Revista Cultura y Ocio

Estación fantasma

Por Hun_shu

El Tejar era una estación de paso en mitad de la nada, a medio camino entre Las Rozas y Pitis, más cerca del Pardo que de Chamartín. Su única función era servir de conexión entre las líneas C-7 y C-8, uniendo trenes que iban por diferentes vías hacia Villalba, Madrid o Majadahonda. Nadie se bajaba en esa estación por casualidad. Tal vez, solo unos cuantos seres extraños íbamos a, simplemente, estar ahí, dejar pasar el tiempo, ver el skyline de la capital en la lejanía, escuchar el viento o perderse en él durante los días gélidos de invierno. Alguno cogía la bici y se iba a pasear por los alrededores, ante la mirada oscura de los gamos del monte cercano, en la orilla de la Sierra madrileña. Era un puerto sin mar que acogía a las barcas perdidas que huían de los ruidos internos y externos. El silencio interrumpido por algún cercanías o los trenes de largo recorrido que seguían hasta Segovia, Ávila o Irún. 

Estación fantasma

Dos andenes unidos por unas escaleras en diferentes alturas, bancos de metal, puertas cerradas, una central eléctrica, marquesinas y carteles vandalizados. A los yonkis les pillaba demasiado lejos para suministrar sus dosis. Para el despistado, podría parecer un lugar peligroso, sobre todo de noche. Escribí algunos proyectos de guion que se desarrollaban allí. Un par de tipos que buscaban ajustar cuentas del pasado, sin más testigos que las cámaras de seguridad. Amantes prohibidos en un territorio apátrida donde podían ser libres, aunque solo fuera durante un descanso del trabajo. Grupos de trainspotters desconocidos que desconectaban de sus tristes realidades y quedaban para ver pasar trenes como oportunidades que iban y venían de la nada y acababan parando, durante unos segundos, en esos andenes inhóspitos. Yo a veces iba allí a hacer fotos de ausencias pasajeras. Como una escultura de Chillida capturando el vacío del momento. Otro día grabé (parte de) un videoclip del grupo que tenía mi amigo David (Starter), a mediados del año 2006. 


Hace unos cinco años que derribaron lo que quedaba de la estación y ahora, al pasar el tren que va de las Rozas hasta Chamartín, solo queda la ausencia permanente de una estación fantasma. Todos los ruidos de los trenes que alguna vez pasaron por ahí se diluyen con el silbido del viento. Solo son ruinas invisibles en permanente exhibición pública. La ausencia parece una vida que nunca existió. Trenes sin destino cuyas cenizas se han esparcido en el aire que permanentemente viaja por la ciudad en movimiento y sus alrededores. Solo los recuerdos de un lugar adimensional iluminan de madrugada ese lugar que pertenece eternamente al pasado. Y entonces, en ese titilar de luces dentro de la niebla, nos devuelve imágenes proyectadas en su feroz silencio por los ecos de una estrella que se extinguió hace tiempo. 

Estación fantasma

Volver a la Portada de Logo Paperblog