Revista Sociedad

En defensa de los sindicatos

Publicado el 29 septiembre 2010 por Felipe @azulmanchego
NO ESTOY AFILIADO a ningún sindicato, aunque siento por ellos un gran respeto y admiración desde hace mucho tiempo. Ya sé que mi elogio hacia las centrales puede ser una gota en un océano, pero me apetecía decirlo hoy en plena huelga general y tras varias semanas de furibundos ataques contra las centrales. El linchamiento hacia los sindicatos, esa panda de vagos y maleantes, según acabo de leer hoy mismo, no es ni mucho menos nuevo. No ha surgido de forma espontánea, aunque ha sido en las últimas semanas cuando ha adquirido unos tintes preocupantes.
En los sindicatos, como en la política o el periodismo, hay aspectos manifiestamente mejorables, sin que esto pueda servir de excusa para descalificar una actuación que se me antoja necesaria. Imprescindible, diría yo, para plantarle cara, entre otras cosas, a la dictadura de los mercados. Dejamos aquí escrito, y mantenemos, que las centrales también necesitan modernizarse y ponerse al día, posiblemente lo mismo que los partidos políticos y los medios de comunicación. Claro que una cosa es adaptarse a los nuevos tiempos y revisar lo que haga falta y otra bien distinta es ese linchamiento alentado por liberales y neocon.
Y digo que me apetecía decirlo en este 29-S porque, aún a riesgo de repetir una obviedad, los derechos laborales que disfrutamos todos no cayeron como lluvia del cielo sino que fueron arrancados gracias a la lucha sindical. Antes les acusaban de pasividad frente a la crisis y ahora que enseñan los dientes son unos desharrapados indeseables, unas sanguijuelas que no paran de chupar subvenciones y regalías. Esta es la peligrosa mecha que, con toda la intención del mundo, ha encendido el gobierno del PP en Madrid. Claro que puede haber delegados con mucha cara dura y que hay que introducir criterios de transparencia para evitar abusos, por supuesto que sí, pero otra cosa bien distinta es esta caza de brujas cuyo fin último es socavar la representación de los trabajadores. Puestos a meter la tijera, habría que hacer lo propio con los "liberados políticos", más conocidos como asesores, o con las subvenciones a los partidos, o a la Iglesia católica, o a los empresarios... en fin, que en todas partes cuecen habas.

Visto lo visto con el recorte de derechos laborales puesto en marcha por un gobierno que se dice de izquierdas y ante la que se nos viene encima con el sistema público de pensiones, los sindicatos no tenían otra opción que hacer lo que están haciendo hoy. Es muy posible que si los sindicatos no se hubiesen dejado querer tanto por Zapatero no hubiéramos llegado a este extremo, quién sabe, el hecho cierto es que la huelga está en marcha y que sobran motivos.


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