Revista Salud y Bienestar

Experiencia de Judith

Por Javier Rojo @blogtueii

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Me llamo Judith y tengo 19 años. Soy de Zamora (de un pueblo de Zamora) pero llevo dos años viviendo en Salamanca por los estudios.

Cuando tenía 16 años (en marzo de 2011) empecé con molestias en la barriga. Como por aquellas fechas había sido Carnaval, el médico de familia de mi pueblo decía que había cogido frío. Pero los dolores no cesaban a pesar de que me dieron suero por garrafas (pensando que era un virus), dieta blanda y pastillas para frenar la diarrea.

Tras una noche horrible y cuando ya me había dado cuenta de que estaba empezando a sangrar, fui a urgencias (en Zamora). Allí, ya sabéis todos el protocolo… te usan de conejito hasta que dan con lo que tienes. Me dejaron ingresada en la unidad de Digestivo y dos días después y tras hacerme colonoscopia y alguna otra cosa me diagnosticaron Colitis Ulcerosa.

A mí me sonaba a chino. Me explicaron que había que poner corticoides para “curar” las úlceras del colon y que cuando mejorase me iba a casa, con algún tratamiento y teniendo cuidado con las comidas. Pero la cosa no fue tan fácil… la hemorragia empeoró y el tratamiento de corticoides no hacía nada así que me lo cambiaron por uno más fuerte.  Así con tres tratamientos diferentes pero ninguno respondía.

Hablaron con mi familia (tíos y abuelos, ya que son ellos con los que vivo) y decidieron que había que operar. Por aquel entonces yo no me movía de la cama, me estaban haciendo trasfusiones de sangre y poniéndome oxígeno porque me costaba respirar. La operación fue el 15 de abril y me pusieron una Ileostomía Terminal (supuestamente temporal).

El postoperatorio fue muy duro, tenía muchos dolores y había adelgazado 20kg. Me dieron el alta teniendo unas décimas de fiebre y a las tres semanas me operaron de urgencia, una infección había producido un absceso pélvico. Al darme el alta después de la segunda operación, me derivaron a psiquiatría, donde me pusieron tratamiento antidepresivo que a día de hoy sigo tomando.

Supuestamente tenía que volver a revisión en un mes, y pasados tres meses me operarían para hacerme un “reservorio”. Los primeros días en mi casa fueron HORRIBLES. No dormía, tenía hambre y no me entraba la comida, tenía dolores y para colmo no podía (más bien no quería) adaptarme a llevar una bolsa 24h al día en mi abdomen. Esas semanas que pasé, preguntándome ¿por qué a mí?, No se las deseo ni a mi peor enemigo.

Mi familia y yo, descontentos y desconfiados con el trato que se me dio en el hospital (en cuanto a cirugía, ya que todo el equipo de enfermeros se portaron de maravilla conmigo, de hecho con muchos de ellos sigo teniendo relación en la actualidad), y con la grandísima suerte de haber conocido al Presidente de ACCU León (J. Antonio) mientras hacía el camino de Santiago, decidimos que mi siguiente operación no sería en Zamora.

Con ayuda de J. Antonio me miró un Dr. De digestivo en León y me derivó al Hospital de Manises, en el cual me operaría el mejor cirujano digestivo que conocía. Y Así fue. La tercera operación fue el 3 de julio de 2012. El cirujano me explicó que no había podido hacerme el reservorio porque tenía muy pocos centímetros de muñón rectal y porque tenía el resto del intestino adherido a la pelvis y la vagina destrozada y adherida también, tanto que tuvieron que reconstruirla y de paso practicarme la resección del recto para evitar así futuros problemas de infección con el muñón amputado. Por lo tanto, mi ileostomía “temporal” ha pasado a ser permanente.

Actualmente estoy bien (solo he tenido una oclusión intestinal hace un año y un quiste de ovario) pero hay que cuidarse. La suerte de todo esto es que aprendes a sacarle más partido a la vida, a dejar de preocuparte por cosas que son tonterías al lado de todo lo que has pasado y, lo más importante, te das cuenta de quiénes son las personas que están a tu lado y las que merecen lo mejor de ti (también de lo contrario, claro).

Todos sabemos que una enfermedad inflamatoria intestinal no es como una gripe o un esguince… esto es algo que nos acompañará siempre y a lo cual tenemos que acostumbrarnos. Para eso, lo principal es asumirlo, aprender a adaptarlo a nuestra vida cotidiana y rodearse de gente que entienda y apoye tu situación.

En mi caso, mi familia, mis amigos y mi pareja fueron y están siendo un gran apoyo, nunca podré agradecérselo lo suficiente. Al igual que a todos los que he conocido recientemente gracias a ACCU, estoy muy orgullosa de que, algo malo como es una enfermedad, de lugar a algo tan bueno como es la amistad.

Espero que a alguien le haya servido mi experiencia, cada cuerpo es un mundo, pero todos nosotros tenemos algo en común (aparte de la enfermedad, claro), la paciencia, la madurez que supone adaptarse a una enfermedad crónica y, sobre todo, LAS GANAS DE VIVIR. Ahora, y gracias a mi amigo Roberto (también psicólogo del blog) no me pregunto ¿por qué a mí? Sino ¿y por qué no?.

¡Gracias, Javi, por darme esta oportunidad!


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