Ella tenía 44 años, sufrió un ACV y, tras una operación, una muerte cerebral. Su familia, que conocía su sueño de donar los órganos, hizo todo lo posible para contactar a los médicos del Instituto de Ablación e Implante de Órganos y Tejidos de San Juan (Inaisa), con el fin de cumplir su deseo. Pero era fin de semana largo y nadie atendió el llamado. Finalmente, su corazón se detuvo 2 días después y así se terminó su chance de ayudar a otras personas a vivir. Los familiares decidieron hacer público el caso, que terminó dejando a la luz una queja que, según aseguraron desde el Inaisa, están elevando al Ministerio de Salud desde hace un año: la falta de personal. Ahora, piensan incorporar más gente que se encargue de la tarea de detectar a los donantes y de hacer llegar los órganos a quien los necesite.