Me gusta como escribe Peyró. No lo conozco en persona, pero tiene un estilo fácilmente identificable que hace de sus lecturas un placer continuo. Los grandes vecinos del barrio del campo me regalaron su biografía de Julio Iglesias. Algunas citas:
"¿Cómo no iban a encontrarse Julio Iglesias y el Real Madrid, el Real Madrid y Julio Iglesias, los únicos productos universales de la derecha madrileña?
El padre de Julio se ralla porque el niño se ha ido a Inglaterra en el verano de 1965 "por la misma razón por la que lo haría todo padre: el chico no pedía dinero, si el chico no me pide dinero -pensó- es que se anda en algo".
Un tema interesante: cuando llega la movida madrileña, él ya no necesita para nada al público español.
La liberación del padre: "había efectivos como para hacer un rescate en Trasmoz y después proceder a la invasión de Portugal. Hablamos de treinta GEOs, cuarenta inspectores de la Policía Nacional, dos secciones del Grupo Antiterrorista con un total de sesenta hombres, además de veinticinco guardias civiles de los cuarteles de la zona,"
En 1983 España recibió a Julio Iglesias como si hubiera sido el Plan Marshall que nunca recibió. Solo le faltaron honores de jefe de Estado, aunque el año se inauguraría con el chupinazo de una visita al rey Juan Carlos, este sí jefe de Estado, en la Zarzuela. No había que ser el profeta Ezequiel para adivinar que ambos iban a llevarse. Como es costumbre en la aristocracia española, don Juan Carlos es un hombre notablemente incómodo ante la inteligencia abstracta, y Julio encarnaba un arte inocuo en cuanto a pretensiones cultistas: no era un poeta místico o un novelista tostón, sino algo que el rey reconocía y admiraba, un muy mundano triunfador por sus cojones. Ambos compartían intereses espirituales similares, centrados en el vino y las titis; ambos —y esto el rey lo valoraba— eran la cara risueña de la nueva España ante el mundo y ambos, en fin, estaban en la plenitud de su edad y su poder. Por si fuera poco, Julio acertó al regalarle un cachorro de león —de nombre Hey!— y no un incunable. El país, su rey y su cantante vivían sus años de romance. Quien no haya conocido esa España no diré que no ha conocido la alegría de vivir, pero sin duda se ha perdido un pellizco
Julio y el sexo: uno puede verse o no verse sex symbol pero el único veredicto que importa a este respecto es el de los demás y julio, como dijo uno de sus jefes de prensa, no contaba las mujeres con las que se había acostado, sino las mujeres con las que no se había acotados.
Más sexo: Otras veces, cuentan, las fans directamente «golpeaban la puerta y preguntaban: “¿Terminaste? ¡me toca a mí!”». En los muy infrecuentes casos en los que no había plan, se encontraba uno pronto: «dile a esa chica si quiere cenar conmigo». El equipo no se quejaba: bien podía ocurrir que, según expresión de Garea, a alguno le cayera el reintegro.
Y expresiones como ignoramus, ignorabimus que no conocía.
