
Hay un cuento de Cortázar que habla un poco de todo esto. Se llama El perseguidor. Lo publicó en Las armas secretas en 1959 y luego, reeditado, en el volumen El perseguidor y otros cuentos, a finales de los sesenta. En él, Johnny Carter, una especie de Charlie Parker ya muy pasado de vueltas, vive sus últimos días, acompañado por la baronesa Pannonica de Koenigswarte, aquí la marquesa Tica; por Lan, su mujer y por Bruno, escritor que escucha el desquicio del músico y, en parte, el propio Cortázar, incorporado como protagonista. En uno de esos puntos de descalabro racional Johnny suelta la frase antológica: Esto lo estoy tocando mañana. El jazz, en cuanto arrebato místico, se toca siempre mañana. Se escucha también mañana. Esto que ahora estoy escribiendo lo estoy escribiendo mañana. En este plan de desacople temporal. Estamos todos entendiéndonos, ¿no?
