Revista Opinión

En días como hoy

Publicado el 23 noviembre 2016 por Javier Jiménez @JavierJimenz

lluvia

En días como hoy se me viene a la cabeza Pérez Rubalcaba. Y no por lo gris del momento, que también, sino porque el exministro no era el tipo con el que me apeteciera cerrar un bar. Vamos que no era un cascabel, o al menos a mi no me lo parecía. Y aún así me acuerdo de él. Sobre todo por una de esas frases que los periodistas guardamos en ese rincón perdido de la memoria del que en algún momento siempre acabamos echando mano.

Rubalcaba decía que los españoles somos gente que enterramos muy bien, y es verdad. De siempre la muerte nos hizo ser muy respetuosos. Más aún si el óbito llegaba por sorpresa y la noticia nos pillaba con el cadáver aún caliente. Entonces, con la mirada gacha y el gesto circunspecto, siempre encontrábamos una palabra de ánimo para sus deudos. El pésame más que un sentir es una forma de cortesía, de ponerse en el lugar de quien soporta la pérdida y de honrar al fallecido. Al menos así era hasta que los enterradores cambiaron las palas por el Twitter y la arena por el odio hacia quien no piensa como ellos. Lo hemos vivido con Víctor Barrio y con Adrián, el niño enfermo que quiere ser torero. Pero hoy las cosas han ido un poco más allá. Hoy ya no se han ocultado tras 140 caracteres. Hoy han querido que les viéramos vomitar su odio y su irresponsabilidad.

En días como hoy pienso en los padres. En los del muerto por razones obvias, pero también en los del odiador. La verdad es que me gustaría sentarme a charlar con los Iglesias-Turrión y preguntarles en qué momento se les fue esto de las manos. En qué momento Pablo, que seguro era un niño encantador, se convirtió en ese tío permanentemente encabronado al que no le duele verter bilis sobre un muerto y reconocerse orgulloso de ello en un inexplicable alarde de su falta de catadura moral.

En días como hoy también me acuerdo de la democracia y de recordarles a los que creen que quienes no les sigue las consignas no merecen respeto ni después de muertos, que a Rita Barberá los valencianos la refrendaron seis veces como su alcaldesa y que también la castigaron en las urnas cuando perdieron la confianza. Porque es ahí donde se pasa factura a los políticos y no en las redes sociales.

En días como hoy me vuelvo a preguntar: pero este tal Pablo, ¿con quién ha empatado?


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