Pero no hay modo de decirlo, al menos
yo no encuentro la forma, ni la clave.
Y es que, si un cielo en el infierno cabe,
el sol también tiene los ojos llenos
de lágrimas de lluvia. Y son ajenos
al buen puerto los rumbos de la nave
que cruza con su estela, o vuelo de ave,
el cielo de mis días, los más buenos.
Con los ecos de tiempos ya pasados
me asalta, entre dos luces, como un fuego,
la alegría de su reminiscencia:
la belleza que aún veo en los alados
momentos de esplendor a los que llego
atravesando el mar de la paciencia.
(Imagen tomada de aquí)
