Llega el otoño y, con él, una de las palabras más temidas últimamente: entretiempo. Es ese momento del año en el que todavía no hace frío (o no tanto, por lo menos), pero tampoco hace ya calor. Sin embargo, un día te despiertas y hace un sol tremendo. Sales de casa y, en algún momento del día, te caerá una lluvia de campeonato encima. Y aquí llega el grave problema: ¿qué me pongo? En este último mes, me he cruzado en un mismo día con personas luciendo estilismos asombrosamente diferentes en una misma situación: unos propios de ir a la playa y otros merecedores de los más gélidos días invernales.
La solución es mucho más sencilla de lo que pensamos. Viste aquello con lo que te sientas cómoda y se adecúe a la temperatura del momento. Nunca vayas sin una chaquetita, pero no te enfundes un abrigo de invierno. Y, sobre todo, evita aquellas prendas, colores y estampados que recuerden demasiado al verano. Debemos aceptarlo: tu moreno y los buenos recuerdos es lo único que queda de él, no intentemos alargarlo más.

Si se sabe enfocar, en el entretiempo cabe todo, pero combinado sutilmente. Aprovecha, es el momento de llevar faldas sin medias, esas botas altas que estabas deseando comprarte porque son el último grito y cualquier jersey, pero que no sea navideño. Dejemos a cada época su momento, por favor.

