Revista Cultura y Ocio

Fernando Benzo: "Nunca fuimos héroes"

Publicado el 27 mayo 2020 por Juancarlos53
Gabo recuerda aquello que solía decir el Dandy. No son monstruos con cuernos y rabo. Son personas. También se acatarran y les hace reír una película tonta. El Dandy no lo decía para defenderlos. Todo lo contrario. No permitáis que eso os lleve a confusión, les advertía. Matan, secuestran, destruyen. Pero son personas.” (en cap. 14)
Fernando Benzo, Nunca fuimos héroes, editorial PlanetaA Fernando Benzo lo descubrí por casualidad hará poco más de un año en un programa radiofónico en el que hablaba de su novela "Las cenizas de la inocencia", novela que, a raíz de esto, leí y me agradó en extremo [hice reseña de la misma en mi blog]. Al finalizar tan grata lectura me puse a indagar sobre él y apunté algunos de sus títulos que busqué por Internet. Encontré y adquirí en Amazon uno de ellos, "Los náufragos de la Plaza Mayor", una distopía que presentaba un Madrid cuyos habitantes se habían volatilizado, y que también reseñé en este blog. Desde luego, en marzo del año pasado cuando la leí para nada pensaba que un Madrid desierto, sin nadie que discurriese por sus avenidas y calles se haría realidad justamente un año después. Tras leerla me desinflé un poquito pues en calidad "Los náufragos..." está muy por debajo de "Las cenizas..." y busqué lecturas de otros escritores.
Hace cosa de dos o tres meses empecé a ver reseñas positivas por los blogs literarios que frecuento de "Nunca fuimos héroes". Tomé nota del título y me propuse leerlo. Por fin llegó el momento y he de decir, así, sin más, nada más empezar, que me ha gustado, me ha entretenido, me ha ilustrado, me ha enseñado..., en definitiva, he disfrutado mucho con esta última novela de Fernando Benzo.
Gabo, comisario de policía retirado, recibe un día una llamada de su antiguo compañero Sixto Almada, ahora Comisario Jefe de la Comisaría a la que el expolicía es conducido tras haberle partido la cara a un ruso sobón que molestaba a su amiga Dolores. Sixto le avisa de que su fijación desde hace ya 30 años, un terrorista de ETA llamado Harri, ha sido detectado en Madrid. Dada la animadversión que desde siempre Gabo ha tenido a este individuo, Almada le insta a ocuparse de él vigilándole a fin de conocer las intenciones que alberga. Gabo es renuente a la petición arguyendo que él ya está retirado, pero Sixto, buen conocedor del comportamiento humano, deja a su alcance el dossier del antiguo etarra, sabedor de que Gabo no podrá resistir la tentación de cobrarse la deuda, viva desde hace décadas, que mantiene con él.
Gabo se hace el encontradizo con Harri en una sala de billares donde éste mata las horas muertas algunas tardes. Aunque al principio se ignoran mutuamente pronto estos dos solitarios comienzan a jugar partidas y a contarse sus vidas, inventadas o no. Dado que quienes habían detectado la presencia de Harri en Madrid habían sido los de estupefacientes una inspectora de esta Unidad de nombre Estela contacta con Gabo y le propone trabajar  juntos, a lo que el poco empático de Gabo en principio se negará aunque poco a poco y por necesidad, si es que quiere vigilar de verdad al exetarra, accederá.
En esencia esta es la línea argumental de la narración en la que se van intercalando los recuerdos de las épocas profesionales vividas por el comisario retirado desde el lejano tiempo en que un joven Gabo tras salir de la Academia de Policía de la calle Miguel Ángel de Madrid es destinado junto a su compañero Sixto Aldama al País Vasco donde la banda ETA se está haciendo notar con atentados, secuestros y extorsiones. Allí, en San Sebastián vive en un piso franco con otros compañeros que le marcarán profundamente y que siempre tendrá en su memoria: Cata, Javi y el Dandy. Cada uno de ellos con su personalidad, sus manías, sus orígenes a cuestas; particularidades que se manifiestan en sus gustos musicales, sus vicios, sus maneras, y que le sirven al autor para individualizar a cada uno de ellos.
El relato es contado por una tercera persona externa al mismo que lo hace de manera objetiva. En ocasiones este narrador da paso a una segunda persona generalizadora o impersonal que en su amplio campo significativo incluye también al propio personaje del que se está contando algo, en el ejemplo que pongo, Estela: "Era una mujer guapa que parecía empeñada en compensar cualquier posible atractivo con una férrea seriedad y una mirada fría con la que parecía estar advirtiendo de que estaba dispuesta a sacar la pistola y castrarte a la menor estupidez.” (en cap. 4). En general el estilo de escritura destaca por ser limpio, franco, claro, coloquial, fluido, directo… Un estilo caracterizado por la frase corta, a veces de una sola palabra. Una manera de comunicar que resulta muy agradable de leer y que alcanza altura 
Aquella noche hicieron el amor después de más de una semana compartiendo cama sin tocarse. Marina le pidió que lo hicieran sin pena. Y así lo hicieron. Como siempre. Con ansia, con dulzura, con hambre, con sabor a final, y con olor a para siempre. Y sin pena.” (en cap. 8)
Las vicisitudes del tiempo presente, que no se concreta con exactitud pero que sin lugar a dudas discurre en la segunda década de este siglo XXI, le hacen evocar al protagonista sucesos semejantes acaecidos en el pasado: los años de la Guerra Sucia contra ETA en el sur de Francia, las Conversaciones de Argel de 1989, la operación de Bidart en 1992, el secuestro y asesinato del concejal Miguel Angel Blanco en 1997... Estos avances y retrocesos rompiendo la línea temporal dotan al relato de una agilidad y una fluidez que atrapa al lector. 

ETA y la guerrilla colombiana, Drogas y ETA, Terrorismo y Narcotráfico

La relación guerrilla colombiana-ETA es evidente (Ag. EFE, 31/5/2019)

Es en cada una de estas evocaciones que sin caer nunca en lo prolijo Benzo hace entrar al relato en el terreno de lo histórico, de lo sucedido en verdad. Son evocaciones que para nada distraen del asunto ficticio principal, la investigación sobre Harri y sus extrañas conexiones en España con gerifaltes de la droga como Johnny 'el Argentino'Mario Claudio 'el Emperador', e islamistas como Youssef Dabdelkeir 'el Egipcio'. Esta ficción, la de la extraña ligazón entre un exetarra, unos traficantes de droga y el terrorismo yihadista es el núcleo fundamental de la novela. 
Ciertamente arriesgada operación en mi opinión es escribir sobre estos asuntos en España donde un brutal atentado islamista dio al traste con un más que cantado resultado electoral debido a la adscripción, equivocada o intencionada, a unos u otros autores. Este pensamiento constantemente me sobrevolaba durante la lectura pensando que el autor mostraría una definida inclinación por alguna de las tesis enfrentadas en ese momento y que incluso hoy reaparece en algunas ocasiones en el ambiente político. Pero no. Fernando Benzo conduce con mano diestra la narración y sabe evitar tan vidrioso asunto. ¿Cómo? Pues no lo voy a decir porque para eso está esta entretenida novela y el disfrute de descubrir lo que sucede según que se avanza en su lectura.
Salvado ese asunto tan próximo a nuestro momento sociopolítico actual, es en las opiniones que en la novela se vierten sobre los dos principales actores en liza durante esos terribles años de plomo -los terroristas de ETA y los funcionarios de la Policía del Estado-, donde se trasluce el pensamiento del escritor
  • Sobre la Guerra Sucia: “La sospecha perseguiría siempre a aquellos que se dedicaron a la lucha antiterrorista durante aquellos años. Costaba creer que aquello fuese un asunto encapsulado, al que se guiaban y se comían un grupo reducido de políticos y polis al margen de la organización policial.” (en cap. 10, al ser Gabo cuestionado por su participación o no en esas acciones)
  • Sobre la neutral visión del problema: “Nada podía justificar la furia colectiva de aquellas jaurías de jóvenes que dedicaban su tiempo libre a recorrer las calles destruyendo cuanto encontraban en su camino mientras reclamaban la vuelta a un mundo imaginario que consideraban que alguien en algún momento de la historia les había arrebatado.” (en cap. 2, al encontrarse el personaje en Donosti con una escena de kale borroka)
  • Sobre la distorsionada mente terrorista: “Estos tíos viven en una realidad paralela. Cuando mi nuevo amigo terrorista te habla de los problemas que ve en el País Vasco, te pinta un mundo imaginario en el que poco menos que tanques invasores patrullan las calles vigilando a una población cuya calidad de vida no es mucho mejor que en los antiguos guetos judíos, sometidos todos a unas fuerzas represoras del Estado que actúan con un ciego afán exterminador, sin miramientos jurídicos ni humanitarios.” (en cap. 11, comenta Santiso, uno de los interlocutores por parte del Estado en las conversaciones Argel)
Varios asuntos, además del general de la lucha contra ETA, se tocan en esta más que interesante novela. Quizás el principal sea el de la culpa, un sentimiento que acompaña a Gabo desde que vio morir en esa guerra a más de un compañero y sacrificarse a más de una compañera: Cata y Marina son el contrapunto a Estela en los modos de actuación y entrega a la causa, siendo las tres buenas profesionales policiales aunque en tiempos diferentes y con valores de entrega también muy distintos; justamente lo que va de la España de los primeros años 80 a la de hoy día. Muy unido al sentimiento de culpa esta el asunto de la lealtad: 
¿La lealtad? Una minucia como sentimiento, comparada con la culpa. Ese sí que es de los que marcan toda una vida. Uno puede llegar a librarse de la lealtad. Puede ignorarla, traicionarla, reemplazar una por otra, cambiar su objeto y su motivación. Pero la culpa no, la culpa es inamovible.” (en cap. 6)
El tema de los tiempos distintos, de lo que va del ayer al hoy, hace que tenga también mucho interés el asunto de los límites morales, éticos, políticos, en la lucha contraterrorista, más garantista hoy día que lo fuera en el pasado.

Mitos y leyendas vascas, Euskalerria, Olontzero

Julie Vicario-Weber (Cc)

Fuera de lo estrictamente político me ha interesado mucho en este relato las alusiones a la cultura vasca en un sentido claramente valorativo de la misma. Están referidas fundamentalmente al mundo rural como las leyendas sobre la bruja Tontorgorri, el toro rojo Zezengorri, la diosa Mari, el cura y cazador errante Mateo Txistu, el señor de la noche Gaueko, las ‘lamias' (sirenas),  los ‘jentilak' (primeros pobladores de la tierra vasca), el Olentzero:  el único gentil (jentilak) que quedó del exterminio que de ellos hicieron los cristianos. Otras veces lo que aparece son términos euskeras referidos al ámbito familiar y doméstico como 'aita' (padre), 'ama' (madre), 'amona' (abuela), ‘jatorra' (simpático), ‘ximelgorris' (diablos)... Y también, si bien en esta ocasión con un sentido muy crítico, aparecen términos que pretenden crear falsos ideales revolucionarios, un pensamiento mítico-político construido siempre en la constante idea del "ellos" y "nosotros" propia de los nacionalismos irredentos: son vocablos como ‘zutabes' (boletines que la banda distribuía entre los seguidores justificando la acción realizada); ‘talde' (grupo reducido de apoyo a un comando terrorista), ‘muga' (frontera), ‘mugalari' (colaborador de ETA que ayudaba a pasar clandestinamente la frontera), ‘gudari' (soldado vasco), ‘txacurra' (perro. Aplicado a los policías)...
Junto a las referencias a la cultura vasca en "Nunca fuimos héroes" Fernando Benzo deja muestras de su extensa cultura fundamentalmente referida al mundo de la Música y del Cine. Referido a la música he confeccionado una playlist con algunos de los temas que se citan. El mismo Fernando Benzo realizó en "Las cenizas de la inocencia" la playlist de canciones que en ella aparecen; no la he visto en esta ocasión y por ello me he permitido realizarla. Es ésta que coloco a continuación:
Respecto al Cine, otra de las aficiones confesadas del novelista madrileño, muchas imágenes o símiles utilizan a este arte o a alguno de sus personajes o intérpretes como elemento real de comparación. Así por ejemplo la conversación mantenida entre Gabo y el coronel de la Guardia Civil Varela sobre la droga y ETA además de muy interesante contiene en su decurso alusiones y referencias a películas muy conocidas (“El silencio de los corderos" al utilizar metafóricamente el nombre de Hanibal Lecter; “Psicosis” al nombrar a Norman Bates; “El exorcista" al evocar ese giro de cuello inolvidable; etc.). Otra muestra de este culturalismo cinematográfico puede observarse en los símiles que realiza entre la pareja de interrogadores policiales formada por el Dandy y el jefe Toni Pazos y parejas célebres del cinematógrafo (el Gordo y el Flaco,; Spencer Tracy y Katherine Hepburn; o Fred Astaire y Ginger Rogers)
Para finalizar
Pensaba, mientras leía con avidez esta novela, en lo mucho que, en cierto sentido, me recordaba a "Patria" de Fernando Aramburu [leer reseña aquí] por eso de haber convertido en materia de ficción a la banda ETA. Efectivamente ésta puede ser una clara semejanza entre ambas, si bien las diferencias son muchas, entre otras que mientras en Aramburu estamos dentro del propio pueblo vasco que vive la escisión entre etarras y no etarras, la novela de Benzo enfoca el conflicto desde la perspectiva de los policías destinados en el Norte. Se percibe aquí que la interrelación con los locales es pequeña, tan sólo algún ligue ocasional del Dandy o la visita del grupo de policías a algún bar a tomar copas y poco más. Por otra parte también podría considerarse la vida de Harri exiliado en Argelia, en Santo Domingo o en Colombia como la novelización de la vida de algunos etarras cuando acabó para ellos la acción directa, algo que en "Patria" no se aborda.
Evidentemente las diferencias referidas a estilo, intencionalidad, asuntos tocados, etc. son evidentes como corresponde a dos novelistas distintos en formación, en origen, en profesión..., o sea, prácticamente, diferentes en todo. A este respecto cabe señalar que al final de la propia ficción en una Nota del Autor, Fernando Benzo alude a haber estado destinado profesionalmente, durante algún tiempo ya lejano, en el Ministerio del Interior donde conoció de primera mano este tema así como a muchas personas que se enfrentaban directamente a él. Nombra a Pedro Gómez de la Serna con quien coincidió en dicho Ministerio y con quien años después, en 2001 concretamente, decidió "escribir un libro que recorrería las vicisitudes de la lucha policial contra el terrorismo desde los comienzos de la banda hasta aquel momento". Dicho libro no vio la luz por acuerdo de ambos dada la petición de confidencialidad de algunas personas. Con honestidad más que sobrada Fernando confiesa haber tomado algunos episodios policiales recogidos en ese libro nonato con el debido permiso del coautor.
Fernando Benzo:

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