencias y habiéndolas comprendido y aceptado será posible el concreto compromiso de cada familiar con su plan de acción a llevar a cabo en desarrollo del Protocolo Familiar. Ese conocimiento, es el fundamento de la respuesta responsable de cada familiar a esas exigencias. Quien sabe el porqué y acepta esas exigencias, comienza a querer libremente y en persona, esa unidad que supone el Protocolo Famliar. Podrá vivirlo también libremente.

Autor Carlos Arbesú Riera

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