
Garry Kasparov
«Tenemos que convencer a los rusos de que el imperio ha muerto»
Xavier Colás para Ethic, febrero de 2026
Garry Kasparov (Bakú, URSS, 1963) aprendió muy pronto que la clave del ajedrez no es mover piezas, sino anticipar al rival. Durante décadas fue «el ogro de Bakú», el prodigio gruñón que desafió la disciplina soviética, el campeón que veía las jugadas de Anatoli Karpov casi antes de que Karpov las imaginara. Lo demostró frente a los grandes maestros humanos y también frente a la máquina. Su pulso con Deep Blue no fue solo un duelo técnico, sino una declaración de principios: Kasparov quería entender el futuro antes de que el futuro lo entendiera a él. Ese mismo sentido para anticipar lo que va a pasar ha marcado su vida fuera del tablero. Cuando abandonó la competición y se convirtió en opositor al Kremlin, muchos pensaron que exageraba. Pero mientras Putin consolidaba su poder, Kasparov llevaba años avisando de que Rusia entraba en una deriva autoritaria que no se detendría en sus fronteras. Desde el exilio, su voz ha sido una de las que insistió en que Ucrania sería el objetivo central y que Europa pagaría caro cualquier gesto de complacencia.
