El proyecto europeo está en cuestión. Y esas dudas se contagian a todos sus miembros, y entre ellos España. Pero mi país añade otros factores que cuestionan su viabilidad. Factores como la baja productividad, tanto publica como privada, el coste y la ineficiencia del modelo autonómico o las amenazas de secesión del País Vasco o Catalunya.
Todo eso pesa como una losa sobre el país y sus ciudadanos.
El futuro ya es suficientemente negro por si solo, sin necesidad de que lo pintemos negro nosotros.