Revista Opinión

Firmo desde el corazón

Publicado el 29 abril 2026 por Eduardlis Bárbara Cortellán Conesa @Eduardlis

Desde el 5 de Septiembre, esa trinchera de palabras, hoy no edito una nota informativa. Edito mi alma. Porque firmo —con todas las letras— por mi Patria.

Mi Patria es Cuba. No la Cuba de postal, sino la que duele y se levanta cada madrugada en el Malecón de Cienfuegos, la que respira salitre y resistencia. Por ella, por su belleza indómita, por sus valores que a veces parecen olvidados pero que laten en cada vecino que comparte el agua, firmo.

¿Y qué es firmar, para una periodista revolucionaria como yo? No es un aplauso complaciente. Es un acto de rebeldía amorosa. Es poner el nombre al pie de un compromiso que no caduca.

Firmo por la paz —pero la paz con dignidad, la que el imperio no entiende porque ese confunde paz con sumisión. Firmo por la solidaridad, esa ley primera de nuestra izquierda, esa que nos hizo enviar médicos a donde nadie iba y escuelas a donde apenas llegaban los mapas. Firmo por la justicia social, en tiempos de desigualdad trepidante.

Firmo por el derecho a nuestra autodeterminación. Porque aquí no decide Washington ni sus voceros de pacotilla. Decide este pueblo que ha resistido más de 60 años de bloqueo, que ha visto caer imperios y sigue en pie, con los pies mojados de agua de mar y la frente en alto.

Firmo por la libertad plena. Y ojo, que no me vengan con definiciones prefabricadas. La libertad para una revolucionaria no es el mercado ni el sálvese quien pueda. Es el derecho a decir la verdad —esa verdad que defiendo desde el periódico—, a disentir con respeto, a construir una democracia donde el pueblo no solo vote, sino que decida. Es la libertad que soñó el Che cuando habló del hombre nuevo. Es la que enseñó Fidel cuando dijo: «Revolución es sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que debe ser cambiado».

Y ahí está mi Comandante. Él vive por siempre entre los revolucionarios agradecidos. No lo digo por consigna: lo digo porque lo veo en cada joven que se queda a enseñar en la escuela de montaña, en cada obrero que inventa una pieza que no se consigue, en cada periodista de esta redacción que pelea por sacar un periódico digno con los pocos recursos que tenemos. El concepto de Revolución de Fidel no está en un marco: está en mis manos al escribir esta crónica.

Por eso firmo también por la hermandad entre los pueblos. Porque no hay Patria chica que sobreviva si se cierra al dolor ajeno. Mi Patria es Cuba, pero mi corazón es China, es África, es el mundo que lucha.

Soy periodista. Defensora de la verdad —esa verdad incómoda que a veces ni en la izquierda queremos escuchar—, pero verdad al fin. Y hoy, delante de todos mis compañeros, estampo mi firma. No es una rúbrica bonita. Es mi nombre, mis apellidos, mi carné de identidad, mi lealtad con mi Patria.

¿Que si es única e irrepetible? Sí. Como único e irrepetible es este momento en que Cienfuegos ilumina con su bahía y su periódico rebelde. Como única es la Revolución que nos parió —con luces y sombras, con avances y errores, pero siempre nuestra.

En fin firmo por los principios y valores que me niego a negociar.


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