-Te quiero, mi vida.
-Y to a ti, cariño.
Y sientes la náusea que provoca la mentira temblando en tu esófago, y cierras los ojos por un momento antes de guardar el teléfono en el bolsillo de un pantalón que deberías meter ya en la lavadora. Otro día que sales de casa después de haberle dado los buenos días, de haberle preparado café y de haberte despedido con un beso suave en los labios.
-Te echo de menos.
-Me muero por verte.
El taladro de las verdades te golpea las neuronas con fuerza, la conciencia se balancea dentro del cráneo sopesando todo eso que nos han contado sobre el bien y el mal. Estamos en medio de una moral más gris que nunca, llena de matices para convencernos a nosotros mismos, para justificar nuestros errores.
-Hoy llegaré más tarde a casa.
-Te esperaré para cenar.
Y aprietas la mandíbula mientras caminas por la calle cogiendo otra mano y tienes que acompasar la respiración. Te preguntas cómo coño has llegado a ese punto en el que mientes más que pestañeas y notas ácido en el pecho, en ese hueco que dejamos al corazón de vez en cuando.
-Cuando acabe saldré con los del trabajo.
-No te preocupes. Disfruta.
Protegido por muros de conexiones falsas que te has encargado de tejer a conciencia, como un psicópata más, calibrando los planes, pensando las tácticas al detalle, avisando a los amigos cercanos para que te cubran las espaldas si es necesario. Ejército de mentirosos al rescate de una vida que cae al precipicio.
Y cuando llegas a casa sonríes, la abrazas y le dices que la quieres como si no pasara nada, y la miras como si realmente fuera la mujer de tu vida cuando hace un par de lustros que te diste cuenta de que no era así. Pero no tienes cojones de salir por la puerta, de dejarla ser feliz con alguien que la quiera de verdad, pero no tienes cojones de verte solo y en la calle y dejar de tener a alguien con quien compartir la cama y las ondas gravitacionales.
Falsos, somos falsos, y nos tocamos las pieles con dedos de plásticos y ojos de cartón.
Falsos, somos falsos, y nos miramos al espejo sin reconocer a ese hijo de puta que la abraza por la espalda como si no pasara nada.
Falsos, feliz día de los enamorados.
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