Revista Opinión

España es un país de tramposos. La indignidad

Publicado el 13 junio 2012 por Romanas


España es un país de tramposos (II) La indignidad. España es un país de tramposos (II) La indignidad.  El deporte, ¿el negocio de los deportes debe de ser un fin en sí mismo?
 Los deportistas ¿son seres humanos aparte, no tienen por qué sentir solidaridad con todos esos otros seres humanos que son oprimidos ante sus mismas narices, casi 6 millones de parados y otros 12 más que, según las instituciones  humanitarias, han superado ya en listón de la más absoluta pobreza en España, no tienen nada que ver con ellos o es que les vamos a aplicar el famoso dicho del tipejo ése de Laporta cuando se refirió a los vencidos diciendo “que aprendan”, a qué coño tienen que aprender esos 18 millones de españoles que sufran hambre, frío, desolación y miseria?
¿Es que, al final, va a ser mentira todo lo que han dicho todos los humanistas del mundo desde Aristóteles y su “el hombre es un zoon politikon” o el “homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, el hombre es un animal político y soy hombre y pienso que nada humano me es ajeno?
¿Puede un tío como Nadal considerarse satisfecho con sus victorias en este mundo hambriento y miserable que le flanquea, qué clase de tipo humano es entonces?
Y ya estoy oyendo ese formidable estruendo organizado por esa turbamulta de periodistas deportivos y generales que claman: “fuera, fuera, fuera, coño, el deporte no tiene nada que ver con la política”.
Pero qué cínicos y sinvergüenzas son y qué miserables: vender sus derechos de primogenitura por un cochino plato de lentejas o de caviar que, al final, es lo mismo.
La generación del 12 debe declararse, por lo menos, heredera de la del 98, y si uno de ellos dijo aquello de “me duele España”, yo digo que a mí me asquea esta España insolidaria, esencialmente indigna, que tolera impávida cómo casi la mitad de su población no sólo está sufriendo en sus escuálidas carnes la peor secuencia de hambre, desolación, desesperación y miseria, de la historia sino que, además, ha de admitir de buen grado que todo ello se perpetúe hasta dónde Dios sabe cuándo por mor de los miles de miles de millones que hemos de aceptar como deuda para salvar a esos Bancos que son el colmo de  la indignidad humana.
Creo que fue Unamuno el que dijo eso de “amo a España con dolor”, yo, no, yo no amo a España, la desprecio, porque no merece otra cosa ya que carece del mínimo sentido de solidaridad, puesta en el brete de elegir entre los supermultimillonarios deportistas de élite y los desharrapados, ha elegido a aquéllos.
  Y éstos, los superdeportistas de élite, son unos perfectos traidores a la humanidad porque no sólo consienten sino que enmascaran esa inmensa tragedia que sufren sus 18 millones de conciudadanos que viven bajo el nivel de la pobreza, en lugar de negarse a participar en las farsas de todos esos campeonatos que el poder monta para embaucar a las masas. Y no se revuelven como fieras cuando el máximo culpable de todo ello, al día siguiente de que el país que gobierna sea intervenido por los siglos de los siglos, va a Polonia o Ukrania a celebrar alborozado sus goles, al propio tiempo que lamenta públicamente que no puede ir a París para estar con Nadal, por la puñetera coincidencia de horarios. Qué vergüenza. Y los deportistas lo consienten todo, lo aguantan todo, con tal de seguir chupando del bote, de ese bote asqueroso del que todos maman y en el que está la sangre de muchos de sus compatriotas.
 Nadal es un tipo pluscuamperfecto para todo el mundo excepto para los guiñoles franceses y yo creo que los guiñoles tienen razón pero no  sólo por lo que ellos dicen. 
 A lo mejor, no se ha dopado en su vida y toda esa enorme masa muscular, única en el mundo del tenis, la ha conseguido a base de entrenamiento pero en lo que Nadal actúa mal, muy mal es en su absoluto desprecio por la política.
 Como todo el mundo sabe Nadal es madridista, a pesar de que toda su familia es de signo contrario.
 ¿Por qué es madridista Nadal? Recuerdo cuando estudiaba bachiller y en clase de francés leíamos Las Cartas persas, de Montesquieu y aquella ingenua exclamación de uno de sus protagonistas: “¿cómo se puede ser persa?”.
 Mi pregunta, para Nadal, es: ¿cómo se puede ser madridista, cómo se puede ser madridista, después de saber cómo se financia el Madrid, a expensas del resto de los españoles, vía Caja Madrid-Bankia, vía construcción de 4 gigantescas torres, en medio de una zona no edificable de Madrid, contribuyendo así decisivamente a la mayor polución de una de las ciudades más contaminadas del mundo, a un empeoramiento decisivo de la circulación en la zona, pero, sobre todo, rompiendo el equilibrio deportivo con otros clubs españoles que apenas si tienen dinero para comprarse botas? ¿Qué clase de deporte es éste?
 ¿Cómo se puede ser madridista viendo que pasa un año, 365 días, sin que los árbitros españoles le piten al Madrid un sólo penalti en contra, teniendo, como tiene, a Pepe, Sergio Ramos, Marcelo y Albeloa, junto a Xabi Alonso, Kedira “et alteri”, que dan patadas a todo el mundo hasta en el cielo del paladar, esto es mucho peor y más significativo de la clase de deporte que practicamos en este país que el uso del clembuterol, cómo se puede pedir a los guiñoles que no se rían de nosotros, cómo se puede exigir a todos esos que nos miran al otro lado de las fronteras que piensen que no robamos en todo, en el tenis, en el fútbol, pero, sobre todo, en las cosas de comer, en esas que afectan al menos a 18 millones largos de españoles, y que ni Nadal, ni Gasol, ni uno sólo de los deportistas españoles de élite  hace como hicieron aquellos 3 de las olimpiadas de México de 1.968, que, cuando subieron al podio por su triunfo levantaron sus manos enguantadas de negro, al propio tiempo que bajaban sus cabezas, abochornados por participar en aquella inmensa mascarada que pretendía ir “citius, altius, fortius”, más lejos, mas alto, más fuerte, ideal pretendidamente exaltante de las mejores virtudes humanas al propio tiempo que en Sudáfrica y en los Usa, los negros no atletas eran perseguidos a muerte.
 De la misma manera, Nadal, del Bosque, Xavi, Casillas “et alteri” deberían negarse a acudir a las grandes competiciones futbolísticas y tenísticas internacionales mientas no se adoptaran medidas claras y firmes a favor de los más desvalidos de sus conciudadanos porque esa sí que sería una actitud realmente deportiva, puntualmente olímpica, de la misma manera que el Barça debería negarse a jugar una competición liguera que sabe absolutamente adulterada, e incluso irse a jugar a otra Liga con lo que conseguiría 2 cosas, denunciar el envenenamiento político a favor de las clases dominantes en este asqueroso país de todo lo que en él se hace, incluso el deporte, y que el mundo entero se concienciara de lo que está sucediendo en España en todos los órdenes.
  Pero eso quizá significara su ruina económica y les va a faltar el valor necesario para hacerlo.
 Porque aquellos 3 atletas de las Olimpiadas de 1.968 fueron durísimamente represaliados casi hasta la muerte. 
 Pero eso, sí, tenemos Cortes generales y Constitución, o sea que vivimos en un país perfectamente democrático en el que gobierna el pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
 Es preciso que todo cambie para que todo siga igual. Hipócritas, además de canallas.


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