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Fucking Perfect, capítulo 15

Publicado el 11 mayo 2014 por Letrasconsaborachocolate
Fucking Perfect, capítulo 15

Capítulo 15"Freak Out"
Renata observó por el rabillo de la puerta entreabierta cómo James besaba lascivamente a Isabella, y cómo la mano de éste se cerraba entorno a uno de sus senos. A sus oídos llegó un gemido proveniente de los labios de su hija, en ese momento sintió que la sangre le hervía y tubo que morderse los labios para no entrar a la habitación gritando y exigiendo una explicación. Se sintió burlada y la rabia era tan fuerte dentro de ella que podía sentir las blasfemias formarse en su boca y sentir el ácido que las mismas destilarían cuando se atreviese a escupirlas; sentía la fuerte necesidad de irrumpir en la habitación y abofetear a su hija, pero simplemente se limitó a mirar la escena llena de rabia y repulsión.
No podía creer que James estuviese con esa inexperta chiquilla. Isabella, quien le había robado aquel cuerpo escultural del que era poseedora en tiempos de antaño, la juventud, la poca felicidad que sentía cuando estaba con James. La misma chiquilla culpable de que se hubiese casado con Charlie Swan y que su vida se hubiese vuelto aún más miserable.
Isabella Marie Swan Vulturi, su hija… y su enemiga.
—Vamos, nena —gimió James, bajando por su cuello y acomodándose en su entrada—. Necesito que vengas. Te necesito.
Isabella sabía cómo comportarse cuando estaba con James. Se mantenía inerte en la cama, haciendo movimientos mecánicos y gimiendo de vez en cuando para no recibir algún reclamo por parte de James ante su frialdad, anteriormente lo había hecho y los reclamos de su padre siempre iban acompañados de algún castigo físicos que marcaba su piel durante varias semanas.
—Tu piel es tan suave… tan hermosa —gimió James, besando el ombligo de Isabella—. Pronto los morados desaparecerán y tu piel será tan pálida como siempre, y podré divertirme marcándola nuevamente.
Ella se estremeció. Al parecer James había encontrado sumamente entretenido y divertido morder, pellizcar, y lacerar el desprotegido cuerpo de Isabella mientras la follaba duro. Cerró los ojos ante las oleadas de dolor que le provocaban los movimientos rítmicos y bruscos que hacían las caderas de su padre, se mordió el labio con fuerza para mantenerse callada y se esforzó por complacerlo.
Tan pronto como explotó en un fuerte orgasmo, James se precipitó a limpiarla con su lengua y luego poco a poco comenzó a liberarla. Él no estaba listo para terminar, sólo quería darle un poco más de movimiento para la siguiente posición, pero sus planes se vieron frustrados cuando Renata no pudo soportarlo más e irrumpió en la habitación con los ojos inyectados en sangre y llenos de rabia, centrándose en Isabella.
— ¡Tú! —siseó, dando un paso hacia la cama.
James suspiró, frustrado, y dejó caer al otro lado del cuerpo de su hija. Sabía que tarde o temprano se descubrirían las cosas y que lo hubiesen encontrado en pleno acto de perversión, lo excitaba en sobremanera. Sin duda alguna James era un hombre enfermo.
Isabella se sentó en la cama y se precipitó a cubrir su cuerpo desnudo. Las lágrimas picaban en sus ojos y sentía el nudo en su garganta, quería lanzarse a los pies de su madre y agradecerle por haber detenido esa tortura. Desde que James la había golpeado tan duramente, el sexo con él había pasado a ser una cosa terrible, él se aprovechaba y burlaba de ella de forma cruel y ruin; la penetraba aun cuando su cavidad estaba seca y se jactaba mordiendo sus pezones con extrema fuerza.
—Renata —sollozó Isabella, plantándose frente a su madre quien era un par de centímetros más alta que ella gracias a los tacos de infarto que calzaba.
—Maldita perra —gruñó Renata, alzando una mano y dejándola caer sonoramente sobre la mejilla ya enrojecida de su hija— ¡Eres una vil puta!
La fuerza del impacto hizo que Isabella se tambaleara hacia atrás y callera sobre su trasero adolorido por las fuertes nalgadas que James le propinó durante el acto.
—Escúchame —gimió Isabella, ilusa y tontamente esperanzada.
— ¡No tengo nada que escucharte! —gritó la aludida, dejando que la ira la llenara como lo había hecho segundos atrás— Eres una puta desvergonzada a la que no le importa fornicar con su padre. Siempre supe que eras una puta, pero nunca creí que llegaras a tal punto.
—Las cosas no son como lo imaginas —trató inútilmente de defenderse Isabella.
— ¿No? —preguntó, sardónica.
— ¡James me ha estado obligando a esto durante años! —gritó, poniéndose de pie— Él ha estado abusando de mí a tus espaldas.
Las lágrimas lavaban su rostro. Aún tenía la estúpida esperanza de que Renata, su cruel y despiadada madre, se compadeciera de ella y se pusiera de su parte. Una madre no podía ser tan malvada ¿cierto?
— ¿Y tú crees que voy a creerte eso? —rió Renata— James tiene todo lo que necesita conmigo, tú eres una jodida puta que se le metió entre los ojos.
— ¿Cómo puedes creer eso? —dijo Bella, entre hipidos.
Renata dejó caer una segunda bofetada contra la mejilla de su hija, sintiendo placer al infundirle dolor. Sintió que sus palmas eran poderosas y entonces se dejó llevar enteramente por la ira y el rencor acumulados contra Isabella, su hija, sangre y carne de ella misma.
{…}
—Hey, putita —dijo James, burlón.
Renata le dio un puntapié y luego soltó una carcajada.
— ¡Levántate, perra! —añadió, con voz fuerte y dura.
Tras tremenda paliza que Renata le había propinado a su hija, Isabella se encontraba tirada a mitad de su habitación con el cuerpo arañado y heridas abiertas. Todo su cuerpo dolía y el respirar le era dificultoso, llevar aire a sus pulmones era como lanzar dagas envenenadas a través de su garganta.
Poco a poco fue abriendo los ojos, su visión ennegrecida se fue aclarando mientras la conciencia venía a ella, trayendo con ella el dolor de la realidad.
— ¡Hasta que despiertas, cariño! —murmuró Renata, con amor fingido.
— ¿Qué? —susurró Isabella, tratando de ponerse de pie. Sintió que su cuerpo mallugado la recriminaba.
—Que te levantes, putita —susurró James, igualando el tono dulce de Renata.
La confusión invadía la mente de Isabella. Tenía pequeños flashes que le recordaban lo que había sucedido, pero todo se volvía increíblemente confuso cuando Renata se lanzaba sobre ella y comenzaba a golpearla. Se dio cuenta de que su cuerpo aún estaba desnudo y se precipitó a cubrir a medias su cuerpo.
—Quiero que te largues de mi casa —ordenó Renata.
Isabella se confundió aún más, no comprendía a ciencia cierta qué es lo que intentaba decir Renata con sus palabras.
— ¿No comprendes lo que estoy diciendo? —Preguntó Renata— ¡Lárgate de mi casa!
Se acercó a ella, la tomó del brazo con el menor tacto y comenzó a arrastrarla por la habitación hasta la puerta. Luego le dio un puntapié.
— ¡Vete! ¡No te quiero en mi casa! —Gritó.
Isabella, comprendiéndolo todo, se esforzó para ponerse en pie y enfrentarse a su madre. Sus piernas temblaban, igual que todo su cuerpo, pero su fuerza de voluntad y el rencor que explotó de pronto en su interior, la ayudaron a mantenerse en pie.
— ¡Esta también es mi casa! —gritó con todas sus fuerzas, pero aun así su voz sonó rasposa y queda.
—Me importa una reverenda mierda ¡Te largas de mí casa!
Renata se acercó nuevamente hacia ella, sin darle tiempo para reaccionar la tomó de los cabellos y comenzó a arrastrarla escaleras abajo.
—Te vas a ir y no volverás jamás ¿me escuchaste?
— ¡Tú no puedes hacerme esto, maldita! —gruñó Bella— James, James detén a tu estúpida mujer.
James observaba la escena desde lejos, regocijándose al ver como Renata hechaba a la calle a una Isabella desnuda.
— ¡Joder, James, ayúdame! —gritó Bella. Pero James no dijo ni media palabra.
Renata arrastró a Isabella hasta la puerta principal, tomó las llaves del auto de Bella, abrió la puerta y luego la arrojó a la calle.
—Toma tu maldito auto y lárgate de aquí —siseó Renata— ¡Y mantente lejos de mi hombre, maldita puta!
La puerta se cerró con un doloroso estruendo e Isabella no pudo hacer más que contemplar la puerta cerrada de su casa, con lágrimas lavándole el rostro mallugado. Aquella casa que había sido su refugio durante toda su vida, y ahora su propia madre la echaba porque le creía más a su estúpido amante que a ella. Sintió rabia en su interior y soltó un grito de frustración.
— ¡Jodida hija de puta! —gritó, aporreando la puerta.
Estaba desnuda frente a su casa, con heridas sangrantes en su cuerpo y una pequeña sábana, supuestamente blanca, cubriendo su lacerado cuerpo. Estaba llena de odio y rencor hacia su madre y hacia su maldito padre que no había movido ni un solo dedo para detener a Renata.
— ¡Eres una idiota si crees que ese maldito bastardo se quedará contigo! —continuó gritando, sabiendo muy bien que Renata la escuchaba— ¡El disfrutaba fornicando conmigo! —su tono se volvió sardónico y soltó una sonora carcajada— ¡Él volverá a mí, estúpida! Y te quedarás totalmente sola, maldita perra.
Las palabras de Isabella destilaban odio y rencor; sentimientos guardados en su pecho durante los últimos años de su vida. Se arrodilló y tomó las llaves de su auto.
"Eres libre." Canturreó una voz en su cabeza.
Isabella sonrió. Tenía razón. James no la sometería nunca más, él mismo le había dado la espalda, prefiriendo el maldito dinero de Renata. Un sentimiento totalmente desconocido la invadió. Se sentían como mariposas en su estómago que la hacían sonreír.
Felicidad.
Isabella se sentía feliz.

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