Revista Opinión

Esquilo: con él comenzó la tragedia

Publicado el 16 febrero 2021 por José Luis Díaz @joseluisdiaz2

Dice el refranero que una cosa lleva a la otra y que tirando del hilo se saca el ovillo. Más o menos así he llegado yo al autor teatral griego Esquilo, considerado el padre de la Tragedia, escrita con mayúscula como género en sí mismo que es. No es que no hubiera oído hablar de él sino que - he de reconocerlo - hasta ahora no me había decidido a leer sus obras. El hilo conductor ha sido la "Historia" de Heródoto, de la que recientemente publiqué una pequeña reseña en el blog. Si la recuerdan, Heródoto relata en su obra las guerras médicas entre persas y griegos en el siglo V a.C. Se da la circunstancia de que Esquilo participó en la primera de ellas, en concreto en la famosa batalla de Maratón. Está fehacientemente comprobada esa participación, no así en la segunda guerra médica, aunque algunos estudiosos han sugerido esa posibilidad. 

En la "Historia" de Heródoto se ofrecen abundantes datos de este segundo enfrentamientos que, en algunos extremos, no coinciden con los que aparecen recogidos en una de las tragedias escritas por Esquilo algunos años después de aquella guerra. Así que hice caso a mi curiosidad y me dije que quería leer esa tragedia para comprobar por mí mismo y no a través del editor del texto de Heródoto, cuáles son esas diferencias. Una vez más una cosa llevó a la otra y, de leer "Los Persas", la tragedia en la que se relata la Segunda Guerra Médica desde la óptica persa, pasé a leer las siete tragedias esquileas conservadas, de las cerca de noventa que se cree escribió. 

Esquilo: con él comenzó la tragediaEsquilo

La obra de Esquilo

No me voy a extender en la biografía de Esquilo, que cualquier interesado puede encontrar en páginas de Internet como Wikipedia. Solo diré que nació en Eleusis, cerca de Atenas, en torno al año 525 a.C. y murió en la ciudad siciliana de Gela a los 69 años. Procedía de una familia acomodada y era un entusiasta aficionado al vino; de las causas por las que viajó a Sicilia hay diversas teorías plausibles en las que no vamos a entrar. Nos interesa en exclusiva su perfil literario y aquí hay que subrayar de nuevo que nos encontramos ante quienes los estudiosos consideran padre de la Tragedia, si bien conserva un intenso aroma arcaico y homérico en el estilo, los temas y los personajes. 

El denominador común de las Tragedias es el sufrimiento humano, que para Esquilo es siempre la consecuencia de acciones contrarias a los dioses que estos castigan con dureza y determinación. Sobre este cimiento, nuestro autor construye personajes sufrientes, que aceptan su destino con resignación pero también con dignidad. En general y salvo alguna excepción, son personajes unidimensionales y poco complejos, pero de los que emana una poderosa fuerza que el texto de Esquilo sabe transmitir con gran maestría. Especial mención merecen los coros de sus tragedias, personajes en sí mismos que actúan y se expresan con una enorme intensidad. El estilo de Esquilo es vivo, rítmico y claro: con unas breves nociones previas del argumento de la obra es perfectamente posible seguirla de principio a fin sin ningún problema. Gusta nuestro autor de los diálogos cortos y afilados, con escuetas preguntas y respuestas en los momentos más álgidos de la acción, contribuyendo a imprimir dinamismo y viveza al relato. 

Esquilo: con él comenzó la tragedia

Máscara de Agamenón

De sus siete tragedias no sabría cuál destacar, aunque lógicamente hay algunas más "redondas" que otras. Si tuviera que elegir me quedaría con la "Orestiada", la única trilogía de este autor que se conserva aunque es seguro que escribió algunas más. La obra se inicia con "Agamenón", continúa con "Las Coéforas" y concluye con "Las Euménides" y en ella se relata, a modo de capítulos de una serie, la historia del rey de Argos tras su vuelta de la Guerra de Troya, su muerte a manos de su esposa y la muerte a su vez de ésta a manos de su hijo Orestes, quien finalmente será juzgado por los dioses en Atenas. En este trilogía y en el resto de sus tragedias conocidas, Esquilo ya reflexiona a través de sus personas sobre cuestiones sobre las que los humanos seguimos haciéndonos preguntas 2.500 años después: la justicia, el destino, el poder, la verdad, la mentira, la riqueza o la pobreza están presentes en sus obras. 

Leer a Esquilo

Una buena noticia: leer a Esquilo es mucho menos arduo que leer a Heródoto. Aún así me permito estos consejos para que la lectura sea grata y provechosa: 

1.- Cariño e interés por el mundo griego antiguo y por sus principales exponentes, Esquilo en este caso, y deseos de aprender cómo afrontaron las cuestiones que nos siguen inquietando hoy. Si no cumples este requisito no tiene sentido que sigas leyendo el post. 

2.- Hacerse con una buena edición. De nuevo recomiendo la de Editorial Gredos, con la ventaja en esta ocasión de que el editor no abusa de las notas al pie como ocurría con Heródoto

3.- Agenciarse en Internet un pequeño resumen del argumento de cada una de las tragedias para poder comprender la acción. Por desgracia, la edición de Gredos obvia este extremo, dando tal vez por sentado que los simples mortales conocemos de antemano quién fue Agamenón o quiénes son Las Euménides, por poner un ejemplo.

Así que solo me resta invitarles a hincarle el diente al bueno de Esquilo y desearles que la lectura sea placentera y provechosa. 

Esquilo: con él comenzó la tragedia
Prometeo encadenado (Rubens)

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