
Clicar en la imagen para ampliar (idea del autor generada con IA).
Determinados sistemas de gobierno ejercen un control absoluto y suprimen las libertades individuales mediante el uso de la violencia y la propaganda. Durante la Guerra Fría, muchas dictaduras surgieron o se mantuvieron con el apoyo de las superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) como parte de su influencia ideológica y geopolítica.
Introducción y antecedentes
No existe una definición consensuada sobre el terrorismo, pero este se caracteriza por llevar a cabo actos violentos con la intención de producir daños humanos y materiales sin distinción de categorías, ejecutados por grupos, individuos y Estados que hacen uso sistemático del terror y su propaganda para impactar en el imaginario colectivo, intimidar a la sociedad y forzar reacciones políticas en pos de sus objetivos, que abarcan un amplio espectro de creencias, ideologías o doctrinas.
Como antecedentes del terrorismo de Estado, que involucra el cese de los derechos constitucionales y el avasallamiento de la población civil, se pueden mencionar el período jacobino en Francia (ejecuciones masivas de opositores, propaganda anticlerical), el totalitarismo de la Unión Soviética (gulags, purgas), el Franquismo (persecución y alteración del orden jurídico), el fascismo italiano y el régimen Nazi, cuyo desarrollo de la propaganda política fue notable (aparte de sus crímenes de lesa humanidad contra diversos colectivos sociales).
Goebbels utilizó masivamente la prensa gráfica, la radio y el cine de Leni Rienfestahl, así como espectáculos multitudinarios especialmente ambientados (Congreso de Nüremberg, desfiles, despliegue de estandartes y banderas, antorchas, etc.), para provocar un fuerte impacto emocional en la población, así como grupos paramilitares (SA o camisas pardas) y campos de concentración. Décadas después, la dictadura cívico-militar argentina utilizará estrategias similares (organización del Mundial de Fútbol de 1978, Guerra de Malvinas en 1982, Triple A, centros clandestinos de detención). Esta situación se repetirá dentro del marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional aplicada por todas las dictaduras de América Latina bajo la influencia de Estados Unidos.
Los nuevos Estados del terror: el paradigma de Estados Unidos y la Guerra Fría
Después de la Segunda Guerra Mundial (durante la cual Estados Unidos creó campos de concentración para japoneses en su propio territorio), y en el período de 1950-1975, el pueblo estadounidense vivió una de sus etapas más oscuras en cuanto a la pérdida de la intimidad en su vida privada, ya que los organismos de seguridad del Estado gastaron fortunas en elaborar nuevas técnicas de vigilancia y espionaje, así como mejores métodos en el intento de manipulación y control de la ciudadanía a fin de detectar en aquel periodo de preocupación obsesiva a los individuos de ideas extremas (comunistas y opositores).
En el ámbito de la manipulación política y la persuasión de las masas, detrás de su pretendido sistema democrático, y amparado por estructuras institucionales como la CIA y otras agencias de seguridad, Estados Unidos se convirtió de a poco en un Estado policial, modelo que luego trasplantó a los países latinoamericanos.
Obras notables para el análisis propagandístico y de manipulación poblacional son Fahrenheit 451, publicada en 1953 durante las persecuciones ideológicas del senador McCarthy, y que describe a una sociedad totalitaria donde impera la censura y cuyo cuerpo de bomberos semejante a la estructura de una policía secreta incendia las bibliotecas (en Argentina se dio la quema de centenares de miles de libros durante el proceso de reorganización nacional de 1976-1983, bajo las consignas nacionalistas y cristianas); el libro 1984, de George Orwell, novela en la cual se introduce la figura del omnipresente Gran Hermano y su policía del pensamiento dedicada a la vigilancia masiva, a la manipulación del lenguaje y la información y a la represión política y social (Ley Patriótica dictada por el gobierno de George Bush); y la película Wag the Dog, en la cual un servicio de inteligencia debe inventar una guerra hasta en sus más mínimos detalles para distraer e influir al electorado de un país sacudido por diversos escándalos (y por supuesto, para cultivar la imagen propia), una tarea canalizada y transmitida a la opinión pública en un estilo periodístico en cuanto a relato e imágenes (sirva de ejemplo la ya mencionada Guerra de Malvinas).
Luego de la fallida invasión en la Bahía de Cochinos (1961), la crisis de los misiles en Cuba (1962) y el asesinato de J. F. Kennedy (1963), asume la presidencia de Estados Unidos Lyndon B. Johnson, elegido mayoritariamente para el periodo 1964-1969 apoyándose en un programa que ampliaba los derechos civiles (acabando con la segregación racial, otorgando el voto a los afroamericanos y legalizando la situación de los inmigrantes). Aun así su política interior se vio empañada por el fracaso de la guerra en Indochina, cuya escalada de violencia fue sustentada en la teoría del dominó (si un país libre cae en poder de los comunistas, todos los países que lo rodean también caerán), y de la cual, en aquella etapa, el Secretario de Defensa Robert McNamara fue un acérrimo defensor.
Las consecuencias por el hartazgo de la guerra y la deficiente comunicación gubernamental derivó en el denominado síndrome de Vietnam, la crisis social y de los ideales de hegemonía que todavía conservaba el pueblo estadounidense luego de la Guerra de Corea (1950-1953). La derrota y la impotencia fue de tal magnitud que el FBI investiga y persigue a los manifestantes antiguerra. La confianza tardará años en volver con la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989), el ascenso del fundamentalismo cristiano y de los telepredicadores con apoyo de los medios masivos de comunicación, un fuerte lobby teocon, la exaltación del simbolismo patrio y la posterior Guerra del Golfo (con transmisión directa de las cadenas televisivas, y de aquí se desprende el rol clave de los medios en apoyo a las políticas estatales).
Fue durante el segundo período de la guerra de Vietnam (1955-1975), que la CIA junto a las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos y Vietnam del Sur, adoptan las tácticas utilizadas por el ejército francés (luego usadas en Argelia), aplicando las doctrinas contrainsurgentes que involucraban el terrorismo y la tortura, las operaciones psicológicas, el uso de pequeños equipos de soldados y grupos armados de la población civil, así como cualquier tipo de acción política, económica y militar con el fin de socavar el régimen de gobierno.
Al respecto, Estados Unidos desarrolló el Programa Phoenix, que oficialmente operó entre 1965 y 1972, y cuyo objetivo era identificar y neutralizar a aquellas personas, organizaciones y cualquier infraestructura política que estuviera vinculada o apoyara al enemigo.
La metodología incluía la infiltración, captura, el interrogatorio con tortura para obtener información de inteligencia, la desaparición forzada, el contra-terror y el asesinato selectivo. Estas técnicas también fueron aplicadas por las dictaduras sudamericanas y Estados Unidos a través del Plan Cóndor (década de 1970), en el contexto de la Guerra Fría y la Doctrina de la Seguridad Nacional, con el objetivo de reprimir a opositores políticos y grupos disidentes.
La OSS u Oficina de Servicios Estratégicos creada en 1942 para actuar en el escenario extranjero (Magreb, Europa meridional, Francia, Indochina), será reemplazada por la Agencia Central de Inteligencia en 1947 como ejecutora de los golpes de Estado y las operaciones psicológicas de desinformación a través de sus grupos de tareas encubiertas (desde Centroamérica e Irán, hasta el U2 y el proyecto MK Ultra sobre el uso de sueros y drogas como el LSD para el control del comportamiento en humanos).
El golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, encabezado por Augusto Pinochet con apoyo de la CIA, se constituye en un ejemplo de las operaciones encubiertas de la agencia estadounidense llevadas a cabo por sus grupos de tareas. Con el transcurrir del tiempo, otros organismos institucionales como la DEA cumplirán tareas afines en países como Colombia, Venezuela (de la cual fue expulsada por el choque ideológico de ambos regímenes autoritarios), Paraguay y la Triple Frontera, entre otros, bajo la Doctrina de las Nuevas Amenazas.
Con esta ideología o Doctrina de la Seguridad Nacional, Estados Unidos propicia en su área de influencia (América Latina) nuevos Estados dictatoriales bajo su liderazgo y dominio, política de intervencionismo que se programa como un plan sistemático que involucra el entrenamiento de los funcionarios, militares y fuerzas policiales en la Escuela de las Américas con sede en Panamá (y actualmente el Comando Sur) en las estrategias de la guerra sucia, que incluyen la usurpación del poder por las fuerzas armadas, el cese del estado de derecho, el desmantelamiento de estructuras políticas, sindicales y obreras y represión cultural; persecución a los opositores y posibles contactos que los ayuden, operaciones clandestinas, secuestros, torturas, vejaciones y, por último, el asesinato y desaparición de los cuerpos que les quita identidad y deshumaniza a las víctimas, brinda un calculado anonimato al sistema represor e infunde terror en el resto de la ciudadanía, asegurando de esta manera la impunidad del régimen.
Esta violación sistemática de los Derechos Humanos se llevó a cabo bajo la consigna de combatir al enemigo interno, infiltrado por contrapartes ideológicas como la Unión Soviética o Cuba. Otras estructuras actuaron en connivencia y apoyo, como la Iglesia Católica (paradójicamente sostenida por el gobierno federal argentino a través de su Carta Magna), encubriendo la desaparición de cuerpos en fosas comunes o con vuelos de la muerte y el secuestro de hijos para su posterior adopción. La teología de la liberación, su contraparte ideológica, fue perseguida y varios sacerdotes asesinados.
Este intervencionismo, avalado por los gobiernos cómplices, contó con escenarios propicios para la instauración del terrorismo estatal, es decir, los Estados fallidos de la región, aquellos con diversas crisis y conflictos en proceso, corrupción política, altas tasas de criminalidad, inseguridad ciudadana y escaso control territorial con grupos insurgentes activos (Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros, en Argentina; FARC y Ejército de Liberación Nacional, en Colombia; Tupamaros, en Uruguay, Sendero Luminoso, en Perú; Movimiento de Izquierda Revolucionaria, en Chile; y otros).
Algunas de estas organizaciones utilizaron la porosidad de las fronteras para movilizarse y, con el transcurso de los años, asimilarse al crimen organizado y un nuevo objetivo: esta vez económico. Tal es el caso de los grupos peruanos y colombianos, a los que se suman las Autodefensas, milicias paramilitares convocadas por el gobierno de Colombia para combatir a las anteriores y actualmente descontroladas.
Un ejemplo actual lo constituye la guerra contra las drogas y el terrorismo en Brasil, donde el aparato estatal ha llevado las medidas de seguridad hasta el extremo (en zonas rurales y favelas), y donde el ejército y la policía militar son cuestionadas por torturar, apalear y humillar a la población civil, así como de forzar el ingreso a las propiedades sin órdenes judiciales, ejecutar masacres grupales y asesinar concejales.
La situación es similar en México, cuestionándose el uso de las Fuerzas Armadas en la resolución de conflictos de seguridad interna. Las fuerzas de seguridad chilena, por otro lado, se capacitan en tácticas antiterroristas para controlar a los pueblos originarios (mapuches), mientras organizaciones criminales como el PCC y el Comando Vermelho controlan grandes franjas fronterizas.
En este contexto de globalización, con fronteras desprotegidas y sin ley, algunos grupos terroristas como Hezbolá, la mayor fuerza política y militar en el Líbano (con apoyo estatal de Irán), han extendido su influencia ideológica en América Latina, estableciendo redes para el reclutamiento de adeptos y actividades ilícitas, contando con una significativa presencia en la región de la Triple Frontera.
Hezbolá planificó e intervino en los ataques a la Embajada de Israel (1992) y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA, 1994) y jugó un papel clave en la guerra civil de Siria al apoyar, junto con Rusia e Irán, al gobierno del dictador Bashar al Assad, régimen que no dudó en utilizar armas químicas contra la población civil dentro de su propio territorio.
Proceso evolutivo y nueva globalización
Con el cambio de paradigma después de la Guerra Fría, la idea del caos constructivo y la Doctrina de las Nuevas Amenazas, Estados Unidos no ha dejado de ejercitar el poder blando (basado en la comunicación y la influencia a través de los medios culturales e ideológicos), pero ha enfatizado la senda del poder duro, es decir, la coacción, las amenazas y el autoritarismo, instaurando bases de operaciones militares en decenas de países, difuminando las fronteras y logrando un amplio despliegue de fuerzas en distintos escenarios y forzando conflictos asimétricos. Otra flagrante violación a los Derechos Humanos y leyes internacionales es Guantánamo.
Luego de los atentados del 11-S a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, que habilitó al gobierno de George Bush a declarar, a partir de una visión geoestratégica mesiánica de raigambre populista, la guerra total contra el terrorismo global (campaña que incluyó la desinformación y el ocultamiento) y, en un viraje totalitario, anular garantías constitucionales y dictar la ley Patriótica, constituyéndose una extensa y sofisticada red de espionaje electrónico, se suman las invasiones a Irak y Afganistán (donde otrora equipó a los talibanes, y estos a su vez apoyaron el surgimiento de Al-Qaeda), con la excusa de restaurar el orden democrático. Política unilateral que viola la soberanía territorial de otros países con el aval de un nuevo dogma: la doctrina del ataque preventivo. Se opondrá a esto una mayor radicalización yihadista a partir del surgimiento de Estado Islámico y su expansión territorial, interviniendo en el complejo entramado de la guerra en Siria, al igual que otros países como Turquía, que ejerce el terrorismo contra la población kurda. O también Rusia, que actúa en connivencia con organizaciones paramilitares en su zona de influencia.
Entre otros ejemplos, Israel se constituyó a través del terrorismo (Irgún, Haganá) y lo ejerció como Estado a través de operaciones clandestinas de secuestro y asesinato selectivo (entre otras, la Operación Garibaldi o la caza a los miembros de Septiembre Negro), migrando hacia los territorios conquistados y estableciendo asentamientos de colonos y áreas religiosas con tácticas represivas. Como respuesta a este estatus de potencia ocupante se intensificó el nacionalismo palestino con organizaciones estatales y terrorismo suicida (OLP, Al Fatah, con una política laica en Cisjordania, y el integrismo de Hamás ocupando la Franja de Gaza).
Otros ejemplos que exceden este breve análisis pueden situarse en los Balcanes y la disolución de Yugoslavia, en los territorios en disputa de África, en el Irak de Sadam Husein, en la China de Mao o en el Irán teocrático de Jomeini y la Revolución Islámica, así como en la tiranía de Trujillo en República Dominicana o el Haití de los Duvalier y su policía de Estado (los Tonton Macoute, aún peores que la Gestapo), su uso doctrinario del sectarismo vudú y el apoyo de Estados Unidos.

Fuente: elordenmundial.com (clicar en la imagen para ampliar).

Fuente: vtactual.com (clicar en la imagen para ampliar).

Clarín, edición del 7 de marzo de 2018 (clicar en la imagen para ampliar).

La Organización de Voluntarios para la Seguridad Nacional, o Tonton Macoute, cuyo nombre se traduce como "hombres de la bolsa", constituía una notoria milicia que operaba como fuerza policial represiva bajo el régimen de los Duvalier en Haití desde 1957 hasta 1986. Durante este período, se estima que la organización fue responsable de decenas de miles de asesinatos, torturas y extorsiones. Se caracterizaban por el uso de machetes, anteojos oscuros y extrema violencia.Algunos de sus líderes eran también practicantes de hechicería vinculados a las prácticas mágicas del vudú, un culto sincrético que combina elementos de la brujería africana y la liturgia cristiana, mediante el cual ejercían poder y manipulaban el temor de la población.

Miembro de los Tonton Macoute con su uniforme.

Muerte de Fidel Castro, líder guerrillero marxista secundado por Ernesto Guevara. Gobernó Cuba durante casi 50 años. Sobrevivió a la invasión de la Bahía de Cochinos organizada por la CIA y a la crisis desatada con Estados Unidos por los misiles nucleares soviéticos instalados en la isla. Según el diario La Razón (España, 27/11/2016), dejó una herencia de 7.365 asesinados, 20.000 presos políticos y 2.500.000 de exiliados.

Un soldado francés con prisioneros argelinos.
Durante la guerra de Argelia (1954-1962) el Frente de Liberación Nacional luchó contra las tropas coloniales francesas que ocupaban el país desde 1830. Durante el conflicto, se utilizaron tácticas de contrainsurgencia basadas en las ideas del Coronel Roger Trinquier, autor de La guerra moderna, y que derivaron en crímenes de lesa humanidad denunciados por la prensa.
Bibliografía
- Domenach, Jean-Marie (1962), La propaganda política, EUDEBA.
- Hastings, Max (2016), La guerra secreta, Crítica,
- Laqueur, Walter (2003), Una historia del terrorismo, Paidós.
- Packard, Vance (1971), La sociedad desnuda, Editorial Sudamericana.
- Pizarroso, Alejandro (1990), Historia de la propaganda, EUDEMA.
- Rubin, Sergio (2018), Dictadura, la Iglesia entrega actas de bautismo, Clarín.
- Trinquier, Roger (1981), La guerra moderna, Ediciones Cuatro Espadas.
- Weiner, Tim (2008), Legado de Cenizas. La historia de la CIA, Debate.
