Magazine

En los márgenes de la Patria

Publicado el 30 marzo 2021 por Pailov7994

La expansión de los turcos por todo el Mediterráneo Oriental provocó la creación de una sociedad multiétnica y multirreligiosa en la que, si bien predominaba el Islam practicado por los sultanes, las demás creencias gozaban de una tolerancia relativamente más alta de la que tenían las minorías religiosas en el resto de Europa.

Esta sociedad se articuló bajo el sistema de los millets, que consistían en el gobierno de cada comunidad por su respectiva iglesia. De esta manera, los líderes religiosos se convirtieron también en líderes políticos. Ello provocó la identificación entre identidad étnica o nacional con la afiliación religiosa. Ejemplo de ello es que aquellos a quienes los armenios llamaban “francos” no eran realmente franceses o europeos, sino gentes de habla armenia pero pertenecientes a la Iglesia Católica, no a la Iglesia Apostólica Armenia.

En un principio, hubo movimientos nacionalistas que intentaron eliminar esta identificación. Los nacionalistas armenios, por ejemplo, juzgaban a la Iglesia Apostólica como una institución conservadora, que había colaborado con las autoridades otomanas en el sometimiento de su pueblo. Sin embargo, hasta los más anticlericales acabaron dándose cuenta sobre finales del siglo XIX del potencial de la Iglesia para servir como instrumento para preservar la conciencia nacional y avanzar hacia la liberación de Armenia.

Desde entonces ha continuado la identificación de la nación armenia con su iglesia. Otros países del Imperio Otomano han hecho esta ecuación. Ya desde tiempos del Imperio Bizantino, cuando los católicos se mostraban como rivales más peligrosos incluso que los turcos, los intelectuales griegos consideraban que defender su religión era también defender el helenismo.

Como en otras partes del Imperio, los sultanes dotaron a la Iglesia Griega de numerosos privilegios y funciones políticas y administrativas, lo que contribuyó a que esta se convirtiera en la principal fuente de identidad entre los helenos.

En los márgenes de la Patria
Mosaico que representa al Patriarca Gennadios II y el Sultán Mehmed II, quien permitió al Patriarcado Ecuménido de Constantinopla permanecer activo

Sin embargo, la realidad no es tan sencilla y las identidades étnicas y religiosas no tienen por qué coincidir. Ejemplo de ello es la etnia albanesa, que cuenta con miembros de tres religiones distintas, católicos, musulmanes y ortodoxos, por lo que el nacionalismo albanés ha tenido que hacer enfásis en otras cuestiones como el pasado ilirio o la lengua albanesa.

La participación de muyahidines en la guerra de liberación de Kosovo en los años 90, sin embargo, demuestra que la identificación entre el Islam y la causa albanesa no es algo tan descabellado.

La situación se complica todavía más con la existencia de un buen número de minorías cuyas afiliaciones lingüísticas, religiosas, nacionales… no se corresponden a lo que aquellos movimientos nacionalistas hubiesen esperado en un principio.

Estas minorías, debido a su limitado tamaño, raramente se han constituido en estados independientes, por lo que situación ha estado ligada a un contexto político más amplio. En consecuencia, su identidad ha sido disputada por las naciones entre las que conviven.

La política de vincular la identidad griega con la pertenencia a la Iglesia Ortodoxa predicada por el nacionalismo heleno acabó teniendo repercusión en algunos de estos grupos. Destaca el caso de los karamanlides, turcófonos que vivían en Capadocia entre poblaciones musulmanas, pero que practicaban la fé ortodoxa.

La falta de oportunidades en aquella tierra llevó a muchos karamanlides a emigrar, sobre todo a grandes centros comerciales como Constantinopla. Allí entraron en contacto con comunidades griegas que habían sido influidas por la ideología del nuevo estado heleno. Una vez habían hecho algo de dinero y volvían a su tierra predicaban las ideas nacionalistas por medio de periódicos publicados en lengua turca, como el Anatoli o el Terakki.

En los márgenes de la Patria
Vesrión karamanlida del Nuevo Testamento. El turco karamanlida se escribe con el alfabeto griego

El auge del nacionalismo griego entre estas gentes sería más tardío, pero la discriminación sufrida por el régimen de los Jóvenes Turcos o la guerra greco-turca generarían una mayor conciencia nacional. Efectivamente, serían considerados como griegos por las autoridades turcas y helenas en el momento de los trasvases de población efectuados al término de la guerra, por lo que los karamanlides serían expulsados a Grecia, donde han continuado usando su lengua y manteniendo una identidad propia, expresada en diferentes eventos y festivales.

A veces estas minorías, para justificar su pertenencia a la nación con la cual comparten religión, llegan a aceptar mitos históricos que, si bien no son necesariamente ciertos, sirven para tal cometido. Ejemplo de ello sería la historiografía estatal turca sobre los hemshin, musulmanes de habla armenia del noreste de Anatolia. La versión oficial los considera descendientes de un pueblo túrquico, que pasaron a hablar armenio debido a las circunstancias históricas.

Estas afirmaciones empezaron a realizarse en el período inicial de la República de Turquía, en el contexto de otras teorías extravagantes, como la Güneş Dil Teorisi (Teoría de la lengua solar), que hacía descender a todas las lenguas del mundo del antiguo túrquico.

En concreto, sobre 1933 M.Riza, un oficial del ejército, publicó un libro en el que afirmaba que los hemshin eran descendientes de los antiguos hititas, que según él eran túrquicos, pero que con la llegada del cristianismo adoptaron la lengua de sus vecinos armenios. Con la llegada del islam, por tanto, recuperaron su turquidad.

En los márgenes de la Patria
La guerra greco-turca conllevó el trasvase de numerosas poblaciones entre Grecia y Turquía. En la imagen niños regugiados griegos y armenios en Atenas (Fotografía de la Frank and Frances Carpenter Collection, 1923)

El autor más importante en este sentido fue M.Fahrettin Kirzioglu, quien sobre los años 60 intentó convencer al público de que los hemshin descendían de una tribu túrquica del Jorasán, mediante una serie de dudosas correspondencias fonéticas y afirmaciones históricas.

A pesar de los defectos de estas teorías, han sido aceptadas por otros historiadores turcos, así como por los propios hemshin, que han abandonado la identidad armenia a favor de la nación turca, especialmente aquellos más ligados a las estructuras estatales, como funcionarios, mientras que pastores, más independientes del estado, o mujeres, que no han hecho el servicio militar, suelen reconocer con mayor frecuencia su origen armenio.

Los hemshin no son una excepción, sino que a otras etnias musulmanas se les ha atribuido un origen túrquico por parte de intelectuales turcos. Aquí podemos incluir a los pomacos, musulmanes de habla búlgara que viven en Tracia, y que según estas teorías descenderían de tribus como los cumanos, asentadas en el territorio antes de la llegada de los otomanos.

La asimilación de los hemshin al relato nacional turco no implica que el estado no pueda ejercer cierta represión cultural sobre estos. Hechos como el cierre del diario Asit o la apertura de un proceso judicial al cineasta Özcan Alper por su película Momi, rodada en el dialecto hemshin de Hopa, demuestran lo contrario.

Los estados balcánicos, especialmente Grecia, han intentado ganarse para sí a minorías étnicas con las que comparten religión en territorios relativamente lejanos. Es el caso de los gagauzos del sur de Moldavia, que hablan turco y practican la ortodoxia griega.

En los márgenes de la Patria
Iglesia de Svetlii, en Gagauzia (Fotografía de Gikü, 2015)

Desde Grecia se han llevado a cabo numerosas iniciativas en relación a este pueblo, sea desde el estado, sea desde organizaciones no gubernamentales (Aunque algunas de ellas cuentan con el apoyo estatal). Entre estas actividades se incluyen la promoción de la enseñanza del griego, con profesores aprobados por el Ministerio de Educación de Grecia, financiación para la construcción de iglesias o el envío de misioneros.

Aquí se establece una conexión entre diferentes minorías a favor de los intereses griegos, pues para estas misiones se han empleado a karamanlides, que al igual que los gagauzos son de religión ortodoxa y habla turca.

El interés de Grecia por Gagauzia puede deberse al hecho de que Turquía también intenta ganarse para sí a este pueblo. Si los gagauzos adquiriesen una identidad turca, la pertenencia a la Iglesia Ortodoxa Griega y la identidad nacional griega quedarían desvinculadas por uno de los principales rivales del estado heleno, lo que sería un duro golpe a su relato nacional.

Y es que a veces el nacionalismo puede poner el énfasis en la lengua más que en la religión a la hora de demarcar las nacionalidades. Ya hemos mencionado como los karamanlides fueron atraidos por el nacionalismo griego, sin embargo hubo también un buen número de ellos que se sintieron atraidos por la causa turca.

De esta manera, el movimiento del Papa Eftim ganó adeptos entre los ortodoxos de la Capadocia. Este obispo ortodoxo consideraba que los griegos de Constantinopla habían puesto en peligro a los cristianos de Anatolia al apoyar al nacionalismo griego, convirtiéndolos en enemigos del estado turco, cuando las autoridades otomanas habían respetado a la Iglesia Ortodoxa. Por ello, se decidió a crear la Iglesia Ortodoxa Turca, con la que los fieles serían despojados de su identidad griega y asimilados en la nación turca, por lo que las reivindicaciones griegas perderían legitimidad.

En los márgenes de la Patria
Fotografía del Papa Eftim, creador de la Iglesia Ortodoxa Turca, 1919

También se da el caso de que una nación cristiana busque integrar a una minoría musulmanas. En el caso del nacionalismo búlgaro, la pertenencia a esta patria estaba unida a la práctica del cristianismo ortodoxo. Ello dificultaba claramente la asimilación de los pomacos residentes en Bulgaria, quienes hasta 1905 eran considerados como turcos en los censos nacionales.

Para terminar con esta contradicción, se dieron una serie de campañas de conversiones a lo largo del siglo XX, empezando con las que se dieron en el contexto de la Primera Guerra Balcánica, en 1912, siguiendo con las de 1937-1944 y finalizando con las de 1971-1974. Estas últimas solo fueron revertidas a partir de la caída del régimen comunista en 1989.

Los nacionalista búlgaros han considerado a los pomacos no como una etnia separada, sino como búlgaros de fé musulmana, que fueron convertidos por autoridades extranjeras, por lo que sería necesario convertirlos al cristianismo para devolverlos plenamente a la nación búlgara. Para ello señalan entre otras cosas que la lengua de los pomacos es un dialecto búlgaro que ha retenido numerosos elementos arcaicos.

Algunos autores búlgaros, como Cicovski, sin embargo, deunciaban la incapacidad de las autoridades de distinguir entre musulmanes turcos y búlgaros, y señalaban que la discriminación hacia ellos era solo una forma de que emigrasen y conseguir sus propiedades a bajo precio.

Grecia, por el contrario, ha seguido otra estrategia con respecto a los pomacos. Es cierto que estos no comparten ni lengua ni religión con la mayoría de los griegos, pero aún así los intelectuales nacionalistas griegos han encontrado formas de relacionarlos con la Hélade. En concreto han hecho referencia a estudios genéticos y características físicas que los emparentarían con los heleno-tracios de la antigüedad. Además, ciertas características de su lengua, como la presencia de numerosos verbos de raíz griega, han sido empleados en un sentido similar.

En los márgenes de la Patria
Mujer pomaca en Lovech (Fotografía de Kimek Kuman, 2017)

Esta clase de propaganda no ha sido el único medio por el que Grecia se ha acercado a los pomacos. Por el contrario, también ha tomado acciones concretas encaminadas a poner de su parte a los musulmanes conservadores, explotando así sus diferencias con la secular República de Turquía. Estas medidas han incluido el reclutamiento de profesores pomacos educados en madrasas que contrarrestarían a los profesores educados en Turquía.

Cabe recordar que, a diferencia de Turquía, Grecia sí aplica la ley islámica entre sus ciudadanos musulmanes, hasta 2018 de forma obligatoria, siendo ahora opcional.

Grecia ha intentado también utilizar para sus propios intereses a las comunidades griegas del Ponto, en el norte de Turquía, de fé musulmana. En 1990 apareció por primera vez un artículo llamando la atención sobre estas comunidades, y pidiendo incrementar la presencia del estado heleno abriendo un consulado en áreas donde vivan estos griegos, promoviendo los viajes de asociaciones de griegos pónticos residentes en Grecia hasta esas regiones o incrementando las emisiones del ERAS (Emisora de radio estatal destinada a la diáspora griega).

También los políticos han hecho referencia a estas minorías para justificar así que el Ponto no es una tierra perdida para los griegos, sino una tierra aún oprimida por Turquía. Cabe destacar que muchas de estas retóricas consideran a estos helenos no tanto como musulmanes, sino más bien como criptocristianos, que fueron forzados a convertirse al Islam por los otomanos.

El interés griego por el Ponto no se ha quedado meramente en la retórico, sino que en los años 1990 se llevó a cabo un programa mediante el cual entre 30 y 87 musulmanes fueron llevados a Grecia como estudiantes. Estos habrían de servir para provocar un renacer de la conciencia nacional en su país de origen.

En los márgenes de la Patria
Vista de la zona de Of, en Trebisonda, donde aún viven hablantes de griego póntico (Fotografía de Selehattin Sezeroglu, 2013)

Esto acabó llegando a oidos turcos, que llegaron a detener a uno de esos estudiantes. Incluso se esparcieron rumores de que en el Ponto se estaría preparando una guerra de guerrillas contra la República de Turquía.

Puede parecer, en suma, que estas minorías se identifican necesariamente con una de las naciones existentes, sin embargo, existen casos en el que estas deciden seguir su propio camino. Para explicar su propio origen los pomacos se han considerado a si mismos como descendientes de antiguos tracios que se habrían convertido al islam sobre los siglos VII y VIII, o de soldados sirios relocados por el Imperio Bizantino durante sus guerras contra el Califato.

De esta forma, los pomacos tendrían una afiliación étnica diferente tanto de los búlgaros, como de los griegos, como de los turcos. No es esta la única minoría musulmana de los Balcanes que se ha forjado una identidad propia, sino que tenemos también el caso de los torbeshi en Macedonia del Norte.

Los torbeshi son una comunidad de habla eslavomacedonia y de fé musulmana, que habita sobre todo en las regiones occidentales de Macedonia. Este pueblo ha buscado ser reconocido como una nacionalidad propia dentro del país, al igual que albaneses, valacos o turcos.

En este sentido, la Declaración Torbeshi, publicada por el centro cultural torbeshi Rumelia en 2011, señalaba a estas gentes como un pueblo diferenciado de los macedonios, y descendientes de las comunidades bogomilas de la región, que más adelante se conviertieron al islam. Además apoya su argumentación en particularidades sobre la lengua y las costumbres de los torbeshi.

En los márgenes de la Patria
Bandera macedonia en una celebración torbeshi en el puelo de Gorno Kosovrasti (Fotografía de Mario Sharevski, 2010)

A veces la creación de una conciencia propia ha venido promovida por otras potencias. Es el caso de la Unión Soviética y los gagauzos. Aquí se buscaba cortar los vínculos entre dicha etnia y Grecia o Turquía, para así evitar posibles injerencias.

Los gagauzos pueden considerarse una de las minorías balcánicas más exitosas en lo que se refiere a la creación de una identidad propia, pues cuando cayó la URSS llegaron a proclamar la independencia. Si bien esta fracasó, lograron integrarse en Moldavia como una región autónoma.

Como hemos visto, estas minorías repartidas por los territorios del antiguo Imperio Otomano, cuentan con afiliaciones lingüísticas, religiosas, étnicas… que hacen que sean disputadas por nacionalismos de signo contrario, o que por el contrario impongan su propio camino. Estas realidades, en suma, ponen en cuestión a las diferentes ideologías nacionalistas de la región, que predican la existencia de naciones puras y homogéneas.

BIBLIOGRAFÍA

  • “The Hemshin: History, society and identity in the Highlands of Northeast Turkey” de Hovann H. Simonian
  • “Religion and Armenian National Identity: Nationalism Old and New New” de Vigen Guroian
  • “Religion and National Identity in the Greekand Greek-Cypriot Political Cultures” de Nikolaos Chrysoloras
  • “Well-Preserved Boundaries: Faith and Co-Existence in the Late Ottoman Empire” de Gülen Göktürk
  • “History and Identity Among The Hemshin” de Hovann H. Simonian
  • “The discovery of new Greeks. The cases of Gagauz in Moldova and “Pontians” in Turkey” de Lambros Baltsiotis
  • “Pomak Language Usage and the Spell of Nationalism: The Case of the Pomaks in Greece” de Vemund Aarbakke
  • “Social Construction of Identities: Pomaks in Bulgaria” de Ali Eminov
  • “Macedonians of Islamic Religion in the Context of Identity Theories” de Katica Kulavkova

Si este artículo te ha parecido interesante, puedes dejar aquí una propina: paypal.me/pailov7994


Volver a la Portada de Logo Paperblog