Revista Cultura y Ocio

En la mente de Tarantino – @Imposibleolvido

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

-Ya empezó la temporada alta, Olvido. Tenemos que echar horas extras, no puedo permitirme contratar más personal por ahora. Es lo que hay. No pienso hablar más sobre el tema.

Así contestó mi jefe a mi negativa de tener que entrar a trabajar dos horas antes de lo habitual. Esas fueron sus últimas palabras.

08:00h. Abro el restaurante por la puerta de atrás. Sola. Desactivo la alarma y vuelvo a cerrar la puerta tras de mí con llave. Me cambio de ropa en el vestuario sin molestarme siquiera en encender las luces. No hay nadie más en todo el local.

08:15h. Bajo al almacén. Compruebo que las cámaras están funcionando correctamente mientras me anudo el mandil. Cojo uno de los carros y me meto en la cámara de la carne. Ayer me encargué personalmente de cerrarla con llave. Abro. Lo veo allí, aún lleva las gafas puestas. Ni el rigor mortis ha conseguido suavizar la expresión de locura de su rostro. Me río. Arrastro el cajón hasta colocarlo sobre el carro neumático. Dejo un reguero de sangre hasta la mesa de corte que tenemos en el centro de la estancia.

Saco ceremoniosamente de su estuche mi cuchillo de corte. Empiezo el despiece. No sé porqué lo hago como si de un cerdo se tratase, ironías del destino… ¿quién le iba a decir que acabaría bajo la hoja de mi cuchillo?.

Cabeza, Orejas, Pecho, Costillas, Panceta, Manos, Codillo, Paletas, Jamón, Magro, Falda y Rabo. Voy cortando, separando y desechando trozos de carne y hueso mientras tarareo “Twisted Nerve”. No hay nada más en el mundo, sólo la hoja de mi cuchillo, el juego de mi muñeca y ese ritmo endiablado en mi cabeza.

09:40h. Escucho el sonido de unos pasos bajando la escalera. El nerviosismo, de repente, me paraliza por completo, siendo consciente del sudor que perla mi frente y  mi espalda, de los latidos que retumban en mi pecho rítmicamente…

-¡Buenos días, Olvido!, ¡wow, con esa cara y el cuchillo en alto… cualquiera diría que has matado a alguien!-Se da la vuelta riéndose y escucho sus pasos subiendo por la escalera, alejándose.

No puede ser, simplemente no puede ser, ¡Mi jefe!, entonces… ¿qué demonios he hecho?

Bajo la mirada, asustada, para comprobarlo. Todo lleno de sangre y restos de grasa. Miro a los cubos, repletos de carne. El contenedor de basura que tengo a mi derecha repleto de huesos.

Risa. Risa histérica. Acabo de hacer el despiece de media ternera en canal.

Creo que por unos momentos mi mente ha sido escenario de una de las películas de Tarantino.

Subo a cocina, me lavo las manos en el fregadero y al secármelas en el mandil, noto algo en el bolsillo delantero. Meto la mano, palpo, parece algo de cristal. Lo saco lentamente con las pulsaciones retumbándome en el cuello. Miro asustada lo que sujetan mis dedos… Sus gafas.

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