Revista Cultura y Ocio

Explorando el mito: "El verdadero Richard III" (Introducción)

Por Ladycaroline
El rey Ricardo III. Este cuadro titulado "The Broken Sword", fue pintado póstumamente entre 1533-43 bajo el reinado de Enrique VIII.
Ricardo III pasó a los anales de la historia como uno de los más malévolos y despiadados reyes de Inglaterra. Poseía las habilidades y talentos que debía tener un gobernante, sin embargo, según pregona la leyenda, ordenó asesinar a sus propios sobrinos, Eduardo V y a su hermano Ricardo, duque de York. Su imagen, manchada hasta el día de hoy, se construyó en parte por la intensa obra de Shakespeare. Es inevitable que nos venga a la retina la figura de un monarca usurpador, tirano y monstruoso, capaz de cualquier acto de villanía por lograr el poder absoluto. Entonces, ¿ya está? ¿Nos conformamos con esa supuesta verdad? 
Como humanos que somos, sabemos discernir que en este mundo no todo es blanco o negro. Los matices grises son los que dominan nuestros actos, es lo que nos convierten en seres fascinantes y complejos. Para empezar, sólo podemos decir que el auténtico rey Ricardo no fue tan malo ni tan bueno como se le ha descrito. Parte de la imagen que ha llegado hasta nuestros días deriva de "The Tudor Propaganda" que incrementó sus atrocidades y actos despiadados, incluso lo retrataron como un ser deforme hasta los limites de la monstruosidad. Haremos  todo lo posible para intentar acercarnos a  ese verdadero hombre, que bajo un pesado manto negro escondía una gama considerable de claroscuros: desde su fiel amor por su esposa Anne Neville (no se le conoció ninguna amante mientras estuvo casado) hasta considerarlo el responsable por el asesinato de sus sobrinos.

Ricardo III y su consorte, Anne Neville
Poco más de cinco siglos han pasado desde que Ricardo III fue coronado rey de Inglaterra. Únicamente reinó durante dos años, de 1483 a 1485, hasta ser vencido por el futuro Enrique VII en la Batalla de Bosworth. Treinta años de guerras sangrientas, de 1455 a 1485, llegaron a su fin y las heridas de tan terribles contiendas cicatrizaron con el matrimonio de Enrique Tudor con Elizabeth de York. Por fin llegaba la paz, la unión entre las dos rosas, la roja de los Lancaster por fin se fusionaba con la blanca de los York. Pero claro está, no hay rosas sin espinas, nada mejor dicho.
Como todos los que se codean con el poder, la ambición corría por las venas  de Ricardo. ¿Quién en aquellos tiempos no hubiese deseado ser el soberano de Inglaterra? Desde niño presenció las disputas entre primos, incluso entre hermanos: Los York y los Lancaster luchaban a muerte por un reino inmerso en un completo caos, donde las lealtades cambiaban según la marea de los acontecimientos.
Ricardo Plantagenet, el hijo más joven de Richard, III duque de York (1411-1460) y de Cecille Neville (1415-1495), nació el 2 de octubre de 1452 en el castillo de Fotheringhay.

El pequeño Ricardo consiguió sobrevivir a los periplos de la infancia y parece ser que luego pasó sus  primeros años de juventud en compañía de su hermano George, bajo los cuidados de su madre en  Fotheringhay. Después que su hermano mayor Eduardo IV ascendiera al trono en 1461, Ricardo fue  nombrado duque de Gloucester y enviado a que lo educaran como un caballero en el hogar del conde de Warwick en el castillo de Middleham en Yorkshire. Allí, Ricardo convivió con las hijas de Warwick, Isabella y Anne, y también con uno de los pupilos de conde, Francis Lovell, quien sería amigo suyo durante toda la vida. En ese enclave fue donde aprendió el arte de la guerra y las habilidades que se requerían para un noble de su posición, además de algunas nociones sobre leyes.
Ricardo fue esencialmente un niño que le tocó vivir una era violenta y tumultuosa, él mismo era el legado de una devastadora guerra civil. Su infancia y años formativos fueron eclipsados por batallas, traiciones y muertes atroces. Cuando apenas tenía ocho años de edad, su padre y su hermano Edmund murieron en campo de combate.
Durante la década de 1460, Eduardo IV favoreció más bien poco a su hermano pequeño, en realidad el que recibió todos los honores fue el hermano mediano, George, quién había sido nombrado duque de Clarence y llevado a vivir a la corte. Pero realmente quien permaneció incondicional al rey fue Ricardo, mientras George y Warwick se volvían en su contra, convirtiéndose en traidores de la corona.   Por lo tanto, el joven  duque de Gloucester caminó hacía la edad adulta en un inseguro y oscuro mundo, y dos veces sufrió la agonía del exilio.
Continuará...
Bibliografía:
Ashdown-Hill, John: The last days of Richard III and the fate of his DNA, The History Press, 2013.
Hicks, Michael: Richard III, The History Press, 2003.
Weir, Alison: The Princes in the Tower, Pilmico, London, 1992.

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