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Escritores, redes sociales y exhibicionismo

Publicado el 15 febrero 2013 por Rusta @RustaDevoradora

Escritores, redes sociales y exhibicionismo Cuando el escritor deja de infundir respeto
Hace unas semanas un amigo que tengo agregado en Facebook escribió algo parecido a esto: «Qué pesada es la gente que cuenta lo que hace en cada momento. ¡Hala, me voy a cagar!». Las redes sociales tienen muchas ventajas, pero también un problema: la pérdida de intimidad de forma voluntaria en cuanto el usuario decide explicar más cosas de la cuenta. Por desgracia, los escritores no son inmunes a ello y los que los seguimos a través de estos medios a menudo nos encontramos con actitudes que denotan una gran falta de profesionalidad y hacen que, al menos a mí, me dejen de infundir el respeto y la admiración que quiero sentir por los autores que me interesan.
Me parece que algunas personas no son conscientes de que un escritor no solo debe preocuparse por lo que escribe, sino también por cuidar su imagen y mantener una reputación, sobre todo cuando se está empezando (digamos que es más fácil perdonar un desliz al que está consolidado y tiene un público fiel que seguirá comprando sus libros haga lo que haga). Sin embargo, son muchos los que hacen un mal uso de las redes sociales, bien porque hablan de aspectos de su vida privada que no interesan a nadie, bien porque hacen declaraciones inoportunas, como emprender una guerra de malos modos contra cualquier lector que diga algo negativo de su obra. Tampoco me gusta encontrar una redacción descuidada en las redes, es como si un médico de repente olvidara todos sus conocimientos de medicina al salir del hospital. También resulta decepcionante conocer la falta de bagaje lector de algunos, porque cuando hablan de sus lecturas o responden entrevistas parece que no salen del universo best-seller. No obstante, lo peor quizá es esa tendencia insoportable a contar con pelos y señales cada paso que dan en lo que están escribiendo (que si hoy han terminado un capítulo, que si buscan a un historiador entre sus contactos porque necesitan documentarse, que si preguntan a los lectores sobre qué les gustaría que escribieran…). Seguro que los seguidores de Harry Potter estarían encantados si J. K. Rowling lo hiciera, pero estamos hablando de autores noveles y/o desconocidos que de entrada no interesan a nadie más que a su círculo de amistades.
Todo esto no hace falta, de verdad. Entiendo que al autor le pueda hacer ilusión explicar lo último que ha escrito y que le resulte entretenido comentar que le duele la garganta o que ayer cenó en un restaurante japonés, pero a los lectores no nos interesa. Cuando sigo a un autor es para estar al día de sus últimas noticias y para, si él quiere, saber algo más sobre cómo es y cómo piensa. No busco actualizaciones de estado que acaben en «jejeje», fotografías de él recién levantado o frases demagogas sobre política para ganarse el aplauso fácil. Me gusta pensar en el escritor como un intelectual que me hace sentir admiración cuando lo leo, un profesional inteligente que controla el panorama literario y me infunde respeto por sus conocimientos. También es una persona como cualquier otra que come, se enfada y dice tonterías, pero en mi opinión ese lado solo deberían conocerlo sus allegados, no los que nos acercamos a él por su obra.
Hay muchas maneras diferentes de utilizar las redes sociales de forma adecuada: algunos autores mantienen un papel neutro y se limitan a escribir de vez en cuando para hablar de sus libros y presentaciones; otros también opinan sobre actualidad y recomiendan novelas o películas; los que colaboran con la prensa suelen enlazar su trabajo y con ello fomentan un debate interesante… No existe una única manera válida de moverse en la red; cada escritor debe encontrar la que se adapta más a él o incluso renunciar a esta vía de promoción (una opción tan legítima como las otras; de hecho, cada vez admiro más a los que saben guardar un elegante silencio y dedicarse a escribir sin hacer público cada paso que dan).
La frontera entre la cercanía y la vulgaridad se mueve en una escala de grises y yo no estoy dispuesta a comprar la falta de profesionalidad que demuestran algunos escritores. Si se utilizan bien, las redes sociales son unas herramientas útiles para dar a conocer un libro; sin embargo, cuando se usan mal o en exceso su efecto puede ser contraproducente. Hay que saber encontrar el límite y tener cabeza para no caer en ese exhibicionismo tan poco recomendable para alguien que busca afianzar lectores.
Enlace de interés:
Mis consejos para promocionar una novela en la red.

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