Todos los juegos tienen dos ángulos para observar la realidad del aquí y ahora, el terreno de juego, donde está la acción y el público donde está la espectación, el poder observar. El participante juega, acciona en el momento, se involucra, y se lleva la experiencia de la vivencia. El espectador se lleva la experiencia de la observacion minuciosa y detallada.
Ambos ángulos son buenos y necesarios, pero no siempre son oportunos. Hay que saber en qué lado se está. Si el equipo juega y acciona, a continuación llega el momento de observar las reacciones al juego ejecutado. Hora de ver los resultados y analizar qué funcionó y qué no. Y si el equipo estuvo de espectador, es la hora de saltar al terreno de juevo y poner a pruebas esos entrenamientos que se ha estado trabajando y ver su efectividad.
Esto que así leído es tan fácil de ver y entender, llevado a la práctica dentro de las empresas, no resulta tan evidente, tanto cuanto más se ve que son muchas, más de las deseadas, las empresas que a día de hoy siguen siendo espectadores, creyendo que llevan tiempo probando técnicas en el terreno de juego. Al menos es panorama que se vislumbra es positivo y alentador y da la razón a los proveedores artísticos que ofrecen nuevas reglas de juego que prefieren más concursantes que espectadores. Más concursantes que se quieren diferenciar con la etiqueta de ganadores.
Concursantes que empiezan a aprender y entender, que en la acción está la aventura, el riesgo y lo más atractivo, la diferencia con la competencia. Esa etiqueta que tanto gusta a las empresas, de único, exclusivo, vencedor.
