Siempre me ha interesado la temática madre-hija porque la considero una de las relaciones más difíciles. Me gusta ver cómo las escritoras relatan sus vivencias y se acercan tanto, tantísimo, a las mías, y supongo que al resto de hijas. Lectura como hija, claro está, y no como madre. Si debo elegir títulos me quedo con otros dos. Con mi madre de Soledad Puértolas (2001) y También esto pasará de Milena Busquets (2015). Ambas relatan la despedida de sus madres. La vida tras el adiós, el derrumbe, aunque la muerte esté anunciada, pero que siempre nos coge por sorpresa. El aprender a vivir sin ella, el recordarla y saborear de memoria sus palabras. La primera se centra en reconstruir el recuerdo, en dejar escrito el legado de cada momento a su lado. Su propósito de resistir en la vida. La segunda es más un vivir en el después, porque es más fácil mantener las distancias de los vivos que de los muertos. Blanca, apasionada por la vida, por entregarse a amar sin prohibiciones. Por vivir y dejarse llevar por las calles de Cadaqués, porque su cuerpo, su corazón y su intensidad son suyas. Un después nostálgico pero cargado de deseo, el ímpetu de no perder ni un minuto. Todo pasa, dicen, aunque ya nunca vuelva a ser mirada por sus ojos.A lo largo de la historia son múltiples, y recurrentes, los títulos dedicados a las familias. A los intríngulis de esas relaciones obligatorias para con los ascendientes y los descendientes, en el caso de haberlos. Revisad vuestras librerías mentales y recuperaréis seguro numerosas historias entre padres e hijos, entre hermanos, familias enteras. Y es que esas relaciones que no podemos escoger suelen ser las que más quebraderos de cabeza nos dan. Parece que debamos, siempre, obligarnos a solucionar relaciones rotas. No debemos. Me vienen a la mente, así a bote pronto, los abuelos de Dos letters de Atxaga o La sonrisa etrusca de Sampedro. ¿Por qué obligarse a la incomodidad del “ser”? Reseguid vuestras lecturas, pasead por vuestras relaciones… Esta relectura maternal ha sido causada por el nacimiento de Marcel. Ya tenemos aquí al pequeño de Elena. Para él tejí este peto a partir del patrón de Creativa Atelier y con lana Sur de Lanas Stop. Porque él todavía no sabe de qué va esto de la vida. Que los hilos van y vienen, se entremezclan, tejen historias. Una vida tejida al lado de su madre. Un ir y venir de aventuras, de recuerdos que contaremos con nuestro cuenta vueltas de tejedoras y ahí estaremos para verlo crecer. Para comprobar cómo se cumple el equilibrio desde la salida hasta la meta. Benvingut, Marcel.
