
Me retiro a mis epicentros hasta el mes de septiembre. Este año no he querido poner la imagen del solitario contemplativo ante la vasta inmensidad del océano o la de los rayos de sol dorando tersos cuerpos juveniles. O la del éxtasis estival reflejado en rostros alegres y exultantes ante la inmediata expectativa del descanso y del ocio dilatados. Como somos el país en que más se abandona a los animales de compañía -en algo teníamos que batir récord-, les dejo esta imagen que habla por sí misma y que no necesita explicación, ni glosa ni comentario, para que, de alguna forma, cuando veamos a un animal abandonado, confuso y huidizo, buscando una sombra, una mano o una simple mirada de conmiseración, seamos conscientes de que debería de caérsenos la cara al suelo de vergüenza de pertenecer al género animal al que dicen pertenecer algunos seres de nuestra suprema y desarrollada especie. Afortunadamente aún hay quien mira a los ojos y es capaz de entender -como decía Saint-Exupéry- que no se ve sino con el corazón y que lo esencial es invisible a los ojos. Para ellos, feliz verano.
Imagen: Contacto, de Gianni Strino
