—¿Lo harías? —Se burló él—. ¿Y a qué se debe?
—Porque sin nuestra lengua, nos perdemos a nosotros mismos. ¿Qué somos sin nuestras palabras?
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—Alguien tiene que ser culpado. Alguien tiene que morir. Porque eso es lo que ocurre cuando la lógica de los hombres no puede explicar por qué una mujer vieja tiene la sangre de un inocente en sus manos, o por qué otra puede andar a través de los sueños de nuestra gente. Lo que no puedes entender, lo destruyes.
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Enlace a mi reseña del libro.