Como es habitual, aunque Fantasia Festival se desarrolla a lo largo de tres semanas, casi veinte días, los premios de los jurados se otorgan al comienzo de la tercera semana, así que ya conocemos a los ganadores que han elegido los jurados de las diferentes secciones a competición, entre los que destacamos el premio al octogenario compositor Pino Donaggio (1942, Italia) que este año ha regresado con fuerza al panorama internacional con las bandas sonoras de Su propio infierno (Nicolas Winding Refn, 2026) y Ferine (Andrea Corsini, 2026). Este es un resumen de los premios más destacados, en una crónica en la que hablamos precisamente de algunas de las películas que han triunfado en esta edición de Fantasia.
CHEVAL NOIRMejor Película: Nightborn
| Hannah Bergholm | Finlandia, Lituania, Francia, Reino Unido 2026Mejor Dirección: No rest for the wicked | Kasper Kalle | Dinamarca, Islas Feroe, Islandia 2026Mejor Guión: Sleep no more | Edwin | Indonesia, Singapur, Japón, Alemania, Francia 2026Mejor Música: Pino Donaggio por Ferine | Andrea Corsini | Italia 2026Mejor Interpretación: Seidi Haarla por Nightborn | Hannah Bergholm | Finlandia, Lituania, Francia, Reino Unido 2026Mejor Interpretación: Pilou Asbæk por No rest for the wicked | Kasper Kalle | Dinamarca, Islas Feroe, Islandia 2026 Mención Especial Efectos visuales: Sleep no more | Edwin | Indonesia, Singapur, Japón, Alemania, Francia 2026NEW FLESHMejor Película: Mum, I'm alien pregnant | Thunderlips | Nueva Zelanda 2026Mención Especial Interpretación: Dilnaz Kurmangali y Ayan Utepbergen por Sicko | Aitore Zoldaskhali | Kazajistán 2025PREMIO SATOSHI KOHN ANIMACIÓNMejor Película: Blaise | Jean-Paul Guigue, Dimitri Planchon | Francia 2026PREMIO NORTHERN EXCELLENCE PELÍCULAS CANADIENSESMejor Película: Black zombie | Maya Annik Bedward | Canadá, Haití 2026Mención Especial: Insectasy | Angus Silver | Canadá 2026
Nightborn
Hannah Bergholm
Finlandia, Lituania, Francia, Reino Unido 2026 | 92' | Cheval Noir | ★★★★☆
Berlinale '26: Sección Oficial
BIFFF '26: Premio Méliès de Plata Película Europea
Fantasia '26: Mejor Película - Mejor Interpretación (Seidi Haarla)
Tras su estreno mundial en la sección oficial del Festival de Berlín, la segunda película de Hannah Bergholm (1980, Finlandia) después de la inquietante Ego (2022) también se introduce en el entorno familiar para mostrar las relaciones de conexión y desconexión entre sus miembros. Sin embargo, se centra más en la maternidad mostrada como una pesadilla de body horror muy cercana a las películas de David Cronenberg, al mismo tiempo que abraza el folclore finlandés de los haltijat, los espíritus guardianes del bosque. Nightborn (Hannah Bergholm, 2026) fue adquirida por Shudder en Berlín para Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, donde se estrena esta misma semana, el 31 de julio, poco después de conseguir el premio Cheval Noir a la Mejor Película y el premio de Interpretación para la actriz Seidi Haarla en Fantasia Festival. La historia comienza como muchas películas folk horror, con un matrimonio dirigiéndose en su vehículo hacia su nueva casa, una espléndida construcción en medio del bosque que necesita algunos arreglos y en la que encuentran en el centro del salón la raíz de un prominente árbol. Saga (Heidi Haarla) regresa a la antigua casa de su abuela y a su comunidad en Finlandia (aunque la película se rodó en Lituania), mientras que para Jon (Rupert Grint) se trata de un mundo nuevo, con dificultades para entender el finés, que en algunas conversaciones entre familiares y amigos de Saga se olvidan de traducir. Esta sensación de aislamiento forma parte de un personaje que cada vez se siente más desligado de su propia esposa y de su bebé recién nacido. Basándose en su propia experiencia como madre, la directora pretende reflejar todos esos aspectos que generalmente pasan desapercibidos en la habitual representación de un matrimonio con bebé, desde la transformación del cuerpo de la mujer, que aquí adquiere esa condición de body horror, hasta las sangrientas consecuencias del parto, en una escena en la que Jon acaba con la cara ensangrentada mientras Saga está dando a luz. La ironía de la propuesta es evidente desde el principio, y Nightborn está envuelta siempre en un tono de humor negro muy seco y muy finlandés que quizás puede hacer parecer la película como una propuesta extraña y grotesca en algunos momentos. Pero es precisamente esta característica la que incorpora en la historia una mirada más inquietante e irónica respecto al reflejo de la desesperación, la confusión y la rabia que pueden provocar en una madre los primeros meses de la crianza de un hijo. Cuando Saga habla con su propia madre (Pirkko Saisio) sobre los deseos que ha tenido en alguna ocasión de matar a su hijo, ésta no solo le muestra comprensión, sino que se refiere a una vez, cuando Saga también era un bebé, que la dejó abandonada en un lugar inhóspito porque estaba harta de ella, en un tipo de conversación que se sale de lo habitual para alcanzar el límite de la comedia negra. La propuesta de la película quizás no sea del todo original, especialmente en los últimos años en los que mujeres directoras han abordado precisamente las complejidades y los desafíos de ser madres al margen de la habitual representación de felicidad. Saga puede ver desde el principio que su hijo no es normal, y lo hace desde una experiencia física, porque amamantarlo no solo es doloroso sino que le provoca heridas (el bebé parece más interesado en succionar sangre que leche), mientras que Jon no ve nada extraño en él, pero desde una mirada exterior, aunque a veces invade demasiado el espacio que ocupan madre e hijo. La película aborda todas las incertidumbres con las que se encuentra una maternidad primeriza, como la atención que provoca en los demás, la presión de la responsabilidad como una madre que tiene que ser perfecta o los comentarios susurrados tras una máscara de amabilidad. La progresiva desconexión entre Jon y Saga también se refleja en el lenguaje, los malentendidos por tener que conversar en inglés mientras están en la intimidad, pero también el aislamiento de él cuando no entiende lo que está diciendo la pediatra finlandesa sobre su hijo. Mientras que Saga experimenta otro tipo de soledad que tiene relación con la separación del mundo exterior que provoca la constante atención de un bebé, sobre todo si éste es algo especial, como si fuera una especie de versión de La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) mezclada con ¡Estoy vivo! (Larry Cohen, 1974). La metáfora es tan evidente que a veces puede parecer que el guión co-escrito entre Hannah Bergholm e Ilja Rautsi, quien también participó en su película anterior, es demasiado reiterativo en subrayar los elementos alegóricos. Pero la decisión de la directora de mantener al bebé principalmente en segundo término, rodeado siempre de cierta oscuridad, lo hace más inquietante. Lo más interesante, sin embargo, es la transformación que sufre Saga, no solo físicamente como una forma de reproducir esos cambios que experimentan las mujeres después de dar a luz y la presión social que esto conlleva, representada en la reunión con unas amigas en su única noche libre. Sino también en relación con su hijo, al que se refiere al principio con el neutro inglés "it" (eso), para derivar progresivamente hacia el "he" (él), mostrando la aceptación y la comprensión en una relación materno-filial que está salpicada de decisiones complejas y sangrientas. Lo que consigue Nightborn es consolidarse como un cuento de hadas, subrayado por la fotografía de Pietari Peltola y la música del violonchelista de música metal Eicca Toppinen (1975, Finlandia), con ese lado oscuro que tenían los relatos de los hermanos Grimm, en medio de un bosque en el que la antigua casa familiar de la abuela de Saga parece tener una conexión con los árboles mucho más profunda de lo que se evidencia desde el exterior. Y de alguna forma también representa en su transformación la relación entre Jon y Saga, progresivamente deteriorada, a pesar de las renovaciones que tratan de preservar sus raíces, aunque decoren la habitación infantil como reflejo de una aparente felicidad familiar perfecta, mientras el suelo continúa pudriéndose. La película puede caer en la exageración y la repetición de su propuesta alegórica, pero dentro de sus excesos es una representación cargada de humor negro de una depresión postparto llevada hasta el extremo. Y, como se vio en el Festival de Berlín, divisiva en la percepción que reciben los espectadores, lo que se puede considerar una virtud.
Sicko
Aitore Zholdaskali
Kazajistán 2025 | 102' | Horizon | ★★★☆☆
IFFR '26: Sección Bright Future
BIFFF '26: Premio Black Raven Mejor Película
Fantasia '26: Mención Especial Interpretación (Dilnaz Kurmangali, Ayan Utepbergen)
Una de las películas que más curiosidad ha despertado en el circuito de festivales, aunque sus responsables comentan que se perdieron muchas fechas de festivales importantes porque al principio no se habían planteado introducirla en ese circuito, ha despertado la atención en su estreno en el Festival de Rotterdam y el Festival de Cine Fantástico de Bruselas, donde recibió el premio Black Raven a la Mejor Película, antes de llegar a Fantasia Festival. Sicko (Aitore Zholdaskali, 2025) es la única producción de Kazajistán que se ha incluido en la programación del festival, y tiene en su carácter de thriller con toques de comedia negra el principal reclamo, aunque también aborda temas controvertidos como los fraudes médicos y la violencia doméstica que, a pesar de cierto cambio de actitud en la sociedad kazaja, sigue siendo uno de sus principales problemas. Tras dirigir la popular serie Sheker (START, 2020), que consiguió 20 millones de visualizaciones en YouTube, y la película musical Shulamah (Igor Tsay, Aitore Zholdaskali, 2023), el director Aitore Zholdaskali (1996, Kazakistán) debuta en solitario con este largometraje que está protagonizado por una pareja en crisis. Azamat (Ayan Utepbergen) y su novia Tancho (Dilnaz Kurmangali), ambos actores han recibido una mención especial por su interpretación, viven con ciertas comodidades en un piso de clase media, pero las deudas comienzan a aparecer en sus vidas, sobre todo debido a decisiones equivocadas del primero. Su situación es tan desesperada que Azamat acaba robando en una tienda de proximidad una urna con donaciones para un niño enfermo de cáncer, lo que le lleva a su segunda idea. Tras un malentendido en el que se confunde a Tancho con una enferma de cáncer de columna en estado 4, la pareja decide seguir viviendo en la mentira y lanzar una campaña solidaria a través de las redes sociales que les permita recibir donativos, algo parecido a lo que nos mostraba la miniserie Vinagre de manzana (Netflix, 2025), basada en hechos reales ocurridos en Australia. Con la ayuda de un amigo médico y de una joven que padece esa misma enfermedad, Azamat y Tancho copian los diagnósticos y falsifican las pruebas para hacer creíbles los síntomas del cáncer, con ella postrada en una silla de ruedas en sus apariciones públicas. El engaño es tan efectivo que un empresario les ofrece 500.000 dólares para un tratamiento oncológico innovador, dándoles a elegir entre Rusia y Corea. Aunque Tancho comienza a tener dudas de que estén llevando la estafa demasiado lejos y conforme se involucren más resulte más fácil descubrir la mentira, Azamat está empeñado en que continúen recaudando el suficiente dinero para comenzar una vida nueva, dando sentido a la frase con la que comienza y termina la película: "Nuevo día, nuevas oportunidades". Si en Shulamah se abordaba el sueño del éxito a través de tres amigos que forman un grupo de rap, en esta película se explora la embriaguez de la fama y el éxito económico que comienzan a rodear a la pareja protagonista. Hasta el punto que comienzan a aparecer amenazas sobre la posibilidad de revelar la verdad e incluso intentos de robo bastante violentos. Sicko juega con el tono de comedia negra en la primera parte, para desarrollarse desde el segundo acto en un tono más dramático y violento muy cercano a las confrontaciones sangrientas del cine de Quentin Tarantino, especialmente cuando los protagonistas reciben un ataque dentro de su propio apartamento. Pero también hay una clara influencia de los dramas coreanos, y se ha citado como comparación a la película Parásitos (Park Chan wook, 2019), lo que quizás puede resultar excesivo, pero resulta bastante evidente que el cine del realizador coreano es una clara referencia de los guionistas Kazybek Orazbek y Aldiyar Zhaparkhanov, especialmente cuando la pareja protagonista decide elegir Corea del Sur como el país en el que Tancho recibirá el tratamiento experimental. La aparición en la película de la pareja formada por Cat (Azat Zhumadil) y Kitty (Aida Kurmangaliyeva) transforman completamente la historia, que se vuelve excesivamente violenta, sin que esta violencia se sienta como una consecuencia narrativa del desarrollo de la estafa, aunque lo sea en cuanto al impulso de los personajes. Sicko acaba olvidándose de los comentarios sociales en torno a un sistema sanitario que puede ser corruptible y manipulable, también se olvida del tono de comedia negra y ni siquiera refleja demasiada preocupación por las víctimas de la estafa, sino que se convierte en un thriller sangriento que también adopta las formas del K-horror, dejando en segundo plano la mordaz crítica social en torno a las dinámicas de género y la presión del capitalismo que habíamos visto en la primera mitad de la historia, para abrazar un planteamiento más comercial. También hay que decir que los guionistas no tienen demasiada compasión con sus protagonistas, pero incluso en este sentido parece que se decantan por un desenlace incrédulo y nihilista en el que se subraya la perspectiva pesimista sobre la sociedad y sus habitantes. Más efectivo que las dosis de violencia algo alargadas, resulta un tercer acto en el que Azamat y Tancho encuentran su apartamento empapelado con recortes de anuncios de jóvenes que piden solidaridad para su tratamiento de cáncer, planteando una opresión claustrofóbica que acaba derivando en un acto brutal de violencia doméstica. Aunque a veces se desestabiliza, Sicko tiene buenas ideas y un uso muy inteligente de la canción sobre la felicidad artificial "Feel good Inc.", que el grupo Gorillaz incluyó en su álbum Demon days (2005, Virgin), y se sitúa en una posición destacada dentro de las últimas propuestas del thriller procedente de Kazajistán.
Insectasy
Angus Silver
Canadá 2026 | 83' | Underground | ★★★★☆
Fantasia '26: Mención Especial Película Canadiense
Con una estética cercana a las películas eróticas de los años setenta, la exploración de una sexualidad femenina que se distancia de las normas sociales sirve al director Angus Silver para explorar el deseo y la excitación desde una perspectiva insólita, a través de la parafilia que experimenta la joven Sadie (Tirion Healey), que en el ámbito científico se denomina formicofilia, una forma de placer sexual que se produce cuando se siente el cosquilleo o la mordedura de un insecto en la piel. Como en Female pervert (Jiyoung Lee, 2015), la perversión femenina es tratada como una forma de honestidad, aunque en una conversación entre Sadie y Honey (Lyndall Huber), la empleada de una tienda de animales a la que la primera acude frecuentemente para comprar grillos, ésta afirma que la perversión no existe en las mujeres, sino solo en los hombres. Insectasy (Angus Silver, 2026) aborda de una manera inteligente una forma de represión sexual que se manifiesta a través de la digresión, de la misma manera en que el personaje frígido de Belle de jour (Luis Buñuel, 1967) se acercaba a la prostitución. Mientras sus amigas hablan sobre sus aventuras amorosas, Sadie se excita en un restaurante sintiendo las patas de unos grillos en sus órganos genitales, un tratamiento que es menos erótico que cómico, o al menos lo suficientemente incómodo como para provocar una sonrisa nerviosa. Aunque se entrega a una relación no ansiada con Theo (Emmett Roiko), un joven con el que se siente cómoda pero no especialmente atraída sexualmente, los deseos secretos de Sadie son mucho más oscuros y extravagantes, especialmente en secuencias oníricas en las que sueña yaciendo con gusanos gigantes: "No quiero hacer el amor, quiero que me coman viva". Esta propuesta peculiar se refleja en un tono de comedia que suaviza la incomodidad que pueda provocar, aunque el diseño de sonido se encarga de subrayar tanto los rasgueos como las estridulaciones de los insectos que cualquier espectador con fobias relacionadas con ellos es mejor que se aleje de la película. Pero al proporcionar una paleta de colores violetas y un estilo visual cercano a las producciones eróticas europeas, le aporta una estética singular que la diferencia, también destacable gracias a una banda sonora que remite directamente a las sonoridades del grupo italiano Goblin para los giallo italianos, en este caso compuesta por Tom Cepeda y The Rats that Drink Blood, con composiciones adicionales de Solange Nelles. De manera que se construye una atmósfera onírica en el desarrollo de una historia en la que Sadie se siente cada vez más aislada de su entorno porque no se siente identificada con los deseos y la excitación más convencionales. La visita al apartamento de Julius (Jan Roeth), otro empleado de la tienda de animales y entomólogo que tiene una colección de especies raras de insectos, se convierte en un descubrimiento para Sadie, pero sobre todo en el sentido de un anhelo especial de ser adoptada como una parte de la especie. La primera imagen de la película muestra a una crisálida como una representación del estado embrionario en el que se encuentra Sadie en su exploración del deseo erótico y la formicofilia, pero como aquella, la protagonista sufrirá una metamorfosis que conecta directamente con las representaciones kafkianas.Ganadora de una Mención Especial del premio Northern Excellence a las mejores películas canadienses, Insectasy es una película independiente que sabe utilizar sus recursos para construir una atmósfera inquietante y especial. Cuando Sadie contempla a las hormigas trabajando, se pregunta qué es lo que las impulsa, cuál es su motivación, a lo que Julius le responde que "lo hacen por instinto. Una oruga sabe cómo hacer un capullo, y una termita sabe cómo hacer un montículo: simplemente lo hacen". Igualmente, la aceptación de Sadie de sus propios deseos no tiene explicaciones ni motivaciones, aunque se apunta alguna experiencia traumática cuando durante la pandemia solo pudo asistir de forma remota al entierro de una amiga fallecida, mientras que su deseo era estar presente, no solo con el cuerpo amortajado de su amiga, sino también con los gusanos y los insectos que devorarían ese cuerpo inerte. El drama psicosexual de Angus Silver no intenta encontrar explicaciones o justificaciones, sino exponer la liberación de la represión sexual mediante la aceptación del deseo, por mucho que éste pueda resultar socialmente inadmisible. También refleja cómo la sexualidad está tan constantemente presente en la sociedad que resulta casi una obligación encajar en las referencias eróticas que rodean a Sadie: en las conversaciones de sus amigas, pero también en un pódcast en el que se describen las relaciones sexuales con especial atención a los órganos genitales. La adaptación de la protagonista al mundo que la rodea se produce en torno a su capacidad de indagación en su propio deseo sexual, rompiendo la normalidad a través de la transgresión, aunque lo haga desde la intimidad. Afortunadamente, el director evita que esta parafilia acabe siendo demasiado visible para los demás, manteniéndose casi siempre en el terreno personal y psicológico, llevando al espectador a los mundos interiores de la protagonista. En este sentido, Insectasy es una estimulante, aunque algo incómoda, exploración de los límites impuestos por nuestra sociedad a través de la transgresión disruptiva del erotismo.

I love Paris
Nick Murphy
Australia, Francia 2026 | 120' | Underground | ★★★★☆
Si algo ha demostrado esta edición de Fantasia Festival es que el género de vampiros sigue funcionando con tanta eficacia como hace años, y a lo largo de estas crónicas lo hemos visto con algunos ejemplos. I love Paris (Nick Murphy, 2026) presenta un planteamiento que no es especialmente novedoso, a través de un mockumentary que sigue a una joven con aspiraciones musicales mientras lidia con su condición de vampira, y que puede recordar a Lo que hacemos en las sombras (Jemaine Clement, Taika Waititi, 2014) y su posterior adaptación como serie, sobre todo por el uso del humor, pero que en este caso se siente mucho más cercano y realista porque se mueve entre la escena musical de una ciudad como París que en sí misma ya ejerce su propia forma de vampirismo en las vidas de sus habitantes. Claramente, el género sirve como metáfora para hacer comentarios sociales y exponer realidades más allá del carácter fantástico de la historia, y en este caso el ansia de fama que persigue la protagonista Ami, cuyo nombre artístico es Paris (Aminata Thiboult), se expone a partir de su conversión como una representación de la manera en que ésta la va consumiendo, lo que posiblemente acerca a esta película mucho más a un relato como El ansia (Tony Scott, 1983), por la descripción de una realidad bajo la perspectiva de la bendición y la maldición que supone ser vampira. La historia comienza con un estilo MTV cuando Paris muestra a la cámara el estudio de música en el que está diseñando su futuro como compositora y cantante, aspirando a participar en un importante festival de música que la ha rechazado porque no tiene suficientes seguidores en TikTok. La sed de éxito que tiene este personaje desbordante, extrovertido y de personalidad arrebatadora es tan intensa que parece agotador seguirla en sus constantes vaivenes por las calles de París buscando las oportunidades que pueden estar a la vuelta de una esquina. Pero el encuentro casual con Lutèce (Leonor Oberson), una joven vampira, cambia por completo su vida e incluso la vuelve aún más hambrienta por alcanzar el éxito. Paris acaba viendo su transformación en una vampira que necesita alimentarse cada noche para sobrevivir al día siguiente, como ese toque de suerte que le hacía falta a su carrera, adquiriendo un tipo de poder, en el sentido de control sobre los demás, del que no disponía hasta ese momento. El vampirismo supone una liberación que se expone en los subterráneos del metro de París y en la escena nocturna de la ciudad, aunque al principio le cueste asumir que debe sacrificar vidas humanas para poder sobrevivir. "No quiero matar a personas inocentes. Elijamos a un inspector del metro", le dice a Lutèce, que se convertirá en su acompañante, estableciendo una relación queer que evita los tópicos del homoerotismo vampírico, para establecer más una conexión basada en la confianza. I Love Paris está escrita por el director Nick Murphy y la actriz y compositora Aminata Thiboult, y se puede considerar como una continuación del trabajo que ambos han realizado en cortometrajes como Paris, I hate you (Nick Murphy, Zeïna Thiboult, 2021) y A pickpocket's guide to Paris (Nick Murphy, 2024), no tanto por su temática sino porque adoptan el mismo estilo de falso documental y cuentan con un equipo de intérpretes que repite en los distintos proyectos. Pero posiblemente estos trabajos anteriores han servido para depurar el estilo de cámara en mano que sigue a los personajes a través de planos secuencia, al mismo tiempo que traiciona en el buen sentido la continuidad de las escenas, de manera que en la narrativa de la película se producen saltos temporales de días, semanas e incluso meses, en los que vemos la evolución de la protagonista como cantante de éxito. Como en aquellos, la ciudad de París aporta un entorno que pierde el glamour al que estamos acostumbrados para adentrarse en calles solitarias, bares abarrotados y apartamentos pequeños que proporcionan una cualidad realista a la historia. Es posible que este planteamiento también nos recuerde a la serie El vampiro Lestat (AMC+, 2026), pero en este caso tiene un enfoque mucho más crudo, menos glamuroso. Muchas de las escenas que transcurren en las calles de París parecen realizadas al estilo guerrilla, tomando la cámara y grabando dentro de la atmósfera propia que proporciona la realidad. Aunque la duración de la película de unas dos horas puede resultar excesiva porque no consigue evitar que en algunos momentos resulte reiterativa, e incluso durante el turno de preguntas y respuestas tras la proyección el director mencionó la intención de reducir el metraje, quizás más consciente de estos ligeros problemas de ritmo después de que se haya proyectado por primera vez delante de un público. La fuerza que proporciona un personaje como Paris es imprescindible para que este planteamiento visual funcione, y para que se establezca la necesaria conexión entre el brillo de la fama y la asfixia que provoca la industria de la música y las redes sociales. El personaje no se refleja como una protagonista simple a pesar de su arrolladora personalidad, sino que asume la crueldad como una herramienta para seguir ascendiendo, aunque los sacrificios que tiene que hacer sean cada vez más dolorosos. La inmortalidad que podrá alcanzar Paris cuando su transformación culmine después de haber matado a 107 personas, no resuelve sus problemas. Demostrando que las imposiciones de la sociedad son mucho más depredadoras que la sed de sangre de los vampiros.

Matapanki
Diego "Mapache" Fuentes
Chile 2025 | 72' | Underground | ★★★★☆
Berlinale '26: Mención Especial Generation 14plus
Fantaspoa '26: Muestra Iberoamericana
La llegada al poder en Chile de José Antonio Kast, de origen alemán, cuyo padre han verificado algunas investigaciones periodísticas que se incorporó a las SS cuando tenía 18 años, y defensor de las supuestas políticas de derechos humanos del dictador Augusto Pinochet, indica una tendencia hacia la derechización en Latinoamérica que ni siquiera recuerda los peores momentos de su historia. Es la primera vez desde el final de la dictadura que un representante de la extrema derecha llega al gobierno en toda la etapa democrática chilena, pero sus promesas populistas de lucha contra la inmigración y mejora de la economía parecen hipnotizar a unos votantes que, por otro lado, tampoco encuentran una respuesta firme y eficaz por parte de la izquierda que había gobernado hasta ahora. El anterior presidente, el izquierdista Gabriel Boric, heredó buena parte de las protestas sociales que se produjeron en 2019, y que también fueron el germen del Partido Convergencia Nacional con el que consiguió ganar las elecciones de 2022, pero su llegada no supuso los cambios que la sociedad chilena esperaba. Diego "Mapache" Fuentes (2000, Chile) refleja en su primer largometraje, un proyecto de final de curso universitario, el descontento de una juventud que, como él mismo ha afirmado en alguna entrevista, se lanzó a las calles para combatir las políticas de aumento de tarifas del metro y la crisis de asequibilidad del país, pero acabaron teniendo la sensación de que no consiguieron cambiar nada. Matapanki (Diego "Mapache" Fuentes, 2025) surge como un proyecto universitario y por tanto tiene esa tonalidad de película amateur que además está subrayada por la textura de imagen granulada en blanco y negro que recuerda al movimiento DIY (Do It Yourself) que surgió en la cultura punk de los 70, con la autogestión de la música, el diseño propio de la ropa y la creación de fanzines independientes. Curiosamente, a pesar de pertenecer a esta cultura punk, el director consiguió una beca para la Universidad del Desarrollo (UDD), uno de los centros educativos privados más conservadores de Chile, pero esto le ha permitido acceder a los medios necesarios para realizar una película contestataria y rebelde en la que se critica directamente el intervencionismo norteamericano e incluso el presidente de Chile es asesinado por el protagonista. Y a pesar de su carácter local y su producción amateur, Matapanki consiguió una Mención Especial del jurado internacional de la sección Generation 14plus en el Festival de Berlín y ha sido seleccionado para otras muestras como Fantaspoa y Slamdance. Con claras referencias al ciberpunk desarrollado por el director Gakuryū Ishii (1957, Japón) como Electric Dragon 80,000V (2001), y a películas como Tetsuo: el hombre de hierro (Shin'ya Tsukamoto, 1989), esta propuesta está cargada de ideas transgresoras y de una estética vibrante. La historia está protagonizada por Ricardo (Ramón Gálvez), un joven que suele acudir con sus amigos a conciertos ilegales, y que en uno de ellos toma una botella de alcohol del suelo y bebe de ella, comprobando en una pelea posterior que ha adquirido superpoderes, principalmente una fuerza sobrehumana que le permite arrancar brazos y cabezas. Pero Ricardo solo quiere tener una vida normal de juerga y despreocupación, mientras que sus amigos Mella (Diego Bravo) y Claudia (Antonia McCarthy) le recriminan su apatía y que no aproveche los poderes que le proporciona la bebida para cambiar la sociedad. "¿Qué quieres que haga, que dé vueltas por la villa o me siente en una plaza a esperar a que cogoten a alguien? O mejor, me pongo fuera de La Moneda a esperar que salga el presidente y me lo piteo". Mientras tanto, en la televisión el presidente Larraín Mate (Guilherme Sepúlveda) anuncia conversaciones con el presidente de los Estados Unidos (Rodrigo Lisboa) para gestionar los sistemas de salud, educación y seguridad, en una clara muestra de sumisión chilena e intervencionismo norteamericano en la política interna del país. La película no tiene problemas en plantear realidades conocidas que provienen de la dictadura pinochetista apoyada por los Estados Unidos, y la continua imposición del poder y la fuerza. Sin embargo, la figura del presidente norteamericano se muestra al principio como una representación distante, hasta que una circunstancia fortuita convierte los superpoderes de Ricardo en un conflicto internacional en el que participa directamente Estados Unidos. Su presidente también tiene superpoderes, pero éstos se alimentan con la energía que le proporciona el tiempo que permanece delante de una cámara. Matapanki abraza la estética de la novela gráfica y el ciberpunk con absoluta dedicación, creando esa textura a través de efectos de cómic en las escenas de acción, introduciendo trazos en color dentro de la imagen. El matapanki que se menciona, mostrado a través de imágenes de archivo de disturbios y protestas, es un poder que permanece latente en el corazón de los guerreros punk, despertando solo en aquellos que necesitan defender sus territorios. No hay demasiadas sutilezas en los planteamientos metafóricos de la película, pero tampoco importa demasiado, porque sigue siendo igual de entretenida y de transgresora, sobre todo en el tercer acto en el que se produce el enfrentamiento con el poder político, cuando Ricardo adopta el traje de superhéroe que le ha cosido su abuela María Luisa (Rosa Peñaloza). Diego Fuentes, que se encuentra en el espectro autista y tiene síndrome de Tourette, aporta una sobrecarga de ideas que al parecer se han suavizado respecto a versiones más alocadas del guión. Y se encuentra trabajando en Corazón de polilla, un segundo largometraje que aborda la identidad de género que no pudo desarrollar en la primera.

Metal Messiah
Tibor Takács
Canadá 1978 | 76' | Fantasia Retro | ★★★☆☆
Presentada por primera vez en una sala de cine desde su estreno en 1978, esta curiosa película musical que transcurre en una ciudad distópica en un futuro cercano (1983), ha permanecido como uno de los títulos malditos de la cinematografía canadiense, hasta que ha sido recuperada por Canadian International Pictures en una versión restaurada en 4K, con el asesoramiento del director Tibor Takács (Hungría, 1954) en el proceso de color y de limpieza de la imagen. La historia de un extraterrestre que llega a nuestro planeta para salvarle de la obsesión destructiva por el rock and roll había sido estrenada primero como una obra teatral escrita por Stephen Zoller y posteriormente adaptada al cine con una estética ambiciosa que remite a títulos como El fantasma del Paraíso (Brian DePalma, 1974), mezclado con The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975) en algunos momentos, especialmente en una actuación musical de un travesti. Al margen de la curiosidad de una historia peculiar con estética de ópera rock, la película también ofrece una visión distópica de las calles de Toronto a finales de los años setenta y un reflejo del panorama musical más alternativo. Metal Messiah (Tibor Takács, 1978) se desarrolla en Anywhere City, donde el promotor musical Max (John-Paul Young, cantante de The Cardboard Brains y co-guionista), contrata al detective Philip Chandler (Richard Ward Allen), con clara referencia al cine negro clásico, para que descubra el paradero de Messiah (David Jensen, líder de la banda Kickback), un extraterrestre que amenaza a la industria musical. Estructurada en forma de capítulos centrados en diferentes personajes, a veces pierde el foco entre el protagonista del espacio exterior y el detective que le persigue, centrándose en personajes secundarios como Violet (Liane Hogan), líder del culto religioso Hijos de la Verdad, que intenta controlar a Messiah con drogas. Hay algunas referencias religiosas a la figura de este Mesías que proviene del espacio exterior, no solo por su nombre sino por la utilización de una cruz metálica que establece un paralelismo con la figura de Jesucristo, pero Metal Messiah a veces parece confundir su propio mensaje, que pretendía alertar, según el dramaturgo Stephen Zoller, a las nuevas generaciones sobre las letras inconsistentes de la música rock, pero al mismo tiempo utiliza su estética y su música para sostener la historia. En la película, el empresario musical húngaro-canadiense Tibor Takács introdujo elementos de su trayectoria dentro del ambiente underground de Toronto, en la que sería su primera incursión en el cine. Después desarrolló algunos temas comunes en su siguiente largometraje, La puerta (1987), su título más conocido internacionalmente, para posteriormente desarrollar una prolífica carrera como director, pero sobre todo de películas de terror de bajo presupuesto y films navideños para Hallmark. Su condición de sátira del autoritarismo a través de personajes corruptos que manejan los hilos de la industria musical en realidad tiene cierto paralelismo con la música alternativa, y Metal Messiah es interesante en su estética cruda pero tratando de ser algo estilizada. Sin embargo, en su momento se la consideró desfasada en sus temas y su reivindicación de la liberación musical de las letras de las bandas de rock, sobre todo en comparación con el estilo post-punk DIY (Do It Yourself) y la estética de glamour sórdido que presentó también en esa misma época la película independiente The foreigner (Amos Poe, 1978), rodada en Nueva York. Incluso ese mismo año se estrenó un cortometraje que retrataba la escena punk de Toronto, The last Pogo (Colin Brunton, Patrick Lee, 1978), un influyente y reconocido documental sobre un concierto celebrado en 1978 en la legendaria Horseshoe Tavern de Toronto, en el que también participó The Cardboard Brains, la banda de John-Paul Young, que se considera uno de los referentes más destacados de esta escena underground. Pero, con la perspectiva del tiempo, Metal Messiah encuentra su razón de ser dentro de ese panorama de efervescencia musical, y se puede considerar como pionera de un estilo de ópera-rock que no se había desarrollado todavía en el cine canadiense, un poco alejada de su época, pero que vista actualmente contiene muchas de las virtudes de este tipo de películas a veces un poco caóticas pero que construían una visión apocalíptica con un sentido visual fascinante. Conforme se desarrolla la historia, también adopta un tono cada vez más musical, incluyendo números destacados en bares abarrotados y calles solitarias, y sobre todo en un concierto final de unos 15 minutos en el que David Jensen, caracterizado como el extraterrestre metálico, canta algunas de las canciones de Kickback. Otra de las curiosidades de la película en el aspecto musical es que las composiciones incidentales, creadas con sintetizador, fueron interpretadas por Mychael Danna (1958, Canadá), en el que fue el primer trabajo para el cine del que más tarde se convertiría en habitual colaborador de directores como Atom Egoyan o Terry Gilliam, y ganador del Oscar por la banda sonora de La vida de Pi (Ang Lee, 2012). _____________________________________Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):Parásitos se puede ver en Prime Video.Belle de jour se puede ver en Filmin y Movistar Plus.Lo que hacemos en las sombras se puede ver en AMC+, Filmin y Prime Video.El fantasma del paraíso se puede ver en Filmin.The Rocky Horror Picture Show y La vida de Pi se pueden ver en Disney+. The foreigner se puede ver en Filmzie y Plex.
