Revista Cultura y Ocio

Galería de favoritos 8 / Truman Capote

Por Calvodemora

Galería de favoritos 8 / Truman Capote
Fotografía: Arnold Newman

De Capote me gusta casi todo, incluso lo malo que hizo, visto en comparación con algunas otras cosas malas que hicieron otros, me parece maravilloso. De vivir ahora, aparte de estar pavoneándose en fiestas y en redes sociales, Capote sería un maestro del periodismo (se da por cierto eso) y un novelista de fuste, ambos oficios juntamente, uno añadido al otro hasta que no sepamos con seguridad dónde empieza uno o acaba el otro. Los malos imitadores (buenos hay legión) engolan el texto informativo (pues es información al fin y al cabo), lo endulzan o lo enturbian, le dan vuelo literario, que no es escribir bien, sino escribir como si estuviésemos en una clase de escritura creativa. Nunca he asistido a ninguna, pero imagino que forzarán la máquina (la posible máquina que los inscritos aporten al curso) y pedirán que el lenguaje sea una fiesta de los sentidos y todo eso. A mí me encanta Truman Capote porque escribe sin que se note mucho que está escribiendo. Lo sencillo, si la mirada que lo anima es escrupulosa y no se le escapa nada de interés, sólo lo es en apariencia. Menos es más, dicen ahora. Dios te da un don, dejó dicho, pero también un látigo. El placer y el dolor fueron siempre de su mano: buscaba indiferentemente uno u otro, sin saber cuál aparecería antes. Le gustaba aplicarse él mismo una dosis suficiente de padecimiento. De ahí provenía en ocasiones el talento.También su afición desmedida a rodearse de la crema de la sociedad, con la que rivalizaba en frivolidad y en descreimiento. Era una sociedad descreída la suya, la de los bailes de salón y las tertulias en las terrazas privadas. La decadencia, cuando se intima mucho con ella, acaba por hacernos insensibles a la divinidad. No se sabe bien cuándo Capote empezó a declinar. Uno declina sin proponérselo, no hay constancia, interviene el azar, también la desgana. Cuando uno deja de escribir, por las razones que sea, se hace a no hacerlo. Escribir es duro, no es la fiesta que se creen los que no lo han probado. Además Capote escribía sin esfuerzo, era una escritura plácida, a pesar de la dureza de lo narrado. Nunca la endulzó: hay poesía en toda, pero no había poesía mala, la que se advierte forzada, la incrustada a conciencia, con fuerza, con intención. Hace un par de veranos releí A sangre fría (probé a leerla en inglés y avancé hasta que me pudieron las ganas de saber más y abracé con gusto la traducción). Hay cientos de fotos de Capote. En muchas hace el payaso, es el personaje, no la persona, ni tan siquiera el autor. Hubo una película con Tobey Jones como Capote (le da un aire, es cierto) de la que no recuerdo casi nada. Quizá los coqueteos homosexuales, el oropel de las fiestas y su soledad, muy al final de su vida, metido en el delirio de los genios, borracho y hasta arriba de coca. 



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