Ilustración de Franklin Booth
Desnuda como estaba se inclinó y se miró en el lago, y allí se imaginó vestida con ricas telas. ¿Para qué iba a perder el tiempo con la verdad, cuando el espejo de su ensoñación la recreaba a su antojo? Sólo tenía aquello una desventaja: que para verse tal y como su imaginación quería, preciso era vivir siempre arrodillada.
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