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¿Es bíblico el llamado al altar? Respuesta definitiva

Publicado el 14 febrero 2021 por Max Damián @soymaxdamian
el-llamado-al-altarEl llamado al altar también es otro tema que genera controversia en el mundo cristiano.
Muchos avalan su eficacia indicando que es necesario el llamado al altar, para así verificar los resultados de la predicación.
Sin embargo, esto es una espada de doble filo.
Porque al observar que pocas personas pasaron al altar, se podría pensar que la predicación no surgió efecto.
Incluso, pensar que el predicador no tiene la suficiente unción del Espíritu Santo.
Además, puede suceder que algunas personas que respondan al llamado al altar, sean movidas por emoción, más no por convicción.
Por tal motivo, escribo este artículo para que conozcas la verdad detrás del llamado al altar.
¿Los primeros cristianos la practicaban? ¿Es bíblico el llamado al altar? ¿Le hace daño a la Iglesia?
Todas estas preguntas las voy a ir contestando en el desarrollo del tema.
Así que si quieres saber más, continúa leyendo hasta el final.

Aclaraciones previas

Ya que este tema es muy controversial, me veo en la necesidad de usar estos primeros párrafos para dar unas aclaraciones previas sobre:

a) Las conversiones

Con este tema, no quiero dar a entender que todas las conversiones sean falsas.
Tengo amigos que hicieron un verdadero arrepentimiento en el llamado al altar, y hasta hoy permanecen firmes viviendo para el Señor.
Sin embargo, son más los peligros de esta práctica que sus beneficios.
Y creo que esto no debería ser una norma general al finalizar un sermón o evento evangelistico.

b) Los predicadores

Tampoco quiero dar a entender que todos los predicadores que hacen el llamado al altar, son malos predicadores o desconfían del poder del Espíritu Santo.
Pues hay muchos ministerios que hacen el llamado al altar, con la finalidad de honrar a Dios.
Pero lo hacen sin considerar los peligros que conlleva esta práctica.

c) El trabajo evangelístico

Finalmente, debo aclarar también que creo en el amor por los perdidos y sus almas.
Es una carga que debe sentir, no sólo los evangelistas, sino toda la iglesia.
El hecho que esté hablando sobre este tema, no quiere decir que rechace toda práctica evangelizadora.
Lo que sí rechazo fuertemente, es que se hagan prácticas que no tengan sustento en la Palabra de Dios.
Entonces, una vez aclarado los anteriores puntos, continuemos al tema que nos concierne en este artículo.

1. Origen del llamado al altar

El llamado al altar ganó popularidad en el siglo 18 con la predicación de Charles G. Finney.
Finney rechazaba por completo la enseñanza de que la naturaleza del hombre estaba completamente depravada por el pecado.
Creía que solo la voluntad del hombre fue dañada, de modo que esto es lo único que debe ser cambiado, no su naturaleza.
Finney solía decir: “Un avivamiento no es un milagro. Es solamente el resultado filosófico de utilizar los medios adecuados que ya están disponibles.
En otras palabras, los predicadores deben crear avivamientos con métodos probados, siendo el principal de estos métodos 'la banca del penitente' o 'el asiento de la decisión'.
El objeto de nuestras medidas es ganar atención, y por eso 'usted debe proveer algo nuevo'.

Los evangelistas prominentes desde tiempos de Finney, más notablemente D.L. Moody y Billy Graham, han continuado haciendo uso del llamado al altar.
Y ha sido traspasado a nuestras iglesias del siglo 21, en donde se continúa con esta práctica, que como ves, tiene su origen en los métodos de un hombre.

2. El sustento bíblico del llamado al altar

El llamado al altar no tiene ningún sustento bíblico que lo pueda respaldar.
Es más, en el Nuevo Testamento no hay ni un sólo indicio de que se invitó a las personas a pasar al frente para confesar su fe en Jesús.
No vemos tampoco a Jesús diciéndole a la gente: "Haz conmigo esta oración para que entre Dios en tu vida".
Sin embargo, hay predicadores que respaldan el llamado al altar con versículos bíblicos como, Romanos 10:9-10:
Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Verso bíblico que no menciona en ninguna de sus líneas que hay que hacer un llamado al altar.
Otro versículo bíblico que se usa para respaldar el llamado al altar es, Mateo 10:32-33:
A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Sin embargo, una vez más, este versículo bíblico no es sustento suficiente para la práctica del llamado al altar.
Pues este versículo hace referencia a confesar tu fe (testimonio) todos los días, a las personas a tu al rededor.
Lamentablemente, muchas veces buscamos sustento bíblico para cosas que nos parecen bien.
Nos fijamos en el texto literal, pero no analizamos su contexto y el propósito del porqué fue escrito.
Es así que tampoco es sustento para el llamado al altar, los versículos de Mt. 11:28, Hch. 19:18 y Hch. 28:30.

3. El daño que causa el llamado al altar

Es más daño lo que causa esta práctica del llamado al altar, que beneficios.
Si bien es cierto, hay quienes hacen caso al llamado al altar, y tienen un arrepentimiento genuino.
También es cierto que muchos van al altar movidos por una emoción.
Emoción que van adquiriendo mediante la atmósfera musical, unas palabras alentadoras, y el casi empujón de un amigo o familiar.
Pero el problema no se percibe en ese momento, sino después.
Cuando la persona continúa yendo a la Iglesia como si nada hubiera pasado, o en el peor de los casos, nunca más vuelve.
Entonces, cuando suceden estas cosas, la Iglesia duda del poder del Evangelio.
Pues dejamos a un lado el trabajo del Espíritu Santo, y confiamos en nuestras estrategias.
Procuramos llenar la Iglesia de "nuevos convertidos", sin la menor idea de si están siendo salvos o no.
Como dice John Stott:Si los seres humanos son realmente ciegos, sordos, mudos, cojos e incluso muertos, espiritual y moralmente hablando, sin mencionar el ser prisioneros de Satanás, entonces es extremadamente ridículo suponer que podemos por nosotros mismos y nuestra predicación meramente humana, alcanzar o rescatar a las personas que se encuentran en tal situación de peligro…
Sólo Jesús puede, mediante su Espíritu Santo, abrir los ojos ciegos y oídos sordos, hacer caminar a los cojos y hablar a los mudos, despertar la conciencia, iluminar la mente, encender el corazón y conmover la voluntad, dar vida a los muertos y rescatar esclavos de la servidumbre satánica… nuestra mayor necesidad como predicadores es estar ‘revestidos del poder de lo alto'. [1]

Pero eso no es todo.
Cuando un predicador hace el llamado al altar, y sólo pocas personas acuden, se concluye que el ministerio de ese predicador no tiene respaldo de Dios.
Incluso, cuando se va a invitar a un predicador, se observa la cantidad de personas que acuden al altar después de sus predicas.
Como si importara más las personas que se añaden a la Iglesia, que las que se añaden al reino de los cielos.

4. El profesar la fe públicamente

La muestra pública de fe en Jesús es el bautismo (Hch. 2:14), no el llamado al altar.
Por lo tanto, pasar al frente a profesar fe en Jesús, suele restarle relevancia a la ordenanza de ir a las aguas, para identificarse con Cristo en su muerte y resurrección.
¿Qué hace un creyente al ser bautizado? Está comprometiéndose públicamente con Cristo. El bautismo es como dejas constancia de que eres cristiano. Es la manera de profesar públicamente tu fe y sumisión al Señor Jesús. (Bobby Jamieson) [2]

En muchas iglesias, el ir al altar es la manera de profesar públicamente la fe en Cristo, lo cual no tiene fundamento bíblico.
Además que, el llamado al altar confunde el “venir al frente” con el venir a Cristo.
Pues el venir a Cristo tiene ver con el arrepentimiento de pecados y creer en Él, mientras que el “venir al frente”, es el acto de caminar por un pasillo y creer que ya eres cristiano.
Stephen y David Olford escribieron: “solo Dios sabe cuánta gente se desanima a la hora de asistir a la iglesia o de escuchar el evangelio a causa de la gran presión de los llamamientos, los trucos evangelísticos o el mal uso de la psicología de masas.
Somos justamente criticados por insultar la inteligencia y jugar con las emociones de hombres y mujeres, en nombre de la predicación evangelística. Esto es nada menos que ofender y hacer que se culpe el ministerio”. [3]


5. ¿Qué se debe hacer en lugar del llamado al altar?

Si crees, como yo, que el llamado al altar es un problema serio que afecta, no solo a la iglesia, sino también al evangelio, y te preguntas entonces, ¿cómo deben concluir los sermones?
La respuesta está en seguir un modelo bíblico.
Un modelo que han seguido muchos predicadores y evangelistas a lo largo de la historia.
El cual consiste en predicar la Palabra de Dios explicando el evangelio, con urgencia y oración, llamando durante el sermón a las personas a creer en Cristo como Señor y Salvador y hablando de la importancia del bautismo.
También es saludable crear espacios en tu iglesia, donde nuevos convertidos y personas interesadas en el evangelio, puedan aprender más sobre la fe cristiana (estudios bíblicos).
Y por último, es necesario también que en la iglesia se enseñe una cultura de evangelismo bíblico.
En el que cada persona aprenda qué es el evangelismo, cómo compartirlo, y como apoyarse mutuamente en la tarea de hacer discípulos de Cristo.

Conclusiones

Agradezco a Dios por todas las personas que sinceramente recibieron a Cristo en un llamado al altar.
También, agradezco por aquellos pastores que hacen un llamado al altar motivados por el verdadero amor a las almas.
Pero solo porque pareciera ser una práctica buena y respaldada por Dios, no significa que realmente lo sea.
Incluso, el hecho de haber tenido verdaderos convertidos, no quiere decir que Dios la apruebe.
Porque en su infinita misericordia, Dios muchas veces usa cosas que desaprueba para gloria de su nombre.
Y bueno, hemos llegado a la parte final de este tema. Espero haya sido de mucha bendición para ti.
No olvides dejar un comentario con tu opinión o de agradecimiento, y también, comparte esta publicación en tus redes sociales.

Referencias
[1] John Stott, La predicación: puente entre dos mundos (Grand Rapids, Michigan: Libros Desafío, 2006), p.319.
[2] Bobby Jamieson, Understanding Baptism (Nashville, Tennessee: B&H Publishing Group, 2016), p.11.
[3] Stephen F. Olford y David L. Olford, Guía de predicación expositiva (Nashville, Tennessee: B&H Publishing Group, 2005), 280.

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