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En las nubes - Ian McEwan

Publicado el 07 diciembre 2018 por Macarena
En las nubes - Ian McEwanEn las nubes de Ian McEwanEditorial: AnagramaPublicación: 1994En sus breves 160 páginas Ian McEwan nos deja presenciar en 6 situaciones diferentes espacios de la niñez relacionados específicamente con la imaginación. En estas situaciones, el personaje de Peter Fortune nos cuenta diferentes momentos de su niñez, en los cuales vivió diferentes metamorfosis y aventuras. Ian McEwan utiliza la lógica kafkeana para lograr en su personaje principal, Peter, un niño de diez años, se vea presentado en diferentes situaciones de descubrimiento y cambio, que quedan contenidas en la idea de la estrecha relación entre la niñez, la imaginación y el juego. (Tienen que tener presente que dentro de la conciencia general la niñez siempre está relacionada con la idea de juego, naturaleza, lo animal, etc. El niño siempre está en estrecho contacto con su parte más "animal" mientras que el adulto es pura razón y ya no tiene contacto con ella).
Durante el libro estas tres instancias de mymesis aristotélica (la idea de poder imitar o simular estados anímicos, situaciones, etc. propias de lo lúdico, el juego y las artes) que atraviesa el protagonista dejan el espacio de la duda y el silencio de lo fantástico que hace de la lectura de En las nubes una lectura medianamente reflexiva. Sin embargo, frente a la repetida formula de la transformación del personaje y su vuelta al “mundo real”, se termina tornando monótono y predecible.

La voz de Peter Fortune a sus diez años esta especialmente vinculado el espacio de recreación a la imaginación y la curiosidad.
Peter es un niño extraño a los ojos de los adultos porque no se comporta con la hiperactividad de un “niño normal” sino que vivencia todo a través de su imaginación. Esta idea de niñez relacionada especialmente con el espacio de juego mediante la imaginación puede verse en producciones como Puente a Terabithia, la película de 2007 dirigida por Gábor Csupó, basada en el libro homónimo de Katherine Paterson publicado en 1977, en donde se narra la historia de Jesse y Leslie un par de amigos que viven en una zona rural de Estados Unidos y pasan sus tardes después del colegio en Terabithia, el reino inventado por ellos dentro del bosque frondoso detrás de sus casas.
En la película se puede ver especialmente la relación entre la niñez y la mymesis del juego en la infancia, el simular, el pretender ser, como así también la relación de la naturaleza y lo animal con la infancia (tradicional).
En Puente a Terabithia se puede ver aún más este espacio de “ser niño” al escapar al mundo de la imaginación por la fuerte ruptura que Jesse, el punto de vista narrativo, tiene al volver a su casa. Su familia es humilde y en su casa no hay mucho espacio para la recreación. Mientras que Leslie, por otro lado, carece de este espacio de recreación por diferentes motivos (que es hija única y no tiene nadie con quien jugar ya que sus padres están ocupados).
En una escena de Puente a Terabithia, el padre de Jesse le pide en un momento de exabrupto por un gasto de dinero inesperado que “quite sus cabezas de las nubes” (“get your head out of the clouds”), un lindo juego de palabras y coincidencias que se hace con En las nubes, penalizando ese momento de mymesis, de juego, que en la vida de Jesse no puede tener porque hay más cosas de las que preocuparse. A diferencia de En las nubes, en Puente a Terabithia este espacio de juego no esta regido por una lógica kafkeana de metamorfosis sino por el uso tradicional del umbral de paso a otro mundo, al mundo de la imaginación a través de la “soga mágica” que les permite a los niños cruzar un rio. El espacio que se da la imaginación en En las nubes al protagonista, sin embargo, es un lugar más de exploración y empatía, mientras que en Puente a Terabithia es un lugar de socialización, empoderamiento y finalmente de catarsis para el protagonista y el espectador.  En Donde viven los monstruos (2009) de Spike Jonze, basado en el libro homónimo de Maurice Sendak, agrega y complejiza el trabajo de Maurice Sendak como autor, pero al mismo tiempo lo deja sin espacio para la interpretación. La relación entre Max y los monstruos (en la película) retoma esta idea preconcebida que el niño está unido a la naturaleza, a lo primitivo, lo fuera de control (adulto) y lo excesivo.
Donde viven los monstruos cuenta la historia de Max que tiene problemas para controlar sus emociones, especialmente la ira, y durante una pelea con la madre escapa de su casa y llega a este lugar donde viven los monstruos. Una vez allí los monstruos lo quieren atacar y él se defiende contándoles que tiene poderes, por lo que comienzan a temerle y lo declaran su rey. Durante varios días (o eso parece) Max vivirá con los monstruos en un constante espacio de juego. A través de su imaginación Max logra empoderarse y afrontar sentimientos como la soledad y la idea de la muerte, aunque la ejecución de la película sea un poco pobre. Dentro de su pobre realización narrativa, Donde vive los monstruos hace un trabajo más interesante en la exploración de estás ideas que En las nubes.
Un gran ejemplo de esta construcción es Un monstruo viene a verme (2017) de J.A. Bayona, adaptada de su novela homónima de la idea original de Siobhan Dowd y escrito por Patrick Ness publicada en 2011.
En ella se genera una situación similar a la de Puente a Terabithia que se logra plasmar mejor que Donde viven los monstruos.
Connor O’Malley es un chico de 12 años que experimenta la misma pesadilla una y otra vez hasta que un monstruo se aparece en su ventana que le propone contarle 3 historias a cambio de que luego Connor le cuente una. La madre de Connor está en tratamiento por quimioterapia. Connor “es un chico muy viejo para ser un niño, pero demasiado joven para ser un hombre” nos dice el narrador en voz en off al comenzar la película.
En esta película el paso de lo real a lo mágico se hace por un umbral temporal, el monstruo que lo visita siempre a las 12:07, y este momento es el espacio que Connor se da a si mismo para expresar sentimientos reprimidos. No es tanto un espacio de socialización como en Puente a Terabithia, ni de diversión ni empatía con los otros como en En las Nubes, sino de catarsis emocional y de empoderamiento frente a una situación que lo deja en un limbo entre la adultez y la niñez; específicamente siendo un niño de 12 años que está en esa transición obligado a crecer más rápido de lo que puede y a afrontar un sentimiento que no quiere dejar salir (que además lo separa de su “yo” adulto).
Una de las cosas a destacar es que el monstruo que lo visita es un “árbol viejo”, volviendo así a la idea de que niñez y naturaleza están ligados (Idea que no aparece tan representada en las hojas de En las Nubes, por suerte).
Durante las tres historias que el monstruo le cuenta a Connor, él se permite simular (mymesis) las emociones contenidas en las historias, aunque al principio no las entienda. Estas historias preparan al personaje para afrontar la cuarta historia que él tiene que contar, su verdad, pero también su pesadilla. 

Tanto En las nubes como estas tres películas vienen de una tradición de historias infantiles donde la imaginación o la ensoñación son parte clave del crecimiento del personaje, como Wendy y sus hermanos en Peter Pan[1]
Especialmente la idea de que el traslado de lo real al mundo “del juego” que ocurren en Puente a Terabithia y Un monstruo viene a verme. Como dato de color que me pareció gracioso, Un monstruo viene a verme que tiene una conexión particular con Peter Pan en el hecho de que Peter Pan en sus primeras puestas en escena como en algunas de las posteriores adaptaciones cinematográficas, el actor del padre de Wendy (quien podríamos decir es el villano del libro por querer hacer que Wendy y sus hermanos crezcan y se conviertan en adultos) también interpreta al Capitán Garfio, el gran villano de la historia. Este detalle no era originalmente parte del guion, cuenta María Tatar en la edición del centenario de Peter Pan introducida y anotada por ella, pero que le dio un significado extra a la historia. Esto mismo ocurre con Liam Neeson, quien le da voz al monstruo, durante la película se puede apreciar una toma en donde se ve a Liam Neeson en una foto familiar que lo “convierte” en el abuelo de Connor, lo cual deja mucho para pensar que simboliza el monstruo, tanto en la vida d la madre como en la de Connor. 
En las nubes  carecen de una verdadera profundidad emotiva, el protagonista solo crece en el sentido estricto del tiempo y la biología, no hay un crecimiento madurativo en él como personaje, no genera empatía ni emoción. Ian McEwan intenta evocar, aunque falla, “una historia que se permite el placer del amor de un niño por el juego, pero también captura nuestro trágico conocimiento como adultos de la mortalidad y la fugaz naturaleza de los placeres de la infancia”[2] que J.M. Barrie logró en su momento con Peter Pan y que las películas que mencionamos también logran.



[1] Otros ejemplos: Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Caroll, El Maravilloso Mago de Oz de L. Frank Baum, Las crónicas de Narnia de C.S. Lewis, etc. [2]J. M Barrie, The Annotated Peter Pan, the Centennial Edition, edited with an Introduction and notes by Maria Tatar.  W. W. Norton & Company, London, Great Britain, 2011.Maria Tatar sobre Peter Pan en la edición de aniversario anotada por ella.
“…a story that indulged the child’s love of play yet also captured our adult tragic awareness of mortality and the fleeting nature of childhood pleasure”. P65
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