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Entrevista al Dr Luis F Leloir, 1961

Publicado el 30 agosto 2012 por Lilik
Entrevista al Dr Luis F Leloir, 1961
El instituto de investigaciones bioquímica (Fundacion Campomar), que dirige el Dr. Luis F Leloir, ocupa un local amplio y aparentemente adecuado en el Barrio de Belgrano (calle Obligado 2490).
Quienes tuvimos el privilegio de frecuentar el instituto en su época heroica, no podemos visitar los actuales laboratorios sin recordar el viejo predio de la calle Julián Álvarez 1719, donde se fundó el Instituto en 1947. Se trabajaba entonces con instrumental primitivo y escaso, y con muy pocas comodidades. El techo, por ejemplo, estaba calado de goteras, y cuando amenazaba lluvia había que cubrir extensas zonas con tela impermeable. Por otra parte, la biblioteca siempre fue excelente. El instrumental, cuando no se podía comprar, se improvisaba, como ocurrió con un ingenioso colector de fracciones, bautizado con el nombre de ferrocarril GENERAL CABIB, que todavía se usa.
Naturalmente, los modernos aparatos adquiridos más tarde permitieron trabajar con mayor eficacia y abordar aspectos que sin ellos estaban vendados. Pero lo esencial estaba presente tanto en el viejo como en el nuevo edificio; y lo esencial no son los instrumentos o locales sino los hombres, el tema de trabajo y los resultados.
El Dr. Leloir, no posee ni despacho ni escritorio de director. Nos recibe en el laboratorio, del que no deja de distraer fácilmente. Le contamos el propósito de nuestra visita y le advertimos nuestra intención de interrogarlos, no solo sobre su trabajo que se realiza en el instituto, sino también sobre la investigación en general y sobre la universidad. No existe en ciencia el equivalente del crítico de arte o el crítico literario, y el creador científico tiene pues que hacer, también, las veces de crítico.
Revista UBA- ¿ como se despertó, dr Leloir, su interés por la biosíntesis de los polisacáridos?
Leloir-ese tema no fue elegido deliberadamente, sino que fue impuesto por los experimentos. En el curso de otros estudios se aisló una sustancia que después resultó tener participación directa en la biosíntesis de oligo y polisacáridos.

Se puede decir que el tema nos buscó a nosotros y no nosotros a él.
Revista UBA-¿cree usted que ha sido un acierto el concentrare en un solo aspecto de la bioquímica, como han hecho ustedes, en lugar de intentar cubrir las distintas ramas de la misma?
-Leloir: cuando se inició el Instituto éramos pocos y teníamos escasos recursos. Llegamos a la conclusión de que sólo podríamos hacer algo si concentrábamos todo nuestro esfuerzo en el mismo punto. Tuvimos resultados satisfactorios con el método y desde entonces hemos continuado en la misma forma. Creo que cada vez será más indispensable concentrar la investigación y cada vez en un tema más restringido. No es que piense que es más divertido o mejor para el investigador, sino que es una exigencia que impone la complejidad creciente de las ciencias.
Revista UBA- ¿considerar usted ventajoso el trabajo de investigación en equipo?
-Leloir: todo mi trabajo de investigación lo he realizado en equipo. En esta forma no sólo se logran mejore resultados, sino que también la tarea se hace más entretenida. Es un placer discutir los resultados y los planes futuros con otros investigadores que piensan de manera distinta de uno, o que conocen mejor otras disciplinas. Es común que muchas ideas surjan de este tipo de discusiones. Además, es bien evidente que la gran y creciente complejidad que ha adquirido la ciencia hace indispensable el trabajo en equipo.
Este tipo de trabajo suele crear una serie de dificultades que es importante examinar con el objeto de encontrarles soluciones. La dificultad principal proviene que cada uno de los miembros del equipo tiende a pensar que es él quien hace la contribución más importante, y por lo tanto cree que esto debe reconocérsele públicamente. Cada uno aspira a obtener el máximo reconocimiento, ya que de este modo satisface su ego y tiende también a obtener mejor salario.
Es común que los resultados de un trabajo realizado en equipo vayan firmados por los autores en orden de importancia: es decir, primero el que más contribuyó al trabajo, y último el que menos hizo. Decidir esto con justicia y precisión es bien difícil. Uno tuvo una idea buena, otro preparó una sustancia clave, otro realizo los experimentos importantes y, finalmente, otro se ocupó del manuscrito, tarea que no es tan fácil como puede parecer a primera vista. Además hay quienes prefieren no publicar trabajos en que figure un nombre ya reconocido, porque les puede hacer sombra. Pero éstas son solo las dificultades que se presentan al final, cuando el trabajo está concluido. Durante el curso de la tarea también se pueden presentar fricciones. El uno es desconfiado, el otro un poco haragán, un tercero comete torpezas, y a otro se le ocurre ausentarse temporariamente. Es indispensable aprender a tolerar todos estos inconvenientes y estar dotado de una gran paciencia; al fin y al cabo, se trata de inconvenientes similares a los que debemos tolerar cuando formamos parte de cualquier grupo humano.
Revista UBA- efectivamente, el trabajo en equipo no parecía ser tarea fácil. Superadas las dificultades que entraña, usted parecería presentarlo como panacea.
Leloir- no es para tanto. Con un equipo de trabajo se obtiene más rendimiento, pero el factor limitante es la capacidad de sus integrantes. Dentro del grupo es importante que no se pierda la individualidad de cada uno. Debe haber suficiente.
Revista UBA- bien, pero no se puede planificar la ciencia, ¿cabe, en cambio, planificar el desarrollo de la universidad? ¿Qué ideas tiene usted a este respecto?
Leloir- creo que vamos de tener una buena universidad, y que lo lograremos si no sobrevive algún cataclismo político como los que suelen azotar este país. Claro que la mejoría no puede ser brusca, ya que hay que esperar a que se formen muchos profesores. Ésta es una tarea lenta, que no hay manera de acelerar. Actualmente existe la carrera del investigador, becas y facilidades para trabajar. Los jóvenes tienen ocasión de formarse y solo será necesario que la universidad seleccione bien sus profesores. Con respecto a este punto creo que el actual sistema de nombramiento no es muy adecuado. He tenido la ocasión de formar parte de muchos jurados y he podido apreciar los inconvenientes del sistema. El posible candidato a profesor debe primero inscribirse en un concurso. A menudo es una cátedra sin laboratorio, sin equipo y sin personal. En algunas facultades incluso se exige al candidato que dicte una serie de clases públicas, como si se tratara de elegir un recitador o un artista de televisión. Además, a veces el presunto candidato termina por desistir al enterarse que al mismo concurso se ha presentado también un maestro o amigo suyo. En resumen: se crean vallas que si bien están destinadas a contener los malos candidatos, también contienen- y con mayor eficacia- a los buenos.
Sería más efectivo elegir los profesores como se hace en otros países, designando una comisión encargada de seleccionar al mejor candidato posible. Esta comisión consulta, pone avisos y pide informaciones. En esta forma los malos candidatos no son invitados y se evita el desagradable episodio de un concurso declarado desierto. Por otra parte, la comisión puede llegar a persuadir a los buenos candidatos para que se hagan cargo de la cátedra. En suma, la iniciativa es la comisión y no de los candidatos.
Revista UBA ¿le parece a usted que ese sistema funcionaria tan bien entre nosotros como en países de tradición universitaria más firme? Digo esto porque por lo general nosotros necesitamos una profusión de salvaguardias legales para lograr limpieza en los procedimientos, y una comisión con tan amplio poderes estaría más expuesta a dejarse llevar por el sentimiento y la amistad.
Leloir- El sistema funcionaria bien si la comisiones fueran bien elegidas, es decir, formadas por gente experta y responsable que pensara en la universidad y no en política. Creo que hay muchas personas así. Por otra parte, las salvaguardias legales son inútiles si se la usa con mala fe. Además, esta salvaguardia diluye la responsabilidad, de modo que cuando las cosas salen mal nadie tiene la culpa.
Revista UBA- y , en general, ¿ le parece que nuestro sistema universitario es bueno?
Leloir- hasta ahora ha habido demasiado intervenciones políticas. Se han inventado sistemas que, teóricamente, tienen algunos argumentos en su defensa, pero que fallan en la práctica. Prueba de ello son los numerosos conflictos, como los actuales en Rosario y La Plata por ejemplo, que desorganizan y paralizan las universidades. Cuando se inventa un sistema nuevo hay que probarlo. Pero hay que probarlo bien, es decir, por el método experimental y con testigos adecuados. Aquí el sistema nuevo se aplicó a todas las universidades, de modo que no quedó el testigo que nos informara sobre lo que pasa con otros sistemas. Mejor sería implantar sistemas diferentes en cada universidad, para poder juzgar cuál es el mejor.
Revista UBA- ¿tiene el instituto problemas económicos de importancia?
Leloir-En 1951 el instituto estaba tan pobre que considerábamos la posibilidad de cerrarlo. Como último recurso pedimos un subsidio al servicio de salud pública de los EU para salvar el plan de trabajo. Este pedido fue concedido y renovado anualmente durante 10 años. Gracias a esto y a donaciones de la FUNDACION ROCKEFELLER y el CONICET hemos podido equipar nuestro laboratorio en forma satisfactoria. Actualmente la Facultad de ciencias exactas y naturales también colabora, de modo que el INSTITUTO no tiene dificultades económicas. Si no trabajamos mejor se debe simplemente a nuestras propias limitaciones.
Revista UBA: ¿qué dificultades encuentra en su trabajo?
Leloir- una de las mayores es la dispersión en tareas externas al laboratorio, como ser comisiones, consultas, entrevistas con cronistas….
Fuente: utr-radio

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