Revista Opinión

Esperando a François Hollande, nuevo presidente francés

Publicado el 04 mayo 2012 por Manuhermon @manuhermon

Esperando a Hollande. Sin exagerar, pero esperandoEl término Hollande, no lo utilizo en cuanto persona física, -tampoco enteramente los otros nombres propios- realmente quiero concentrar en el, la referencia a la socialdemocracia francesa, una fuerza política que podría ganar las elecciones presidenciales francesas y desplazar a Sarkozy.
Luego, dentro de unas semanas vendrán las legislativas como otra gran prueba de fuerza.
¿Por qué la esperanza?, por miedo a la derecha europea y fundamentalmente alemana, a lo que hace y a lo que podría hacer sin encontrar oposición, porque la socialdemocracia ha ido desapareciendo de Europa, dejando el terreno expedito para la gran avalancha liberal y para el empuje de la extrema derecha. No ha habido otras fuerzas capaces de frenar su ofensiva, esas supuestas alternativas a la desgastada socialdemocracia se han demostrado fracasos, al menos a día de hoy, quizás en el futuro sean una alternativa susceptible de contener el neoliberalismo e incluso de ganar y dirigir la sociedad europea hacia otros objetivos.
En el caso de España, excesivas esperanzas fueron puestas en la estrategia que apartaba a la socialdemocracia de la dirección social, con la confianza de que otras fuerzas, grupos, y nuevas corrientes, ocuparan el lugar de defensa de la ciudadanía, confundiendo deseos con realidades, al día de hoy podemos afirmar que han fracasado. Han sido inútiles para frenar la tremenda fuerza del PP, ni siquiera han sido capaces de plantear otras opciones posibles como alternativas para ser discutidas con posibilidades de ser puestas en práctica. Los gigantescos cambios sociales de la sociedad española se están realizando por el PP sin obstáculo alguno. Con algunas protestas, pero sin obstáculos claros que pudieran frenar o negociar algunos aspectos de sus medidas.
Es en este panorama es donde tiene sentido la victoria de la socialdemocracia francesa, -defensora también de ajustes y estabilidad-, fundamentalmente para impulsar políticas de crecimiento y aligerar o dilatar temporalmente los ajustes europeos en 3 o 4 años, al tiempo de dar un nuevo, necesario y urgente impulso a las instituciones comunitarias apartadas por Merkozy. No la victoria de Hollande no va a generar una revolución, ni cambios drásticos, pero sí puede propiciar un tiempo -que permita reagrupar fuerzas- en el que poder discutir con mayor serenidad –sin tantos miedos- y participación ciudadana, -con mayor peso de las instituciones democráticas- los cambios que están acometiendo y quieren profundizar los actuales mandatarios políticos y económicos.
Primero, porque es el segundo país influyente en la zona euro, tras Alemania, así que un cambio de políticas y de fuerzas ideológicas gobernantes tendrían otra capacidad de influir e impulsar otras políticas en la eurozona. De hecho la capacidad de lanzar los debates por toda Europa, ya la han logrado.
Segundo, porque Sarkozy, el copiloto de la Sra. Merkel puede ser derrotado, lo cual lógicamente debilitaría la dirección política europea actual, de hecho la cumbre para tratar políticas de crecimiento ya es una victoria sin haber ganado las elecciones, salgan medidas concretas o no, al menos se empieza a dar importancia a la idea del crecimiento, la suficiente como para obligar a ponerla en lugares destacados.
Tercero, sería importante la victoria de Hollande, por cuanto representaría un timón y una bandera a la cual mirar y poder sumar otras fuerzas dispersas y conseguir meter la ciudadanía, hoy expulsada, en las instituciones europeas, Parlamento y Comisión, abandonados y ninguneados en esta crisis por el tándem Merkozy.
Cuarto, puede favorecer la mejor sintonía de Hollande con la Sra. Lagarde -que la de Sarkozy- lo cual puede reducir fuerzas a la Sra. Merkell y por ende favorecer las políticas de crecimiento, al fin y al cabo el F.M.I. parece en muchas ocasiones desmarcarse de las políticas de Merkell.
Quinto, en el mismo sentido debemos considerar mayor proximidad de Hollande con Obama, que facilitaría impulsar las políticas de crecimiento europeas tantas veces pedidas por EEUU ante el fracaso demostrado de la austeridad a toda costa y para todo momento, y que hoy pueden ser necesarias hasta para que los demócratas pudieran ganar sus elecciones.
Sexto, su objetivo no es revolucionario, pero las 60 medidas del programa, suponen cambios, no es lo mismo un pacto de estabilidad, que estabilidad con crecimiento, no es igual estabilidad con déficit cero, en todo momento, que déficit 0.4 y teniendo en consideración los ciclos económicos-equilibrio en 2017-, no es lo mismo unos individuos, Merkozy, que unas instituciones Consejo y Parlamento, no es lo mismo para la banca nuevos impuestos de beneficios y transaciones financieras, perseguir sus actividades en paraísos fiscales, regular sus bonus… no es igual considerar el nuevo tramo del 45% y el del 75% y la supresión de exenciones para los ricos, o un nuevo impuesto de sociedades, defender los eurobonos, la agencia de calificación europea, o introducir como objetivo del BCE no solo la estabilidad de precios sino el importante objetivo del crecimiento –como la FED-; o dar prioridad a la educación aumentando profesorado y escuelas,  ampliar derechos civiles, -adopción y eutanasia-, o entender que los sindicato son necesarios, –Aguirre considerar su eliminación como objetivo inmediato- y un largo etc. comprobable en las medidas del PP.
Séptimo, Los importantes votos obtenidos en primera vuelta por la ‘izquierda radical’ francesa irán en segunda vuelta, en gran parte, a la opción Hollande, lo cual será un revulsivo constante para la socialdemocracia francesa, y más por las legislativas.


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