Revista Cultura y Ocio

Flamenco Festival de Nueva York

Publicado el 17 marzo 2014 por Juliobravo

Flamenco Festival de Nueva YorkFui por primera vez al Flamenco Festival USA en Nueva York hace once años. Desde entonces he acudido a casi todas las ediciones de este certamen al que he visto crecer hasta consolidarse como una de las grandes citas del calendario en Nueva York, en cuanto a danza se refiere (no lo digo yo, son palabras del crítico del New York Times). La presencia en la edición de este año de nombres como Estrella Morente, Antonio Canales, Eva Yerbabuena, Israel Galván, Tomatito o Rocío Molina es suficientemente elocuente de la calidad que destila el festival, que se ha extendido desde entonces por todos los rincones del planeta, de Londres a Tokio, pasando por Moscú o Buenos Aires.

Este año, el certamen se ha superado a sí mismo: más de 100 artistas, 33 teatros, 24 ciudades, más de 70 representaciones, 80.000 espectadores... Actuaciones en espacios emblemáticos como el Carnegie Hall, el Lincoln Center o el New York City Center de Nueva York; el Symphony Center de Chicago o el Palace of Fine Arts de San Francisco. 


Son números que marean. Pero hoy no quiero hablar de cifras, ni siquiera de los resultados artísticos de los espectáculos que vi (lo hice ya en ABC*), sino del verdadero motor y alma del festival, que son las personas que en él trabajan; y me centro en las tres que más conozco: Miguel Marín, Belén Seoane y Belén Castres. A Miguel Marín lo conocí hace más de quince años, en una visita del Ballet Nacional de España a Nueva York; él estaba, creo recordar, ayudando al productor de la gira de la compañía. Volví a coincidir después con él en el Festival de Granada, con el que colaboraba ese año. Y ya, después, al frente del Flamenco Festival. He compartido con él muchas horas de charlas; es un verdadero emprendedor, en estos tiempos en que la palabra está tan de moda. Probablemente sea quien más haya hecho por el flamenco fuera de nuestras fronteras, precisamente porque ha sabido ver y explotar su potencial, porque posee don de gentes (es un relaciones públicas nato) y una incansable capacidad de trabajo. Tiene, además, criterio y valentía: artistas como Rocío Molina, Farruquito u Olga Pericet deben mucho a Miguel Marín.
Y él, a su vez, debe mucho a personas como Belén Seoane (¡¡Suerte!!) o Belén Castres (personalizo en ellas a todas las personas que han formado el equipo del festival desde su nacimiento), dos personas que, desde la producción y la producción técnica del festival respectivamente, contribuyen a que todo vaya bien durante su transcurso e intentan, desde la sonrisa y la eficacia, que los artistas se encuentren como en casa en cada uno de los teatros que actúan, los hoteles en que descansan o los aviones en los que viajan. Son -permitidme el tópico- dos verdaderos ángeles, los ángeles de Miguel. 


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