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Falos y vulvas por doquier: cuando explícito no implicaba obsceno

Publicado el 02 diciembre 2020 por Tdi @RLIBlog
Falos y vulvas por doquier: cuando explícito no implicaba obsceno

Actualmente, la presencia de imágenes de genitales explícitamente visibles en público es algo impensable en la mayor parte del mundo. Salvo en lugares como Bután, se considera algo vulgar y censurable que puede producir una exagerada reacción pública según su exposición. Sin embargo, esto no siempre fue así. Hace siglos, fuera cual fuese su función, eran abundantes y visibles con naturalidad, incluso en el contexto religioso, incluyendo el cristiano.

Falos y vulvas por doquier: cuando explícito no implicaba obsceno


Los antiguos griegos tenían el dildo de pan (ὀλισβοκόλλιξ, olisbokollix), que o bien podía ser un verdadero consolador o ser una broma en alusión a la forma del pan. Este se muestra en la cerámica griega con una mujer regando falos, sacándolos de una cesta o usándolos.

Falos y vulvas por doquier: cuando explícito no implicaba obsceno

Los fascinus romanos o los itífalos egipcios eran amuletos con multitud de formas. Podían mostrarse en inscripciones, relieves o figuras metálicas, generalmente de bronce. Además, para mostrar su independencia del resto del cuerpo, podían tener alas, piernas o incluso su propio pene. No podemos olvidar al dios Príapo que, como el egipcio Min, mostraba una naturaleza itifálica y se sincretizaba con otros dioses. Estos amuletos protegían contra el mal de ojo basándose en el principio de que para alejarlo, debía captarse su atención y sorprenderlo con una imagen chocante.

Falos y vulvas por doquier: cuando explícito no implicaba obsceno


Los cultos celtas tenían un importante culto fálico a la fertilidad. En Irlanda han dejado testigo en numerosos monumentos, como piedras fálicas o figuras itifálicas, como en el cementerio de Caldraghen la isla de Boa, Irlanda. Incluso El Cantar de cantares de Salomón en la Biblia contiene algunos sutiles versículos con referencias sexuales (1:1; 2:3; 7:3).

Árbol de penes


En el siglo XIV, la artista parisina Jeanne de Montbaston ilustró los márgenes del Roman de la rose de Guillaume de Lorris con monjas recogiendo penes proporcionados por monjes o que crecen en dos árboles. Junto a uno de los árboles, un mensaje decía: "Es inútil ignorar la llamada de la naturaleza. Incluso vivir como un santo no te salvará. Así que mejor disfrutar de la vida plenamente". Dada la elección de religiosos, la intención es claramente satírica.


El motivo del árbol fálico no es exclusivo del Roman de la rose. En Massa Maritima, en la Toscana, Italia, un fresco de la Fonti dell'Abbondanza de 1265 muestra un árbol cuyos frutos son genitales masculinos, recogidos por mujeres, que son sobrevoladas por pájaros negros. Estos, especialmente el que se posiciona en vertical, podrían aludir al escudo de los gibelinos En el castillo Moos-Schluthaus en Appiano sulla Strada del Vino, también en Italia, un mural de 1475 muestra a dos mujeres recogiendo falos que han caído al suelo. En el castillo Lichtenberg de Tirol tenía un fresco de un árbol de penes que se trasladó al Tiroler Landesmuseum de Innsbruck, Austria. En la logia de Psique de Villa Farnesina de Roma, Mercurio apunta a un pepino que se asemeja disimuladamente a un pene.

Falos y vulvas por doquier: cuando explícito no implicaba obsceno

No es un tema limitado a Italia. Una talla en una caja de madera de comienzos del siglo XV en el museo franciscano de Vilingen-Schwenningen, Alemania, muestra en un lado a una mujer recogiendo penes de un árbol, mientras en el otro un hombre hace lo mismo con un árbol de vulvas. Un dibujo alemán tardomedieval de un árbol en un jarrón con intrincadas ramas simétricas con dos falos grandes con cola y otros dos pequeños se encuentra en Estanbul, Turquía. Además, un querubín alimenta a un falo en sus brazos y otro lo descuelga del árbol. Incluso en una cabalgata de carnaval de Nordlingen, Alemania, en 1510 se incluyeron estos árboles, que fueron llamados zageln.

El árbol de penes se menciona en el Malleus Maleficarum, donde dice que las brujas recogen 20 o 30 penes que ponen en un nido o una caja, donde se mueven como si estuvieran vivos y alimentan con avena y trigo. También afirma que, según un testimonio, un hombre que había perdido sus genitales fue a ver a una bruja que le conminó a subir al árbol a por uno, pero que al agarrar el más grande, le dijo que ese no porque era del párroco.

Sheela-na-gig


Entre aproximadamente el 1080 y el 1250 se popularizaron en Europa las imágenes de exhibiscionistas en castillos e iglesias. Dado que las mujeres mostraban su vulva y los hombres adoptaban posturas acrobáticas, se ha interpretado que pudieron actuar como advertencia a las mujeres que se exponían o los hombres que caían en el pecado. Por otra parte, dado que levantarse la falda tenía implicaciones apotropaicas, pudieron ser imágenes protectoras.

Utensilios con formas de genitales

La presencia de imágenes de genitales era ubicua. Se han encontrado un plato flamenco de Aardenburg, Bélgica, de finales del siglo XIV está decorado con falos, platos de bronce de finales del siglo XV en Italia, con imágenes sexuales, mientras en Maguncia, Alemania, se encontró un vaso de la primera mitad del siglo XVI con forma de falo.

Medallas de peregrino


Todo el que conozca el Camino de Santiago sabe que la venera de la vieira es su símbolo, pero si supieras que muchas de las medallas de peregrino contenían genitales, posiblemente veas la vieira con otros ojos. Estas podían ser penes o vulvas vestidos de peregrinos, la procesión de una vulva cargada por cuatro falos, una vulva coronada con zancos, un pene asándose sobre una vulva, genitales a caballo, alados, parejas teniendo sexo mientras miran un perro y un hombre, árboles de penes, sheela-na-gig, etc.

En los ríos se han encontrado multitud de estas medallas, sugiriendo que cuando llegaban al final del camino, se deshacían de ellas en el curso de agua más cercano. Dado que no hay ninguna fuente contemporánea que hable de ellas, no hay consenso en su función, más allá de la apotropaica para proteger a los peregrinos en su camino. Esta función se basaba en el mismo principio de uso del fascinus contra el mal de ojo, ya que se creía que la peste negra podía transmitirse a través de la mirada. Además explicaría por qué se produjeron aproximadamente entre los años 1350 y 1500. No obstante, eso no excluye que fuesen además una parodia, ya que la medalla donde cuatro penes cargan una vulva parece hacer alusión a una procesión de la Virgen. Estas procesiones a la Virgen se hicieron en Alemania a modo de mofa al catolicismo, tanto antes como después de la reforma protestante.

Textos ambiguos

El Libro de Exeter, códice del siglo X donado a la catedral homónima por su obispo Leofric, contiene ocho adivinanzas ambiguas que pueden tener respuestas sexuales. Por una parte, se han interpretado como imágenes moralizantes.

Las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio presenta historias que podrían parecer inadecuadas en un texto en alabanza a María. El canto 68 habla de una mujer cuyo esposo mercante tiene una amante, por lo que reza a la Virgen para que la castigue. En su canto 327, menciona a un sacerdote que roba la tela del altar para cubrirse sus partes pecaminosas, implicando que tiene algún pecado sexual por el que, como castigo, sus piernas se vuelven del revés, necesitando la confesión a la Virgen para salvarse.

En Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer también se mezclan historias piadosas, como El cuento del bulero o El cuento de la priora, con otros más explícitos, como El cuento del molinero o El cuento del alguacil.

Por una parte, la eterna y obvia fascinación por el sexo impulsó la popularidad de este motivo a partir del siglo XIII. Lo que hizo que dejara de representarse a principios del siglo XVI fue la Reforma protestante y la Contrarreforma católica por el que la iglesia se inmiscuía en asuntos seculares, convirtiendo al sexo en un tabú.

Antes de acabar la entrada, quisiera puntualizar algo. Esta entrada inicialmente iba a limitarse a los árboles del Roman de la rose, pero resultó ser uno de esos temas donde un elemento resulta ser parte de una red tan extensa como interesante. Por eso he preferido hacer un repaso superficial con la posibilidad de revisitar alguno de sus puntos en mayor profundidad. Como la entrada está enfocada mayormente a los genitales y centrada en unas zonas y épocas concretas, también da pie a compartir la situación en otras culturas. Por lo tanto, considerad esta entrada como un aperitivo.

  • Mattelaer, J. J. (2010). The phallus tree: a medieval and renaissance phenomenon. The journal of sexual medicine, 7(2), 846-851.
  • Reiss, B. (2017). Pious Phalluses and Holy Vulvas: The religious Importance of Some Sexual Body-Part Badges in Late-Medieval Europe (1200-1550). Peregrinations: Journal of Medieval Art and Architecture,6(1), 151-176.
  • Gimbel, L. M. (2012). Bawdy badges and the Black Death: late medieval apotropaic devices against the spread of the plague.

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